El cabo Francisco Montes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, junto a los restos de uno de los dos trenes siniestrados en Adamuz. Cedida
Reportajes La "película de terror" del cabo Montes en las vías de Adamuz, donde auxilió a 50 pasajeros: "Había personas decapitadas""Me hinché de llorar al llegar a casa y no tengo pudor en decirlo".
"Hay que desechar esa imagen de que en Tráfico solo hay 'ponemultas'", subraya Francisco Montes, uno de los seis primeros guardias civiles que llegaron al siniestro de los dos trenes en Córdoba.
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Jorge García Badía Publicada 22 enero 2026 02:47hFrancisco Montes enterró a cinco compañeros cuando estuvo destinado en el Cuartel de Inchaurrondo, en los años más sangrientos de ETA, y desde que ingresó en la Agrupación de Tráfico en 1994, le ha tocado afrontar siniestros viales terribles, con fallecidos de todas las edades, incluido un bebé. El cabo Montes pensaba haberlo visto todo hasta este domingo, cuando un aviso de la central le instó a trasladarse a Adamuz, por un accidente ferroviario.
"Creíamos que había descarrilado un tren y la sorpresa fue encontrarnos dos trenes". "Vi cosas horribles, vi esparcidas extremidades de cuerpos, personas decapitadas....", según lamenta Francisco Montes, cabo de la Agrupación de Tráfico de Córdoba y que este domingo informó a la central de la Guardia Civil de que el aviso del 112 se quedó corto.
"No supieron que eran dos trenes hasta que llegamos mi compañero y yo". "Los trenes estaban separados por unos 500 metros de diferencia y la gente llamaba al 112 informando de un descarrilamiento, así que pensaban que los vagones eran de un mismo convoy. La gente llamaba despavorida no precisaba si viajaba en un Iryo o un Alvia".
- ¿Cuál es la imagen que no se puede quitar de la cabeza?
- Cabo Montes: La de un chiquillo, de 12 años, que iba desorientado, y no sabía dónde estaban sus padres. Estaba conmocionado y no sabía ni dónde estaba. Ese niño estaba ausente. Lo metimos en nuestro coche patrulla para que no viera el caos que había a su alrededor.
El cabo Montes aparece en este vídeo con la linterna.
Al cabo Montes lo ha visto toda España en uno de los vídeos que se han viralizado sobre esta tragedia ferroviaria. "Me grabaron con la linterna, caminando cerca del Iryo". Pero no tiene el vídeo ni le interesa buscarlo porque le duele recordar un servicio en el que ayudó a auxiliar a medio centenar de heridos, pero que se saldó con 43 fallecidos y 170 heridos.
"Me hinché de llorar al llegar a casa y no tengo pudor en decirlo", recalca. "Hay que desechar esa imagen de que en Tráfico solo hay 'ponemultas'. Yo soy una persona y tengo sentimientos. Si veo a la gente sufrir, yo también sufro. En la Guardia Civil estamos para muchas más cosas, para dar seguridad, para atender en accidentes, para ayudar al desarrollo de eventos deportivos, para asistir en carretera...".
Francisco Montes ingresó en el Instituto Armado en 1988, cumpliendo su "sueño" de la infancia: "Mi padre se dedicaba a la venta ambulante y me encantaba cuando veía a un motorista de la Guardia Civil. Además, me gustaban las motos, así que en mi juventud alterné los estudios de la oposición con un trabajo, en horario nocturno, como mozo de almacén".
Ese esfuerzo mereció la pena como así lo demuestra la hoja de servicio que atesora el cabo Montes a sus 63 años, con dos felicitaciones individuales; seis condecoraciones; como la cruz del mérito militar con distintivo blanco, la cruz a la constancia de oro, la cruz con distintivo blanco de la orden del mérito de la Guardia Civil, o sus cinco distintivos de mérito, uno de ellos por participar en el dispositivo de seguridad en la proclamación de Felipe VI.
Este domingo, cuando el cabo Montes se subió a su coche patrulla, a las dos de la tarde, lo hizo como siempre: para seguir dando lo mejor de sí mismo y honrar su uniforme. "La central nos participó que teníamos que acercarnos al pueblo de Adamuz". El reloj marcaba las 19.50 horas. "Lo que nos dijo es que se había producido el descarrilamiento de un tren".
En ese momento, su patrulla se encontraba a 35 kilómetros del aviso, en la autovía A-4, en sentido Madrid, junto a la cárcel de Alcolea, "Por el camino nos tuvieron que ir dando coordenadas porque la zona cero estaba cerca de la carretera comarcal CO-3001 y nos teníamos que meter por una pista forestal". "Llegamos a la zona cero a las 20.25 horas".
El tren de Iryo tras descarrillar, impactando contra un Alvia de Renfe. Reuters
- ¿Usted y su compañero fueron los primeros en llegar?
- Cabo Montes: No. En el mismo momento apareció otra patrulla de la Agrupación de Tráfico y dos compañeros de Seguridad Ciudadana ya estaban prestando auxilio a los pasajeros de un tren.
- ¿Cómo descubrieron que también había involucrado un segundo tren?
- Un señor vio los destellos de las luces de los coches patrulla y vino de la oscuridad, a lo lejos, dando voces. Nos dijo que había otro tren con muchos heridos y personas atrapadas. Nos explicó la escena dantesca que luego veríamos.
Primero nos encontramos el Iryo y a unos 500 metros estaba el Alvia, en un talud de unos tres o cuatro metros de profundidad. Ahí tenían que entrar los bomberos.
- ¿Qué hizo al comprobar que el siniestro ferroviario era uno de los más graves de la historia?
- Llamé a la central y les participé: no hay un tren, son dos.
La mente de un guardia civil está entrenada para mantener la calma y afrontar cualquier catástrofe y esta media docena de agentes, cuatro de Tráfico y dos de Seguridad Ciudadana, no perdieron un solo segundo. "Prestamos auxilio a unas 40 o 50 personas. Había un apeadero abandonado entre los dos trenes y formamos grupos de gente para llevarlos hasta allí porque era un sitio seguro".
El cabo Montes conduciendo una moto de la Agrupación de Tráfico. Cedida
La voz del cabo Montes se convirtió en el faro que guió a decenas de pasajeros que habían sobrevivido al siniestro ferroviario de Adamuz. "Por el camino, les iba diciendo que tenían que mirar al frente, que no podían mirar a la vía del tren para que no viesen a los fallecidos. '¡Por favor, no miren a la vía, miren al frente o a su derecha!'"
- ¿Qué decían los pasajeros?
- Todo el mundo caminaba en silencio y colaboraba. Estoy acostumbrado a ver siniestros viales con fallecidos, pero lo que vi la noche del domingo no lo he visto en mi vida. Me impresionaba lo que había allí.
- ¿Qué es lo que más le impresionó?
- Era un desastre. Una película de terror. Vi cosas muy desagradables y muchas a la vez. Había fallecidos, gente con amputaciones, personas decapitadas... A la misma vez, había heridos que iban desorientados, gente gritando para pedir auxilio... Me impresionaba ver a tantas personas sufrir y lamentarse. Hacía frío y era de noche. Era un cóctel de sensaciones.
El cabo Montes no se dejó dominar por las emociones porque había que ayudar sin dilación al mayor número posible de pasajeros y eran cientos. "Hasta que vinieron los refuerzos solo estábamos seis guardias civiles".
- ¿Y cómo se las apañaron?
- La colaboración ciudadana fue primordial. Lo que nos dio fuerzas fue ver a los vecinos de Adamuz y a su alcalde que empezaron a llegar con mantas y con agua, para ayudarnos.
Después llegó la caballería: dotaciones de bomberos, patrullas de la Policía Local, ambulancias... "Hubo guardias civiles que se desplazaron para trabajar, a pesar de que estaban de vacaciones o francos de servicio por ser domingo". De hecho, se movilizaron agentes destinados en otras provincias de Andalucía, como Sevilla o Jaén.
Entre esos voluntarios espontáneos, se encontraban el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, o Gonzalo, un vendedor de cupones de la ONCE, dispuesto a todo con su quad. "El ancho del camino no nos permitía meter un coche patrulla y un hombre que vino con su quad, nos ayudaba a transportar a heridos que no se podían mover", subraya el cabo Montes, como ejemplo de la colaboración que surgió entre agentes y vecinos para no verse superados por la "dramática" situación.
"Cuando llegaron los bomberos, los guardias civiles nos pusimos a ayudarles para cortar alambrada para liberar a gente".
- ¿Qué hacían los supervivientes que iban dejando en el apeadero abandonado?
- La gente se juntaba, estaban en grupo y se consolaban entre ellos hasta ser evacuados al polideportivo municipal de Adamuz. Tuvieron una conducta muy cívica.
El cabo Montes excedió su jornada aquella trágica noche y no le importó estar al pie del cañón del domingo 18 de enero al lunes 19. "Terminé dirigiendo el tráfico porque el trazado de la comarcal era estrecho, con curvas, y había que agilizar la entrada de vehículos de emergencias y la salida de ambulancias". El lunes no descansó y volvió por la tarde para seguir ayudando en la zona cero del cuarto mayor siniestro ferroviario de la historia de este país.
"Cuando vi de día los dos trenes, me di cuenta de la magnitud del accidente y me impresionó". "La noche del domingo no me paré a pensarlo por la adrenalina del momento". "No sé de dónde saqué las fuerzas, pero había que socorrer a la gente". Ese es el ADN que define a este cabo de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil que concede una entrevista a EL ESPAÑOL tras acabar su jornada de trabajo de este miércoles, una vez más, en la zona cero de Adamuz.
- ¿Qué hizo cuando llegó a su casa de madrugada tras el servicio del domingo: el peor de su carrera?
- Cabo Montes: No quise cenar, se me ocurrió poner la televisión y me inflé de llorar cuando lo vi todo. Me dormí porque me venció el cansancio. No haces borrón y cuenta nueva.