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La privacidad mental está en juego con el avance de los chips cerebrales, según José Manuel Muñoz, del Observatorio de Gobernanza de la Neurotecnología

La privacidad mental está en juego con el avance de los chips cerebrales, según José Manuel Muñoz, del Observatorio de Gobernanza de la Neurotecnología
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Las aplicaciones de neurotecnología se diseñaron para atender necesidades clínicas. No obstante, estos sistemas se integran cada vez con mayor frecuencia a la vida cotidiana, lo que implica nuevos riesgos de privacidad y seguridad.
Fernanda GonzálezNeurociencia3 de marzo de 2026Imagen conceptual de una aplicación de neurotecnología.Getty Imagesatender necesidades clínicas, un sector que, por su naturaleza, debe cumplir estrictas normas y regulaciones. No obstante, estos sistemas se integran cada vez con mayor frecuencia en la vida cotidiana mediante su incorporación en dispositivos de consumo, como wearables o gafas inteligentes, orientados a optimizar funciones cognitivas o ejecutar aplicaciones capaces de medir variables como el estrés y la calidad del sueño.

Adiós smartwatches: los wearables de nueva generación leen tu cerebroObservatorio de Gobernanza de la Neurotecnología (INEGOV) radica precisamente en atender ese vacío. Se trata de un proyecto con sede en Madrid y respaldado por el CINET cuyo objetivo es analizar tendencias regulatorias, identificar riesgos, detectar oportunidades y contribuir al desarrollo de marcos normativos frente al acelerado avance de las tecnologías de interfaz cerebro-computadora a escala global.

La iniciativa busca reunir dos o tres veces por año a los principales actores con capacidad de influir en el diseño de esquemas de gobernanza en torno a este sector emergente. “Pueden participar desde instituciones internacionales, representantes de la industria, científicos y miembros de la academia, hasta editores de revistas, pacientes y responsables de políticas públicas”, detalló Muñoz, también director de este organismo.

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Según el especialista, cada encuentro abordará una temática concreta vinculada con la regulación de estas herramientas, con el propósito de elaborar documentos de consenso que funcionen como marcos orientativos. La meta es desarrollar mecanismos de gobernanza que permitan a los distintos actores tomar decisiones informadas desde una perspectiva multidisciplinaria.

Muñoz considera que estos espacios de diálogo y las propuestas que de ellos se desprendan son fundamentales para mitigar los posibles riesgos derivados de la expansión de la neurotecnología. A su juicio, la mayor amenaza está relacionada con el uso indebido de los llamados “neurodatos”.

“Los neurodatos constituyen información extremadamente sensible y cada vez hay más estudios que demuestran que pueden ser reidentificables, incluso cuando se anonimizan los datos de las personas propietarias”, explicó. Añadió que esta información neuronal puede revelar mecanismos inconscientes no controlados por el paciente o el usuario, lo que abre la puerta a usos no autorizados. “Es decir, puedo consentir que mis neurodatos se utilicen con un fin específico, pero podrían emplearse posteriormente para otro propósito que desconozco”, advirtió.

Las dos caras de los neurodatos

El experto ilustró este riesgo con ejemplos en entornos cotidianos. En el ámbito laboral, diversas empresas ya utilizan cascos con electrodos de electroencefalografía (EEG) para medir niveles de fatiga, productividad y posibles riesgos de salud mental, como el síndrome de burnout o la depresión entre sus empleados.

Aunque Muñoz reconoce que estas herramientas podrían mejorar de forma significativa la salud ocupacional al facilitar intervenciones preventivas y optimizar el desempeño tanto del trabajador como de la organización, también advierte que los datos cerebrales podrían emplearse para discriminar, justificar despidos sin consentimiento o terminar en manos de aseguradoras, lo que plantea serios desafíos a la privacidad mental.

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En este escenario, Muñoz subraya que la protección de los neurodatos debe ser prioritaria en cualquier política relacionada con la neurotecnología, a fin de garantizar tanto la seguridad como el desarrollo responsable de estas herramientas. Señala que existe el riesgo de que surja un mercado no regulado, pero al mismo tiempo reconoce que la compartición internacional de datos cerebrales resulta clave para impulsar la investigación, tanto pública como privada.

“Los protocolos de intercambio de datos son estrictamente necesarios. Deben contemplar todo el ciclo de vida de los neurodatos, no solo el análisis, sino también la recolección, el almacenamiento y la eliminación. Es indispensable abordar su gestión de manera integral”, puntualizó.

En esta misión, el Observatorio de Gobernanza de la Neurotecnología se presenta como una plataforma singular al reunir voces provenientes de distintos sectores con capacidad para ampliar y enriquecer el debate. “Vamos a combinar eventos abiertos y cerrados. Nuestra voluntad es consolidar una iniciativa participativa, accesible a la comunidad y con diversidad de actores”, concluyó.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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