Jueves, 30 de julio de 2026 Jue 30/07/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

La Revolución francesa, contada como una novela romántica

La Revolución francesa, contada como una novela romántica
Artículo Completo 1,263 palabras
El historiador y escritor francés Jules Michelet creó 'Historia de la Revolución Francesa', considerada una obra maestra en la que fusiona pasión e historia. Leer
Lecturas esencialesLa Revolución francesa, contada como una novela romántica
  • JAUME AURELL
Actualizado 30 JUL. 2026 - 00:56Jules Michelet, retratado por Thomas Couture.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El historiador y escritor francés Jules Michelet creó 'Historia de la Revolución Francesa', considerada una obra maestra en la que fusiona pasión e historia.

El prefacio de Jules Michelet de 1847 a su Historia de la Revolución francesa debería ser un texto obligatorio para cualquier clase de Historia. Es uno de losautorretratos más ricos y sugerentes de un historiador que tenemos en la literatura de este género. Describe la actitud hacia un tema que pretende abordar de forma objetiva, pero que debe conciliar con toda la pasión que siente por él: "Me interrogo sobre mi enseñanza, mi historia y su todopoderoso intérprete: el espíritu de la Revolución. Entonces me dirijo al Campo de Marte, me siento sobre la hierba reseca e inhalo la fuerte brisa que sopla sobre la árida llanura. ¡El Campo de Marte! Este es el único monumento que ha dejado la Revolución".

Michelet expresa maravillosamente que en muchas ocasiones no basta la precisión documental para escribir un buen libro de historia. Él se alimenta no sólo de la documentación escrita, sino también de las improntas dejadas por otros aspectos, como en este caso la memoria de un lugar relevante de la historia que está contando.

Con frecuencia, amigos y conocidos me comentan que empezaron a abjurar de la historia porque tuvieron un mal profesor, que lo único que hacía era repetir los hechos del pasado como un loro. Tienen toda la razón. Más allá de la evidente necesidad de contar con una base documental rigurosa, la historia debe tener dos condiciones para atraer la atención de quienes la leen o la escuchan: la pasión de quien narra por el tema que está analizando y su capacidad de encontrar analogías entre el pasado y el presente.

Si Edward Gibbon se inspiró en su Decadencia y caída del Imperio Romano por la contemplación de las ruinas del Capitolio, la chispa creativa para la Historia de la Revolución francesa de Michelet surgió del Campo de Marte.

Esta es precisamente la fuerza que sigue teniendo hoy el tema de la Revolución francesa. No sólo ha tenido intérpretes formidables como Jules Michelet, Edmund Burke o François Furet, sino que además los historiadores han conseguido transmitir su presencia en el pasado. Por ejemplo, sabemos que la distinción entre izquierda y derecha surge de la Revolución francesa. También somos conscientes de lo que ha influido la tripleta de valores defendidos por los revolucionarios: libertad, igualdad, fraternidad. El segundo de ellos, por ejemplo, sigue dominando sin duda el gran debate de las ideas económicas que tenemos planteadas en la actualidad.

Esta capacidad de observar las huellas del pasado en lugares especialmente representativos de las historias que narran es una característica común a los autores de las obras históricas clásicas. La pasión de Michelet le deja margen para una descripción objetiva de la Revolución francesa, que ofrece a lo largo de todo el libro: "El advenimiento de la Ley, la resurrección del Derecho y la reacción de la Justicia". La fusión de pasión e historia que lleva a cabo Michelet contribuyó a la creación de una obra maestra tanto histórica como literariamente, que no estuvo exenta de controversia en su época debido a su anticlericalismo.

Jules Michelet es el historiador romántico por excelencia, como Edward Gibbon lo fue de la Ilustración. Michelet formó parte de una influyente generación de historiadores franceses -entre los que destacan Augustin Thierry, François-Auguste Mignet y François Guizot- que quedaron profundamente impresionados por la violencia de la revolución de 1789. Se encargó de idealizar la revolución de nuevo, asumiendo que el pueblo era el protagonista esencial de la historia, ya que había sido entronizado y legitimado por las revoluciones. Comparte con Gibbon sus cualidades literarias, pero añade un alto grado de pasión. Esto ha dañado la reputación de Michelet entre los especialistas, que lo consideran menos historiador que Gibbon, pero ha aumentado su fama entre el público.

Inspirado por Vico y el legado revolucionario, estaba convencido del papel del pueblo como agente histórico con personalidad propia, y tenía una visión de la historia como una larga lucha por la libertad contra la fatalidad. Defendió sus tesis, que oscilaban entre el sentimentalismo, la pasión y el anticlericalismo, con elocuencia y energía.

El populismo de izquierdas le debe mucho a su aproximación histórica. Pero cuando se leen a fondo sus libros, uno alcanza a comprender que la realidad del pasado que está narrando no es tan simple como un debate entre ricos y pobres, entre aristocracia y pueblo. Michelet consigue revivir las luchas revolucionarias que condujeron a una mayor igualdad, pero también nos hace ver sus contradicciones y dramas: nada de idealizaciones. De hecho, autores contemporáneos como Alexis de Tocqueville estaban dando una visión algo más matizada de la revolución, buscando un mayor posibilismo en sus aplicaciones políticas y sociales.

Su Historia de la Revolución francesa forma parte de su gran proyecto de Historia de Francia, aunque se publicó por separado. Se trata de un audaz intento de combinar motivaciones políticas con pensamientos filosóficos: este es el modelo que la historiografía romántica de fin de siglo utilizaría para defender las tradiciones nacionales.

El protagonista de la narración es el pueblo francés, que camina unido por un sentimiento colectivo compartido y una inspiración instintiva. Michelet nos marca el camino para comprender la compleja tarea de estudiar las transformaciones del espíritu popular y colectivo. Para ello, deben rastrear fuentes históricas que hasta entonces no habían sido privilegiadas, como el folclore y las costumbres, que él encuentra en todo tipo de archivos: desde los estatales hasta los de las prefecturas y los ayuntamientos.

Su obra sido calificada por François Furet como "lapiedra angular de toda la historiografía revolucionaria". Sin embargo, Michelet no utilizó la prosa histórica convencional, sino más bien la técnica de la novela romántica para describir la epopeya de la lucha del pueblo francés contra la tiranía y la injusticia. Junto a Walter Scott, son los pioneros de la novela histórica, que tanto fruto ha dado desde entonces. Sus narrativas nos hacen revivir el pasado, algo mas necesario que nunca en la actualidad.

Jaume Aurell es catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Navarra.

Ludwig Mies van der Rohe, el arquitecto del acero, del vidrio y del espacioFine Arts Paris, la feria de arte europeo más exclusivaEdward Gibbon y el eterno retorno de la caída de Roma Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir