- TOM BURNS MARAÑÓN
Si en próximas elecciones se observa el mismo fenómeno que se constató en Extremadura y que se espera en Aragón, entonces sí se podrá empezar a certificar que la política en España ha cambiado deliberadamente de signo. Se estará, nada más y nada menos, ante una Segunda Transición.
Si llegado el domingo las anticipadas elecciones autonómicas en Aragón confirman lo que han venido señalando los sondeos demoscópicos, el Partido Popular mantendrá más a menos intacto el grupo que tenía en el parlamento regional, el del Partido Socialista verá significativamente reducido el suyo y Vox, la tercera fuerza nacional, aumentará notablemente su representación en el espléndido Palacio de la Aljafería, sede de la Cortes en Zaragoza.
El resultado, por lo tanto, se parecerá como dos gotas de agua al de las elecciones autonómicas de diciembre, también anticipadas, en Extremadura.Ganará el partido que dirige Alberto Núñez Feijóo pero carecerá de una mayoría para gobernar en solitario. Una vez más, los electores habrán obligado al Partido Popular y a Vox a pactar programas de gobierno.
¿Es anecdótica cualquier clonación entre lo que se votó en Extremadura y lo que previsiblemente se votará en Aragón o, consumada la réplica, escala la derechista tendencia política resultante varios peldaños y se convierte en categoría?
La humanidad ha aprendido que cuando se repite rigurosamente un experimento en las mismas condiciones y el resultado del tanteo es el mismo se está ante una "ley científica". Si el voto en una región reproduce "genéticamente" el que ya se emitió en otra ¿qué significa esa equivalente voluntad electoral?
La aparente repetición en lo que eligen los votantes aragoneses y los extremeños no describe por sí sola una relación constante, universal y verificable entre dos fenómenos. En base solamente a estos dos resultados no se puede enunciar que el estancamiento de una derecha centrista, que el hundimiento de la izquierda y que el auge de una desacomplejada derecha conservadora representan una "ley científica" aplicable a toda España.
Pero en este caso la similitud entre lo votado en un lugar y en otro marca la misma tendencia que ilustran las encuestas sobre la intención del voto nacional. Y se ha de tener en cuenta que Aragón, al abarcar una vibrante urbe y muchos páramos de la España abandonada y vaciada, es un microcosmo del país. El viejo Reino es una España a escala reducida.
Como cruce de caminos entre Madrid y Barcelona, Valencia y Bilbao, Zaragoza ha sido desde hace tiempo el laboratorio que utilizan las empresas para testear la aceptabilidad de sus nuevos productos en el conjunto de España. Y lo que ocurre con la mercancía que se expone en una estantería sucede en la urna que recibe los votos.
Los analistas políticos consideran que Aragón es electoralmente en España lo que en Estados Unidos se conoce como un weather vane state, un estado veleta tipo Ohio o Florida que sirve para modelar lo que será el resultado de las presidenciales norteamericanas. Lo que se vota en estas circunscripciones electorales, también llamadas swing states porque el voto oscila, decide quien ocupará la Casa Blanca.
Es por eso por lo que en Aragón suele gobernar el Partido Socialista cuando gobierna en el resto de España y el Partido Popular cuando sus dirigentes se sientan en el banco azul del Congreso de los Diputados. En 2023 el Partido Popular ganó las elecciones generales y también las autonómicas en Aragón.
Por lo tanto la repetición del voto extremeño en las elecciones aragonesas del domingo todavía no establece lo que se denomina una "ley científica" pero avanza hacia esa categoría de certidumbre. Para que lo alcance se requiere una prolongada reincidencia, es decir, más "experimentos", léase procesos electorales, que produzcan idénticos resultados. Habrá que esperar a que se celebren las elecciones autonómicas en Castilla y León en marzo y las andaluzas en junio.
Cambio de signo
Si en esos dos futuros procesos se observa el mismo fenómeno que se constató en Extremadura y que se espera en Aragón, entonces sí se podrá empezar a certificar con la nitidez de una fórmula matemática que la política en España ha cambiado deliberadamente de signo. Se estará, nada más y nada menos, ante una Segunda Transición. Se habrá verificado la constancia de un fenómeno político que marca un antes y que rotula un después que es emocionalmente distinto a lo que era la situación anterior.
Lo de "antes" era que el Partido Socialista, formación progresista y buenista, era el partido natural de Gobierno y la elección preferida en la mayoría de los sufragios. Por ello ha gobernado, con tres presidentes distintos, a lo largo de nueve de las quince legislaturas en el actual periodo constitucional y parlamentario. El "después", es decir lo de ahora y lo de en adelante, es que la derecha, el Partido Popular y Vox, ha tomado la sartén por el mango. España ha dejado de ser socialista. Cúlpese al zapaterismo y al sanchismo y a cuantos se subieron a esos carros.
Esta no es un boutade más, una aserción con ánimo de epatar. Es la conclusión que cabe extraer de la votación en ese feudo socialista que fue Extremadura, en la que se prevé en la veleta comunidad aragonesa y en la que se augura en los siguientes procesos electorales. Se ha configurado una pauta política que se manifestará con creciente claridad según se acerque la fecha del fin de la actual legislatura y, por fin, la convocatoria de elecciones generales.
Vox, que es una escisión del Partido Popular, ya no canibaliza el voto del centro derecha. Eso ya lo hizo en sus principios. Ahora, guste o no, crece notablemente porque atrae a su plataforma conservadora , o "patriótica" como le gusta decir, a votos que pertenecieron a la apatía, a la abstención, a la izquierda y a los votos de nuevas generaciones que se mantenían más bien al margen de la política.
La movilización que ha logrado Vox en España es distinta a la de otros partidos de parecidos principios nacionalistas en Europa. El de más solera de ellos que es el Rassemblement National de Marine le Pen ha desplazado a la derecha gaullista, Alternative für Deutschland le pisa los talones a los cristianodemócratas alemanes y los Fratelli d'Italia de Giorgia Meloni ya remataron del todo a la democracia cristiana transalpina. En España, por el contrario, Vox sube pero, lejos de desaparecer, el Partido Popular aguanta el tirón.
El fenómeno político de una imparable derechización a costa de una "vieja política" se da también en Reino Unido donde Nigel Farage, el populista campeón de los euroescépticos que hoy está al frente de un nuevo partido nacionalista y antinmigración llamado Reform, le tiene preparada una auténtica masacre a los partidos de toda la vida, el Conservador y el Laborista.
El aumento del voto de Vox y, sobre todo, su procedencia constituyen el principal significado de esta serie de elecciones autonómicas que se han adelantado a las generales. El patrón se irá repitiendo en todas ellas y se convertirá en "ley" incontrovertible que permitirá predecir, sin riesgo de equivocación, lo que, al menos en el medio plazo, va a ocurrir cada vez que, fuera de Cataluña y el País Vasco, se celebre un proceso electoral en España.
El sentido común
Según la derecha lo que va a suceder y está sucediendo ya es que España recupera el sentido común y le da la espalda al Partido Socialista. Al afirmarlo la derecha puede citar las "leyes científicas" que establecen qué va a suceder.
De acuerdo con tal irrefutable predicción, la foto fija de la política en España es la siguiente: el Partido Popular ha tocado su techo electoral y seguirá siendo la mayor, aunque no la mayoritaria, fuerza política española; se hunde el suelo electoral del Partido Socialista que es el adversario del Popular como partido de gobierno; Vox, formación a la derecha del Partido Popular, acorta distancias con los dos partidos "dinásticos" que emergieron en la transición política hace medio siglo; la izquierda del Partido Socialista pasa a ser muy minoritaria e irrelevante.
Hasta aquí bien pero los sabios advierten que el recurso a un procedimiento "científico" solo vale para establecer ese qué que va a ocurrir. La "ley" no sirve para explicar el porqué de lo ocurrido.
Huelga decir que este motivo es lo que interesa a los que piden el voto y a los que lo otorgan introduciéndolo en la urna. Para ello se ha de echar mano a las teorías y estas pertenecen a un terreno distinto al de los preceptos que establecen la repetición verificada de unas acciones. La pregunta que concierne tanto a unos como a otros es por qué se ha llegado al actual muy claro punto de inflexión que marca un antes y un después. La respuesta no tiene vuelta de hoja, las teorías abundan pero hay una en particular que sobresale a las demás.
José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, revanchistas ambos que polarizan y crispan, cavaron la hecatombe del Partido Socialista al anteponer su corrompido interés de supervivencia al de cualquier política moderadamente social demócrata y vertebradora de la nación.
Sánchez se subió a los hombros de Zapatero para traspasar esa sacrosanta y constitucional línea roja que la ciudadanía pinta en su perímetro como pueblo que es de hombres y mujeres libres e iguales. Ese rupturismo explicó el resultado electoral en Extremadura, ilustrará el de las elecciones del domingo en Aragón e instruirá las que se celebrarán a continuación. Se está ante una Segunda Transición.
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