Siempre me ha reconfortado la forma en que el verano se empeña en repetirse. Cada año regresamos a los mismos rituales con una disciplina litúrgica. El verano es memoria, y la memoria se nutre más del peso sostenido de la repetición que de la punzada puntual de lo extraordinario. Al verano le pedimos que los días se parezcan lo suficiente como para hacernos olvidar dónde termina uno y dónde empieza el siguiente. No saber si es jueves o domingo, no saber si aquello ocurrió en 2012 o 2015.
Pero el verano conserva hábitos de los que nos gustaría prescindir, como los incendios y el desastre estacional que los acompaña: Óscar Puente. El pasado agosto nos legó su célebre "en CyL está calentita la cosa", escrito mientras las llamas arrasaban el Bierzo. Ayer, viendo cómo ardían Ávila y Madrid, escribió: "Tenemos todos claro que la UME es ya el nuevo servicio de extinción de incendios de las comunidades autónomas gobernadas por el PP. Ellos reducen impuestos a los ricos, jibarizan los servicios públicos y luego le piden al gobierno que les resuelva la papeleta".
Su lógica es sencilla y por eso funciona tan bien en tiempos de trincheras: si una comunidad gobernada por el PP necesita la UME es porque antes prefirió bajar impuestos que financiar unos servicios de extinción suficientes. Así, el incendio deja de ser una desgracia para convertirse en la prueba moral de que la derecha recibe el castigo de sus propias políticas.
Cuando un ministro ridiculiza a una región por solicitar la intervención de la UME no está afrentando a su presidente, sino a sus ciudadanos. No es Ayuso quien pide auxilio al Estado. Somos los madrileños quienes activamos, a través de nuestras instituciones, un servicio público que financiamos con nuestros impuestos.
La UME no es un juguete del Gobierno. No nos la prestan, es nuestra. Y aun conociendo el afán que tiene en el entorno de Sánchez de apropiarse de lo ajeno, sería de agradecer que no se apropiaran de lo que es todos. Al gobierno, y en especial al ministro Puente, les pido contención, cooperación y que traten la UME como Zapatero sus joyas: sin afán patrimonial.