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Las elecciones provocan incertidumbre sobre la cúpula de Telefónica

Las elecciones provocan incertidumbre sobre la cúpula de Telefónica
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La convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre pone súbitamente sobre la mesa la posibilidad o no de la continuidad en sus cargos de los directivos que han sido aupados al poder a lo largo de los años de dominio del Ejecutivo por parte de la coalición de Gobierno liderada por el PSOE. Leer
Empresas TelecomunicacionesLas elecciones provocan incertidumbre sobre la cúpula de Telefónica
  • IGNACIO DEL CASTILLO
Actualizado 5 OCT. 2026 - 12:17Marc Murtra, presidente ejecutivo de Telefónica.JMCadenasEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

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La convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre pone súbitamente sobre la mesa la posibilidad o no de la continuidad en sus cargos de los directivos que han sido aupados al poder a lo largo de los años de dominio del Ejecutivo por parte de la coalición de Gobierno liderada por el PSOE.

Eso siempre en el caso de que, tras las elecciones, el Partido Popular esté en condiciones de formar Gobierno. Y uno de los casos más notorios entre esos directivos, por la importancia estratégica de la empresa que preside, es el de Marc Murtra, el presidente ejecutivo de Telefónica. Murtra llegó a la presidencia de Telefónica el 18 de enero de 2025, hace ahora un año y nueve meses.

Dilucidar ahora si Murtra está en la presidencia de Telefónica por sus vínculos con el PSOE o por mejor decir, con el PSC, es mucho menos importante que valorar qué es lo que se considera al respecto en los cuarteles generales del PP y de Vox. Y en ellos parece que hay consenso a la hora de situar al directivo catalán como cercano al socialismo. Incluso la escenificación del proceso de "destitución" de su antecesor, José María Álvarez-Pallete, llamado a Moncloa por el director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, Manuel de la Rocha, abona la tesis de que se trató de un cambio político, como incluso se corroboró desde los medios más cercanos al Gobierno socialista en esas fechas. Desde ese punto de vista -y siempre en la hipótesis de un Gobierno liderado por el PP- la continuidad de Murtra parece difícil.

Hay que tener en cuenta que el Estado -o sea el Gobierno- es el primer accionista de Telefónica con un 10%, y que, además, debería contar con el apoyo implícito de la teleco saudí STC, que tiene una participación similar y que junto con el otro 10% que acumula la catalana Criteria Caixa forma el núcleo duro más sólido que ha tenido Telefónica desde su privatización total durante el Gobierno de Aznar. Ese núcleo duro del 30% del capital es tan dominante que le proporciona casi automáticamente la mayoría en la junta de accionistas, teniendo en cuenta el quorum que suele reunir la operadora.

Y es por esa composición accionarial por la que, una vez que la Sepi estuviera controlada por el PP, y con la más que previsible alineación de los saudíes con el Gobierno de turno, la balanza se podría inclinar a favor de una sustitución en la cúpula de la operadora incluso a pesar del previsible apoyo a Murtra por parte de Criteria Caixa. Hay que tener en cuenta que el actual presidente de Telefónica fue renovado en abril de 2025 como patrono de la Fundación Bancaria La Caixa -la entidad propietaria de CriteriaCaixa- y mantiene una excelente relación con Isidro Fainé, el máximo responsable del conglomerado financiero y empresarial catalán.

Lo que se ha hecho y lo que no

Pero a la hora de evaluar la trayectoria de Marc Murtra como presidente de Telefónica durante estos 21 meses, los argumentos profesionales también adquieren importancia.

Además de lo que se ha hecho bajo su liderazgo, es importante considerar lo que no se ha hecho. Y uno de los mayores entorchados de profesionalidad que puede exhibir la gestión de Murtra es no haber cedido a las presiones monclovitas para generar "Telepedro", es decir, la cadena de televisión en TDT llamada a favorecer los intereses del Gobierno del PSOE que ha acabado cristalizando -aunque con mucho retraso ante la negativa de Telefónica-, en la creación de La Séptima.

Para una compañía con el balance de Telefónica hubiera sido relativamente sencillo crear, a partir de Movistar+, una televisión escorada editorialmente a favor del Ejecutivo. Movistar+ se creó sobre la estructura tecnológica y los recursos de Digital+. A decir, de un antiguo directivo del grupo, Telefónica hubiera podido lanzar al aire una televisión completa en cuestión de semanas ya que tiene estudios, platós, continuidad y todos los recursos necesarios para hacerlo de inmediato.

Además, aunque el negocio de la televisión es muy caro, el modelo de televisión eminentemente política que posteriormente se ha visto que va a ser La Séptima, es mucho más barato, porque se trata de inundar la parrilla con tertulias de "infotainment" donde el recurso principal, el "tertuliano" es barato. Y si a eso se le suma que, en línea con la estrategia de ocupación total de las instituciones, muchas de las empresas controladas por el Gobierno o dependientes de él estarían dispuestas a ser generosas publicitariamente con el nuevo canal -que podría haber tenido una audiencia importante, como está demostrando TVE con la televisión políticamente más escorada a favor del Gobierno de la historia de la democracia- , los previsibles números rojos de la aventura televisiva de Telefónica podrían haber sido lo suficientemente modestos como para disimularse en el importante balance del grupo de telecos.

Javier de Paz

Y eso que durante algunos meses muchos creyeron que el nombramiento de Javier de Paz -el íntimo amigo de Zapatero- como presidente de Movistar+ suponía la antesala de un movimiento de alineación de la televisión de la operadora con el Gobierno. Esa presencia de De Paz, que aparece en las investigaciones del juez Pedraz en torno a los negocios del ex presidente del Gobierno y de la consultora Análisis Relevante, juega, sin embargo, como un debe en contra de la independencia de Murtra, a pesar de que el directivo leonés fue escogido como consejero por César Alierta -y mantenido por Álvarez-Pallete- y lleva en la compañía desde 2007. Pero ha sido este equipo gestor el que sacó a De Paz del consejo y el que acaba de sacarle también de la presidencia de Movistar+ por el expeditivo método de suprimir el consejo de marras.

La gestión

Si hay que observar la trayectoria de Murtra no por quien le nombró sino por lo que ha hecho con el cargo, la elección de Emilio Gayo como consejero delegado juega también en el haber de una gestión profesional ajena -en la medida en que cualquier empresa regulada puede serlo- a la política. Gayo es un directivo de larga data en Telefónica, con más de dos décadas en la compañía -se incorporó en 2004- y una gestión exitosa demostrada en la trayectoria positiva que Telefónica España ha experimentado en los últimos años desde que él se puso al frente en 2018.

Decisiones

De la misma forma, a decir de los analistas, la gestión de Murtra ha tenido la virtud de tomar decisiones dolorosas que habían sido largamente postpuestas por el equipo gestor anterior. Cuando los inversores se rasgan las vestiduras con la evolución bursátil de Telefónica y la mala aceptación de su plan estratégico presentado en noviembre de 2025, se obvia el hecho de que el llamado "plan estratégico" fue más bien, casi un "plan de reconversión" porque a los inversores se les vino a decir que las proyecciones de flujos de caja que se habían avanzado tres años antes no se iban a cumplir y, por tanto, era necesario partir de otros supuestos y recortar a la mitad el dividendo. O sea, un "profit warning" en toda regla.

Hay quienes no valoran la importancia de haber logrado imponer un recorte de dividendo, después de que el Gobierno se acabara de gastar casi 2.300 millones de euros en construir ese paquete del 10% y sabiendo que el de Telefónica es una de las fuentes principales que alimentan la obra social de la Caixa, pero lograr que la operadora dejase de pagar un dividendo por encima de sus posibilidades ha sido uno de los puntos clave para poner las bases de una potencial recuperación de la teleco.

De la misma forma hay que considerar valiente la decisión de acometer una salida total y acelerada de las posiciones de Telefónica en Latinoamérica. Aunque haya quien recuerde que en la construcción de ese imperio latinoamericano la operadora invirtió muchas decenas de miles de millones de euros a lo largo de dos décadas, la realidad es que la situación competitiva de las filiales de Telefónica en la zona se había deteriorado drásticamente. Cuando en 2019, la Telefónica de Álvarez-Pallete decidió que había que acabar con la exposición a Hispanoamérica, e inmediatamente después la pandemia del Covid-19 hizo imposible la venta, la decisión de cortar de golpe las inversiones en esos países provocó -junto con la entrada de nuevos y agresivos operadores tipo Digi en la mayoría de los mercados y una casi inexistente seguridad jurídica y cambiaria en la región- un deterioro competitivo que cinco años después, en 2025, había llegado ya probablemente a un punto de no retorno.

Es verdad que, para esas dos decisiones -cortar el dividendo a la mitad y condicionarlo a futuro a la generación de caja, y salir a toda velocidad de Hispanomérica- ha sido determinante que Murtra contase con la complicidad del núcleo duro del consejo, con un respaldo contundente del 30% del accionariado que su antecesor no llegó ni a soñar. Pero eso no invalida que las dos decisiones hayan sido necesarias y oportunas.

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Fuente original: Leer en Expansión
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