La borrasca Leonardo poco a poco comienza a desvanecerse de los mapas, dejando a su paso principalmente alertas por fuertes racha de viento en ciertas regiones de Andalucía. El problema es que su huella en el terreno apenas está empezando a mostrar su verdadera dimensión, puesto que el principal peligro es que aunque comiencen a bajar las precipitaciones, el agua sigue subiendo en los ríos. Y esto nos da pie a las temidas inundaciones que ya ha provocado numerosos desalojos.
La saturación extrema. Para entender por qué autoridades y la AEMET mantienen el nivel 2 de emergencia y avisos rojos pese a las treguas en las precipitaciones, hay que mirar bajo nuestros pies. El suelo funciona, en condiciones normales, como una esponja capaz de retener grandes volúmenes de agua. Sin embargo, tras semanas de precipitaciones constantes, Andalucía ha alcanzado su punto de saturación.
De esta manera, el terreno no soporta más agua, por lo que aumenta el coeficiente de escorrentía en todo el territorio. Esto quiere decir que cada litro nuevo que cae, por pequeña que sea, apenas se va a filtrar por la tierra. El resultado es que va a correr por la superficie convirtiendo laderas y montes en toboganes gigantes hacia los ríos.
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Aumento del cauce. Esta es la razón por la que 14 ríos se encuentran hoy en aviso rojo y otros 31 en naranja. Ríos como el Guadalete, el Genil, el Guadiaro y el Guadalhorce no están respondiendo solo a la lluvia de hoy, sino a la incapacidad de la cuenca para drenar lo acumulado en las últimas 48 horas.
Un ejemplo lo tenemos en Huétor Tájar en Granada, donde el río Genil desbordó haciendo el pueblo entero se convirtiera en un gran lago. Y este es el principal riesgo al que nos enfrentamos pese a que las precipitaciones comienzan a reducir su intensidad.
Los embalses. El otro gran frente de esta crisis es la ingeniería hidráulica. Los embalses actúan como amortiguadores durante las crecidas, reteniendo el agua para evitar que arrase las poblaciones aguas abajo. Pero Leonardo ha conseguido terminar de llenar estos embalses hasta sus límites máximos.
Esto ha obligado a tener que iniciar desembalses técnicos con cantidades de agua que van en aumento para evitar roturas o desbordamientos descontrolados de las presas. El problema es que hacerlo inyecta más caudal a unos ríos que ya van al límite de su capacidad, haciendo que se mantenga en vilo a poblaciones como Ubrique o las zonas bajas del Guadalquivir.
Sierra Nevada. La gravedad en la cuenca del Genil no se basa únicamente en las precipitaciones, sino en la termodinámica. Leonardo no es una borrasca fría de origen polar, sino una borrasca atlántica cargada de humedad que está provocando que la nieve acumulada en semanas anteriores se derrita a una alta velocidad. El resultado aquí está claro: un mayor cauce en los ríos que drenan la Sierra que se une a todos los factores que hemos comentado antes.
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Desprendimientos. Para las próximas horas, además del aumento del cauce de los ríos, hay que tener muy presente también el riesgo de deslizamiento de ladera. En estos casos la saturación de agua aumenta el peso del terreno y reduce la fricción interna que tiene. Esto se traduce en un mayor riesgo de desprendimiento en carreteras y taludes, algo que sobre todo se puede dar en zonas de sierra como la de Cádiz o la Axarquía malagueña.
Más lluvias el sábado. Ante un suelo desbordado lo último que se quiere es recibir más lluvias. Pero la realidad es que este mismo sábado entra una nueva borrasca que ya ha activado una alerta naranja en una región que ha sido muy castigada por Leonardo como es Grazalema. En este caso se esperan nuevamente acumulados de hasta 80 litros por metro cuadrado que puede agravar aún más la situación que se está viviendo.
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Las lluvias más brutales en la historia de Andalucía ya han terminado. Ahora empiezan los verdaderos problemas
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Xataka
por
José A. Lizana
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Las lluvias más brutales en la historia de Andalucía ya han terminado. Ahora empiezan los verdaderos problemas
Las lluvias en Andalucía comienzan a dar tregua, pero sus consecuencias no
La borrasca Leonardo poco a poco comienza a desvanecerse de los mapas, dejando a su paso principalmente alertas por fuertes racha de viento en ciertas regiones de Andalucía. El problema es que su huella en el terreno apenas está empezando a mostrar su verdadera dimensión, puesto que el principal peligro es que aunque comiencen a bajar las precipitaciones, el agua sigue subiendo en los ríos. Y esto nos da pie a las temidas inundaciones que ya ha provocado numerosos desalojos.
La saturación extrema. Para entender por qué autoridades y la AEMET mantienen el nivel 2 de emergencia y avisos rojos pese a las treguas en las precipitaciones, hay que mirar bajo nuestros pies. El suelo funciona, en condiciones normales, como una esponja capaz de retener grandes volúmenes de agua. Sin embargo, tras semanas de precipitaciones constantes, Andalucía ha alcanzado su punto de saturación.
De esta manera, el terreno no soporta más agua, por lo que aumenta el coeficiente de escorrentía en todo el territorio. Esto quiere decir que cada litro nuevo que cae, por pequeña que sea, apenas se va a filtrar por la tierra. El resultado es que va a correr por la superficie convirtiendo laderas y montes en toboganes gigantes hacia los ríos.
Aumento del cauce. Esta es la razón por la que 14 ríos se encuentran hoy en aviso rojo y otros 31 en naranja. Ríos como el Guadalete, el Genil, el Guadiaro y el Guadalhorce no están respondiendo solo a la lluvia de hoy, sino a la incapacidad de la cuenca para drenar lo acumulado en las últimas 48 horas.
Un ejemplo lo tenemos en Huétor Tájar en Granada, donde el río Genil desbordó haciendo el pueblo entero se convirtiera en un gran lago. Y este es el principal riesgo al que nos enfrentamos pese a que las precipitaciones comienzan a reducir su intensidad.
Los embalses. El otro gran frente de esta crisis es la ingeniería hidráulica. Los embalses actúan como amortiguadores durante las crecidas, reteniendo el agua para evitar que arrase las poblaciones aguas abajo. Pero Leonardo ha conseguido terminar de llenar estos embalses hasta sus límites máximos.
Esto ha obligado a tener que iniciar desembalses técnicos con cantidades de agua que van en aumento para evitar roturas o desbordamientos descontrolados de las presas. El problema es que hacerlo inyecta más caudal a unos ríos que ya van al límite de su capacidad, haciendo que se mantenga en vilo a poblaciones como Ubrique o las zonas bajas del Guadalquivir.
Sierra Nevada. La gravedad en la cuenca del Genil no se basa únicamente en las precipitaciones, sino en la termodinámica. Leonardo no es una borrasca fría de origen polar, sino una borrasca atlántica cargada de humedad que está provocando que la nieve acumulada en semanas anteriores se derrita a una alta velocidad. El resultado aquí está claro: un mayor cauce en los ríos que drenan la Sierra que se une a todos los factores que hemos comentado antes.
Desprendimientos. Para las próximas horas, además del aumento del cauce de los ríos, hay que tener muy presente también el riesgo de deslizamiento de ladera. En estos casos la saturación de agua aumenta el peso del terreno y reduce la fricción interna que tiene. Esto se traduce en un mayor riesgo de desprendimiento en carreteras y taludes, algo que sobre todo se puede dar en zonas de sierra como la de Cádiz o la Axarquía malagueña.
Más lluvias el sábado. Ante un suelo desbordado lo último que se quiere es recibir más lluvias. Pero la realidad es que este mismo sábado entra una nueva borrasca que ya ha activado una alerta naranja en una región que ha sido muy castigada por Leonardo como es Grazalema. En este caso se esperan nuevamente acumulados de hasta 80 litros por metro cuadrado que puede agravar aún más la situación que se está viviendo.