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Llevamos siglos leyendo a filósofos de Occidente y Asia en busca del secreto de la felicidad. Resulta que lo tenían los aztecas

Llevamos siglos leyendo a filósofos de Occidente y Asia en busca del secreto de la felicidad. Resulta que lo tenían los aztecas
Artículo Completo 1,372 palabras
Cada curso Lynn Sebastian Purcell, profesor de filosofía, repite el mismo experimento. Tras repasar el pasaje de la 'Odisea' en el que Ulises renuncia a una vida eterna de placeres junto a la ninfa Calipso para buscar a su mujer y a su hijo, el profesor presenta un dilema a sus alumnos: ¿Cuántos harían lo mismo que el rey de Ítaca? "¿Cuántos de ustedes rechazarían la inmortalidad y una existencia placentera con la condición de no volver a ver a su familia y seres queridos?", lanza desafiante Purcell al aula. La respuesta es siempre la misma: nadie. La 'Odisea' es un poema épico que conecta con la tradición grecolatina, pero en realidad ese pasaje en concreto sobre Ulises resume bien la filosofía vital de una civilización que vivió a miles de kilómetros del mar Jónico: la azteca. Objetivo: la felicidad. No sé exactamente quién eres, pero es bastante probable que tú, yo y las más de 8.000 millones de personas que compartimos este mundo coincidamos en que es deseable tener una vida feliz. ¿Lógico, no? La felicidad es una de esas pepitas de oro que la filosofía lleva siglos buscando.  Lo hacía en tiempos de Epicuro y lo hace en nuestros días. De hecho uno de los tratados más famosos de Bertrand Russell, celebérrimo filósofo del siglo XX, lleva por título una frase que es toda una proclama: "La conquista de la felicidad". La lección de Ulises. Una cosa es sin embargo aspirar a la felicidad y otra distinta decidir cómo alcanzarla o incluso qué es exactamente la felicidad. Es ahí donde resuena con fuerza el pasaje de la 'Odisea' de la ninfa Calipso. Si se trata solo de buscar la dicha, Ulises ya la tenía, ¿no? Si coincidimos en que el objetivo es ser felices (sin más), ¿no es un buen panorama pasar una vida eterna, libre de enfermedades y privaciones, conviviendo con una diosa en una lejana isla paradisíaca? ¿Por qué decide Ulises volver al mar… y sus penurias? "Que valga la pena". La actitud de Ulises (igual que la de los alumnos de Purcell) conecta de lleno con una ética filosófica que durante décadas ha pasado desapercibida en Occidente: la de los aztecas precolombinos. Para ellos, recuerda el profesor, lo que realmente busca la humanidad no es tanto una vida colmada de felicidad y placeres como "una existencia que valga la pena". Esa es la meta. Los textos que se conservan y nos hablan de cómo veían el mundo los aztecas muestran que para ellos la humanidad afrontaba "un problema existencial", en palabras de Purcell: una existencia breve, voluble, durante la que resulta imposible controlarlo todo igual que lo es no patinar en un lodazal. "Resbaladiza es la tierra". "Lo que querían decir es que, pese a nuestras mejores intenciones, nuestra vida es propensa al error, al fracaso en nuestros objetivos y, por lo tanto, a 'caer', como si fuéramos a parar al barro. Además, esta tierra es un lugar donde la alegría vienen mezclada con dolor y contratiempos", explica el profesor en un artículo publicado por la Asociación de Filosofía (APA). En él recuerda que toda esa concepción del mundo se puede resumir en un dicho popular: "Slippery, slick is the earth", "resbaladiza, resbaladiza es la tierra”. En Xataka Siempre habíamos pensado que los mayas desaparecieron por un "apocalipsis" ambiental. Resulta que estábamos equivocados Espera, ¿filosofía azteca? Exacto. No lo ha tenido fácil para sobrevivir y en Occidente tal vez no le hayamos prestado toda la atención suficiente, pero eso no significa que los aztecas precolombinos crearan un valioso corpus filosófico, con diferentes corrientes y tratados. "Tenemos muchos volúmenes de sus textos grabados en su lenguaje nativo, el náhuatl", reivindica Purcell en la BBC. "Si bien pocos de los libros pre coloniales de tipo jeroglífico sobrevivieron a las quemas españolas, nuestras principales fuentes de conocimiento derivan de los registros realizados por los sacerdotes católicos hasta principios del siglo XVII". Una visión diferente. Gracias a ellos conservamos códices con dichos, exhortaciones, poesías, diálogos… diferentes manifestaciones que en esencia nos hablan de lo mismo: cómo enfocaban la existencia los aztecas que vivieron entre el siglo XV y comienzos del XVI. Buen ejemplo es el 'Códice Florentino', una obra bilingüe del fraile Bernardino de Sahagún sobre saberes precolombinos.  Su legado no es interesante solo por lo que nos cuenta, lo es también, reivindica Purcell, porque nos abre los ojos a "otra cultura pre moderna con una ética de las virtudes", una diferente a la heredad de Aristóteles o incluso Confucio. "Lugar de alegría con fatiga". Llegados a este punto la pregunta resulta obvia… Si los aztecas creían que lo que realmente queremos los humanos son vidas "que valgan la pena", más incluso que existencias gozosas y placenteras, ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo afrontar el paso por este mundo, "un lugar de alegría con fatiga y dolor", como reza un pasaje azteca? La clave está en una receta con cuatro ingredientes, cuatro "niveles" que nos permiten disfrutar de una vida arraigada, "neltiliztli". Siguiendo con la metáfora de la existencia como un terreno pantanoso, lleno de barro, la idea es echar raíces para afianzarse. ¿Y cómo lograrlo? Para empezar 'enraizando' en el propio cuerpo. Como explica Purcell, las figurillas y descripciones que conservamos de los aztecas nos muestran que les gustaba ejercitar sus cuerpos. De hecho tenían un régimen de actividades orientadas a estirar y fortalecer el organismo que recuerda en parte al yoga. Enraizado al cuerpo, tocaba hacerlo a otro nivel: la "psique", buscando un equilibrio entre el corazón y la cabeza, los deseos y el juicio. "Solo en el medio se puede ir, solo en el medio se puede vivir", aconseja una de sus obras. Criaturas sociales... y de la tierra. En un artículo publicado hace años en Aeon el estudioso de la filosofía latinoamericana señala dos niveles más en los que debe trabajar aquel que quiera alcanzar una vida arraigada, "neltiliztli", un término que también se emplea como "verdad" y "bondad". El primer nivel es el "arraigo en la comunidad". Vivimos rodeados de gente, en sociedades en las que desempeñamos un rol que nos conectan con el resto y activa la comunidad. El segundo nivel es el más abstracto de todos: los aztecas abogaban por un "arraigo en el teotl, el ser divino y único de la existencia". "Creían que 'dios' era simplemente la naturaleza, una entidad de ambos géneros con una presencia que se manifestaba en diferentes formas", comenta el profesor. "El arraigo en el teotl se lograba sobre todo de forma indirecta, a través de los tres niveles anteriores. Pero actividades como la poesía filosófica ofrecían una conexión más directa". Arraigado, mejor que feliz. El objetivo pasaba por lo tanto por lograr vidas "arraigadas", bien afianzadas en un mundo resbaladizo. Como nos recuerdan los aztecas precolombinos (y Ulises) ese estado que se extiende a nivel físico, mental, social y existencial, es la meta a alcanzar, no la felicidad ociosa a la que renunció el rey de Ítaca para seguir su travesía. "Si el estudio de la ética tiene como meta vivir mejor, tal vez el enfoque azteca también podría ayudarnos a reconocer el marco para generar tales reflexiones en nuestras fidas", concluye Purcell. Imágenes | Wikipedia 1 y 2 En Xataka | Qué quería decir el filósofo Montaigne cuando dijo: "Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis" - La noticia Llevamos siglos leyendo a filósofos de Occidente y Asia en busca del secreto de la felicidad. Resulta que lo tenían los aztecas fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
Llevamos siglos leyendo a filósofos de Occidente y Asia en busca del secreto de la felicidad. Resulta que lo tenían los aztecas

Hace siglos los aztecas llegaron a conclusiones valiosas sobre la gran pregunta: ¿Qué es una buena vida?

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Carlos Prego

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Cada curso Lynn Sebastian Purcell, profesor de filosofía, repite el mismo experimento. Tras repasar el pasaje de la 'Odisea' en el que Ulises renuncia a una vida eterna de placeres junto a la ninfa Calipso para buscar a su mujer y a su hijo, el profesor presenta un dilema a sus alumnos: ¿Cuántos harían lo mismo que el rey de Ítaca? "¿Cuántos de ustedes rechazarían la inmortalidad y una existencia placentera con la condición de no volver a ver a su familia y seres queridos?", lanza desafiante Purcell al aula. La respuesta es siempre la misma: nadie.

La 'Odisea' es un poema épico que conecta con la tradición grecolatina, pero en realidad ese pasaje en concreto sobre Ulises resume bien la filosofía vital de una civilización que vivió a miles de kilómetros del mar Jónico: la azteca.

Objetivo: la felicidad. No sé exactamente quién eres, pero es bastante probable que tú, yo y las más de 8.000 millones de personas que compartimos este mundo coincidamos en que es deseable tener una vida feliz. ¿Lógico, no? La felicidad es una de esas pepitas de oro que la filosofía lleva siglos buscando. 

Lo hacía en tiempos de Epicuro y lo hace en nuestros días. De hecho uno de los tratados más famosos de Bertrand Russell, celebérrimo filósofo del siglo XX, lleva por título una frase que es toda una proclama: "La conquista de la felicidad".

La lección de Ulises. Una cosa es sin embargo aspirar a la felicidad y otra distinta decidir cómo alcanzarla o incluso qué es exactamente la felicidad. Es ahí donde resuena con fuerza el pasaje de la 'Odisea' de la ninfa Calipso. Si se trata solo de buscar la dicha, Ulises ya la tenía, ¿no? Si coincidimos en que el objetivo es ser felices (sin más), ¿no es un buen panorama pasar una vida eterna, libre de enfermedades y privaciones, conviviendo con una diosa en una lejana isla paradisíaca? ¿Por qué decide Ulises volver al mar… y sus penurias?

"Que valga la pena". La actitud de Ulises (igual que la de los alumnos de Purcell) conecta de lleno con una ética filosófica que durante décadas ha pasado desapercibida en Occidente: la de los aztecas precolombinos. Para ellos, recuerda el profesor, lo que realmente busca la humanidad no es tanto una vida colmada de felicidad y placeres como "una existencia que valga la pena". Esa es la meta.

Los textos que se conservan y nos hablan de cómo veían el mundo los aztecas muestran que para ellos la humanidad afrontaba "un problema existencial", en palabras de Purcell: una existencia breve, voluble, durante la que resulta imposible controlarlo todo igual que lo es no patinar en un lodazal.

"Resbaladiza es la tierra". "Lo que querían decir es que, pese a nuestras mejores intenciones, nuestra vida es propensa al error, al fracaso en nuestros objetivos y, por lo tanto, a 'caer', como si fuéramos a parar al barro. Además, esta tierra es un lugar donde la alegría vienen mezclada con dolor y contratiempos", explica el profesor en un artículo publicado por la Asociación de Filosofía (APA). En él recuerda que toda esa concepción del mundo se puede resumir en un dicho popular: "Slippery, slick is the earth", "resbaladiza, resbaladiza es la tierra”.

En XatakaSiempre habíamos pensado que los mayas desaparecieron por un "apocalipsis" ambiental. Resulta que estábamos equivocados

Espera, ¿filosofía azteca? Exacto. No lo ha tenido fácil para sobrevivir y en Occidente tal vez no le hayamos prestado toda la atención suficiente, pero eso no significa que los aztecas precolombinos crearan un valioso corpus filosófico, con diferentes corrientes y tratados. "Tenemos muchos volúmenes de sus textos grabados en su lenguaje nativo, el náhuatl", reivindica Purcell en la BBC.

"Si bien pocos de los libros pre coloniales de tipo jeroglífico sobrevivieron a las quemas españolas, nuestras principales fuentes de conocimiento derivan de los registros realizados por los sacerdotes católicos hasta principios del siglo XVII".

Una visión diferente. Gracias a ellos conservamos códices con dichos, exhortaciones, poesías, diálogos… diferentes manifestaciones que en esencia nos hablan de lo mismo: cómo enfocaban la existencia los aztecas que vivieron entre el siglo XV y comienzos del XVI. Buen ejemplo es el 'Códice Florentino', una obra bilingüe del fraile Bernardino de Sahagún sobre saberes precolombinos. 

Su legado no es interesante solo por lo que nos cuenta, lo es también, reivindica Purcell, porque nos abre los ojos a "otra cultura pre moderna con una ética de las virtudes", una diferente a la heredad de Aristóteles o incluso Confucio.

"Lugar de alegría con fatiga". Llegados a este punto la pregunta resulta obvia… Si los aztecas creían que lo que realmente queremos los humanos son vidas "que valgan la pena", más incluso que existencias gozosas y placenteras, ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo afrontar el paso por este mundo, "un lugar de alegría con fatiga y dolor", como reza un pasaje azteca? La clave está en una receta con cuatro ingredientes, cuatro "niveles" que nos permiten disfrutar de una vida arraigada, "neltiliztli". Siguiendo con la metáfora de la existencia como un terreno pantanoso, lleno de barro, la idea es echar raíces para afianzarse.

¿Y cómo lograrlo? Para empezar 'enraizando' en el propio cuerpo. Como explica Purcell, las figurillas y descripciones que conservamos de los aztecas nos muestran que les gustaba ejercitar sus cuerpos. De hecho tenían un régimen de actividades orientadas a estirar y fortalecer el organismo que recuerda en parte al yoga. Enraizado al cuerpo, tocaba hacerlo a otro nivel: la "psique", buscando un equilibrio entre el corazón y la cabeza, los deseos y el juicio. "Solo en el medio se puede ir, solo en el medio se puede vivir", aconseja una de sus obras.

Criaturas sociales... y de la tierra. En un artículo publicado hace años en Aeon el estudioso de la filosofía latinoamericana señala dos niveles más en los que debe trabajar aquel que quiera alcanzar una vida arraigada, "neltiliztli", un término que también se emplea como "verdad" y "bondad". El primer nivel es el "arraigo en la comunidad". Vivimos rodeados de gente, en sociedades en las que desempeñamos un rol que nos conectan con el resto y activa la comunidad.

El segundo nivel es el más abstracto de todos: los aztecas abogaban por un "arraigo en elteotl, el ser divino y único de la existencia". "Creían que 'dios' era simplemente la naturaleza, una entidad de ambos géneros con una presencia que se manifestaba en diferentes formas", comenta el profesor. "El arraigo en el teotl se lograba sobre todo de forma indirecta, a través de los tres niveles anteriores. Pero actividades como la poesía filosófica ofrecían una conexión más directa".

Arraigado, mejor que feliz. El objetivo pasaba por lo tanto por lograr vidas "arraigadas", bien afianzadas en un mundo resbaladizo. Como nos recuerdan los aztecas precolombinos (y Ulises) ese estado que se extiende a nivel físico, mental, social y existencial, es la meta a alcanzar, no la felicidad ociosa a la que renunció el rey de Ítaca para seguir su travesía. "Si el estudio de la ética tiene como meta vivir mejor, tal vez el enfoque azteca también podría ayudarnos a reconocer el marco para generar tales reflexiones en nuestras fidas", concluye Purcell.

Imágenes | Wikipedia 1 y 2

En Xataka | Qué quería decir el filósofo Montaigne cuando dijo: "Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis"

Fuente original: Leer en Xataka
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