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Lo que Puente no ha hecho por la alta velocidad

Lo que Puente no ha hecho por la alta velocidad
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A Óscar puente no se le va a juzgar políticamente por lo que ha hecho tras el accidente de adamuz sino por lo que no hizo antes. ahora se sabe que cuando dijo que el ferrocarril vivía el mejor momento de su historia o mentía o desconocía la realidad. Leer
AnálisisLo que Puente no ha hecho por la alta velocidad
  • IÑAKI GARAY
6 FEB. 2026 - 00:02El ministro Óscar Puente, ayer, con los sindicatos del sector ferroviario en su intento de que desconvoquen la huelga prevista.Ministerio de Transportes y Movilidad SostenibleEFE

A Óscar puente no se le va a juzgar políticamente por lo que ha hecho tras el accidente de adamuz sino por lo que no hizo antes. ahora se sabe que cuando dijo que el ferrocarril vivía el mejor momento de su historia o mentía o desconocía la realidad.

Óscar Puente no puede eludir su responsabilidad ni la del Ministerio que dirige en el caos que vive ahora el ferrocarril español, pero fundamentalmente la alta velocidad. No lo puede hacer después de haber asegurado que el ferrocarril atravesaba en este país el mejor momento de su historia. Tras los recientes acontecimientos, la frase denota que el ministro mentía o que no sabía lo que había. Y ambas hipótesis le dejan en una situación delicada ante las 46 víctimas del accidente de Adamuz. Lo de achacar la responsabilidad de la mala situación de la red al PP, que hace casi ocho años que no está en el Gobierno, confundiendo deliberadamente lo que es inversión en infraestructuras (que es coyuntural) con inversión en mantenimiento (que es estructural) no solo no le exime de la culpa sino que le señala. ¿Alguien puede pensar que los trenes tengan que circular a 300 kilómetros por hora en una red con el mantenimiento que hizo otro hace siete años? Es absurdo. A Óscar Puente no se le va a juzgar políticamente por la gestión que está llevando a cabo tras el accidente de Adamuz sino por lo que, bajo su responsabilidad, no hizo o no conoció antes de ese accidente.

En estas circunstancias su estilo bronco al frente de un Ministerio que tiene enorme carga técnica no le ayuda. Todas esas horas que el ministro ha dedicado a polemizar en la red X sobre temas muy ajenos a su cartera le dejan en precario. Si en vez de alimentar polémicas absurdas en las redes se hubiera dedicado con sus colaboradores a conocer en profundidad los problemas que tienen las infraestructuras de su competencia en España tal vez podría haber puesto remedios. Hubiera bastado con que el presidente de Adif le hubiera mostrado los datos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) sobre deterioro del servicio para percibir que los descarrilamientos en la red ferroviaria se habían multiplicado por cinco de media (por seis en 2023, el año en el que Puente fue nombrado) respecto al año 2017. Las estadísticas advertían de la existencia de un problema urgente y lo lógico es que el ministro hubiera ordenado (si es que las conoció) un plan de choque en mantenimiento. Hubiera sido lo razonable, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes más próximos en ese Ministerio, bajo la tutela de José Luis Ábalos y su amigo Koldo Izaguirre, ambos imputados por presuntos delitos de corrupción.

Inversión y mantenimiento

La alta velocidad española está ahora mismo herida, con una pérdida de reputación que va a ser difícil recuperar. Decenas de miles de viajeros tardan ahora en desplazarse de Madrid a Barcelona casi el doble de lo que era el tiempo normal, mientras la línea que une Madrid con Andalucía sigue cortada. Todo esto hace que en las principales líneas españolas no haya en estos momentos un servicio de alta velocidad y que los operadores vayan a tener que reducir sus precios después de haber reducido sus velocidades.

Más inversión en infraestructuras ferroviarias no supone necesariamente un mayor gasto en mantenimiento. De hecho el mayor desembolso en infraestructuras ferroviarias lo realizó José Luis Rodríguez Zapatero entre 2008 y 2011. En ese tiempo destinó a la alta velocidad casi 20.000 millones de euros, muchos de los cuales se usaron para construir infraestructuras que iban de ningún sitio a ninguna parte y no se iban a poner en servicio en mucho tiempo. Había túneles en los que se invirtieron millonadas que acabaron tapiados porque no había vías que llegaran a ellos. Eran tiempos en los que el entonces ministro José Blanco decía que España iba a tener 10.000 kilómetros de alta velocidad.

Curiosamente, al mismo tiempo que esto ocurría, nuestro país incurría en enormes déficits presupuestarios (11,2% en 2009, 9,3% en 2010, 9,4% en 2011 y 10,6% en 2012 -este último, aunque ya gobernaba el PP era una clara herencia directa de Zapatero-) que dispararon la deuda pública y casi provocan la intervención de Europa. Zapatero tuvo que reducir los salarios de los funcionarios, congelar las pensiones y retirar el famoso cheque bebé y posteriormente Rajoy tuvo que completar el ajuste. Eso provocó que la inversión en infraestructuras ferroviarias cayera en los cuatro años siguientes, pero eso no afectó al mantenimiento, que seguía siendo el preciso para operar con los más altos estándares en todas las líneas en servicio. Lo que sí cambió es el criterio de eficiencia en la inversión. Se eliminaron las estaciones suntuosas (por ejemplo estaba previsto que la alta velocidad llegara a Granada soterrado a una hermosa estación diseñada por Foster) para ahorrar y centrar exclusivamente la inversión en la puesta en servicio y en la seguridad. El resultado fue que en los cuatro años posteriores, con solo la cuarta parte de la inversión que en el periodo anterior y con Ana Pastor como ministra de Transportes se pusieron en servicio casi la mitad de kilómetros. Esta estrategia de ir completando la red con la mayor eficiencia en la inversión y con una política comercial más activa por parte de Renfe (en aquel momento era monopolio) supuso que la alta velocidad pasara de transportar 22,8 millones de viajeros en 2011 a 35,2 millones en 2016. Vamos, la diferencia entre gastar e invertir.

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Fuente original: Leer en Expansión
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