Además de la gran demanda de energía, el calentamiento también pone a prueba el desarrollo de España como gran 'hub' de los 'data center'. Algo que ya se está teniendo en cuenta en su diseño.
En 2022, una ola de calor sin precedentes en Londres colapsó por completo la infraestructura de refrigeración de las instalaciones de Google y Oracle.
España vive una transformación sin precedentes. La capacidad de generación renovable, una posición geográfica estratégica y un ecosistema tecnológico e industrial cada vez más desarrollado la hacen idónea para ser un gran hub de centros de datos. Spain DC, la Asociación Española de Centros de Datos, cifra en 66.900 millones de euros la inversión acumulada directa e indirecta en el sector de aquí a 2030, de los cuales 25.000 millones corresponden a la construcción y acondicionamiento de nuevos centros de datos. Para que esto se plasme será necesario mejorar la red de distribución y agilizar los permisos de conexión a la red, entre otras medidas sobre el sistema eléctrico.
Pero hay algo más, como ya se vio en Londres, el cambio climático obliga a proteger la operación de los centros de datos de unas temperaturas que amenazan seguir subiendo. Del mismo modo que Eurostar ha encargado trenes que puedan soportar los veranos de 55 °C en Europa, las nuevas instalaciones de los data center tendrán que ser a prueba de calor extremo.
Madrid como Marrakech
En 2050 el clima de Madrid será similar al actual en Marrakech, según el estudio Understanding climate change from a global analysis of city analogues, de la organización sin ánimo de lucro PLOS. Y, del mismo modo que las ciudades están creando refugios climáticos para la población, las infraestructuras tienen que adaptarse esta la nueva situación. Según el XDI 2026 Global Analysis of Planned Data Centres for Physical Climate Risk and Resilience, "los centros de datos en proyecto analizados en España, Brasil, India, México e Indonesia registran algunos de los riesgos de interrupción operativa previstos más elevados a nivel mundial debido al calor extremo".
En SpainDC aseguran que es un riesgo que ya se está teniendo en cuenta y no cuestiona la viabilidad de los centros de datos sino que eleva los estándares de diseño. "El cambio climático no ha modificado el paradigma para el sector, ha acelerado la evolución tecnológica con la que ya se diseñaban estas infraestructuras", dice Begoña Villacís, su directora ejecutiva. Y explica que, al igual que ocurre con hospitales, aeropuertos, redes ferroviarias o cualquier otra infraestructura crítica, los centros de datos están incorporando soluciones de ingeniería, eficiencia energética y resiliencia que les permiten mantener la continuidad del servicio incluso en escenarios climáticos más exigentes.
Precisamenete, de la resiliencia de los centros de datos depende el funcionamiento de la Administración digital, la sanidad, la banca, la industria, el comercio electrónico, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y millones de servicios que ciudadanos y empresas utilizan cada día. Por ello, desde la fase de planificación se estudian aspectos como el comportamiento climático previsto durante toda la vida útil de la instalación, la orientación del edificio, la selección de equipos, la redundancia de los sistemas de refrigeración, la eficiencia energética o la capacidad de mantener la operación incluso durante episodios extremos.
Soluciones más eficientes
Como explica Villacís, "la evolución tecnológica está siendo muy intensa". En concreto, para soportar las nuevas cargas de trabajo asociadas a la inteligencia artificial, con arquitecturas híbridas, monitorización permanente y algoritmos capaces de optimizar el consumo energético en tiempo real.
La irrupción de la IA, el incremento de la densidad de potencia y la propia evolución del clima están impulsando diseños más sofisticados, capaces de operar con mayores exigencias térmicas y energéticas.
También se presta atención a la selección del emplazamiento, a la resiliencia frente a fenómenos meteorológicos y a la integración con el entorno energético y las infraestructuras existentes. "Las nuevas instalaciones son cada vez más eficientes, más resilientes y sostenibles que las actuales", dice Villacís.
Además del aumento de las temperaturas, hoy los proyectos estudian fenómenos a los que España no es ajena en los últimos tiempos: inundaciones -como la dana de Valencia-, lluvias torrenciales, incendios forestales -como los que arrasan hectáreas estos veranos-, vientos extremos o posibles alteraciones en las infraestructuras de suministro. La resiliencia climática ya es un criterio de diseño, igual que lo son las particularidades del terreno, la seguridad o la eficiencia energética.
Resiliencia compartida
Un centro de datos no funciona de manera aislada; depende de redes eléctricas, telecomunicaciones, infraestructuras de transporte, suministro de agua y cadenas logísticas. Por lo que no basta con diseñar edificios preparados para temperaturas más elevadas, es necesario que las infraestructuras que los abastecen evolucionen al mismo ritmo. La planificación energética y el refuerzo de las redes eléctricas constituyen uno de los principales retos para garantizar el desarrollo de la economía digital durante las próximas décadas. Por eso, la resiliencia debe entenderse de forma integral.
Recarga rápida, el último desafío para el despegue total del coche eléctricoLa falta de agua supone un riesgo global de 424.500 millones para las empresasIberdrola, BBVA y Telefónica: los bonos verdes ya son clave en la renta fija global Comentar ÚLTIMA HORA