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Los mercados aprietan a Burnham para que avance en la consolidación fiscal en Reino Unido

Los mercados aprietan a Burnham para que avance en la consolidación fiscal en Reino Unido
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La deuda a 10 y 30 años se paga a precios históricamente elevados como señal de la desconfianza que los inversores tienen sobre la capacidad de Downing Street de ajustar las cuentas. Leer
ECONOMÍALos mercados aprietan a Burnham para que avance en la consolidación fiscal en Reino UnidoActualizado 12 SEP. 2026 - 00:05El titular de Hacienda, John Healey, y el primer ministro británico, Andy Burnham.DPA vía Europa PressEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La deuda a 10 y 30 años se paga a precios históricamente elevados como señal de la desconfianza que los inversores tienen sobre la capacidad de Downing Street de ajustar las cuentas.

El primer ministro británico, Andy Burnham, puede dar por terminada la luna de miel con el mercado de bonos, que comienza a tener dudas sobre las finanzas públicas de Reino Unido. Las promesas de más gasto en ciertos ámbitos y de mantener las metas de déficit y deuda que trazó el Ejecutivo de Keir Starmer solo dejan al nuevo líder laborista la opción de subir impuestos y recortar en otros capítulos. El mercado espera con ansiedad los presupuestos y el coste de la deuda se ha disparado.

El gilt (bono de Reino Unido) a 10 años bajó este viernes al 5,34%, lo que supone un alza de 0,38 puntos en un mes y de 0,74 puntos en un año. Coquetea con los máximos desde agosto de 2007, según Reuters. El pasado martes, Londres colocó 4.250 millones de libras a 30 años al 5,82%, el precio más alto desde 1998.

El alza del coste de la deuda afecta a muchos países, pero Reino Unido es el miembro del G7 que la paga más cara, con repercusiones en las cuentas públicas: según la firma de inversión Panmure Liberum, el aumento del gilt se cobrará 6.000 millones de libras extra (7.000 millones de euros) en 2026. Las cuatro subidas de tipos que los expertos prevén en Inglaterra en los próximos meses -la primera, el próximo jueves- elevarán la factura.

Panorámica de la City de Londres.ARTUR ZANONEXPANSION

"En credibilidad fiscal, los mercados tratan ahora a Gran Bretaña como culpable hasta que no se demuestre lo contrario", dice el asesor sénior para Reino Unido de Pimco, Rupert Harrison, que aconsejó al conservador George Osborne cuando era titular de Hacienda. "Importantes recortes —añade— ayudarían a reconstruir la credibilidad, pero el mercado no lo ve probable para este Gobierno."

Los analistas reconocen la frustración que puede suponer para Downing Street ser el país con la política fiscal más restrictiva del G7 sin que los bonistas le retiren la lupa. Según Matthew Amis, director de inversiones en Aberdeen Investments, esta mayor vigilancia sobre Londres es evidente desde el minipresupuesto de la ex primera ministra tory Liz Truss, en septiembre de 2022, con una rebaja de impuestos de 45.000 millones de libras (52.000 millones de euros) sin financiar. La sombra de la expremier sigue alargándose, aunque ella misma sigue dando lecciones sin remordimientos. El titular de Hacienda, John Healey, se refirió el lunes de nuevo a Truss para lamentar el elevado coste de la deuda.

Andy Burnham maniobró para convertirse en primer ministro, cargo que desempeña desde el pasado 20 de julio, para lograr un cambio real, pero conseguirlo puede depender de los mercados.

El nuevo inquilino de Downing Street ha prometido eliminar temporalmente el IVA de las facturas de la electricidad, acabar con el sinhogarismo, limitar el precio de los autobuses a dos libras y un mayor control de los servicios públicos. La factura se estima en varios miles de millones y se puede disparar dependiendo de cómo cristalice la mayor intervención que ha anunciado el Gobierno en agua o transportes.

Decisiones urgentes

"Necesitamos tomar decisiones ya", urge el director del británico Instituto Nacional para la Investigación Económica y Social, David Aikman. Más allá de educación, sanidad e infraestructuras, la presión sobre el presupuesto llega de tres ámbitos: pensiones, ayudas sociales y defensa.

En un país con una deuda de tres billones de libras (3,5 billones de euros) y un presupuesto en torno a un billón de libras, las prestaciones por jubilación se han convertido en la principal partida. El gasto del Estado del Bienestar crecerá un 20% hasta 2030, con 400.000 millones de libras (465.000 millones de euros), una cuarta parte de las cuentas de ese año. El coste de la deuda, que ahora se come casi una de cada diez libras, llegará a 160.000 millones (186.000 millones de euros).

Burnham tiene la difícil papeleta de elevar el gasto para reducir el coste de la vida y consolidar las cuentas públicas para calmar a los mercados.

Se prevé que las pensiones costarán un 15% más (200.000 millones de libras) a finales de esta década y que las prestaciones por beneficiencia, discapacidad y enfermedades se disparen en una cuarta parte, con 170.000 millones de libras. Londres no sabe cómo frenar los efectos perversos de un sistema que permite malvivir de ayudas sin trabajar. En ese contexto, el Gobierno se ha comprometido a elevar al 3,5% sobre el PIB el gasto en defensa en 2035, pero no se sabe cómo.

La anterior titular de Hacienda, Rachel Reeves, dejó un colchón de 23.600 millones de libras (27.500 millones de euros) y los analistas creen que se ha quedado en la mitad o menos por el alza del precio de la deuda y la guerra de Irán, de ahí que pongan el acento en la necesidad de concretar cómo se va a lograr esa consolidación fiscal. En este panorama, una buena noticia conocida este viernes: el PIB británico creció un 0,4% en julio de forma inesperada.

Duda en las pensiones

Una de las decisiones que más fuerza cobra es reducir el ritmo de aumento de las pensiones. Burnham también ha prometido atacar ciertos subsidios para incentivar que los jóvenes trabajen. Sanja Raja, economista de Deutsche Bank, calcula que el próximo presupuesto, previsto para el 28 de octubre, presentará un alza del gasto de entre 20.000 millones y 50.000 millones de libras (58.000 millones de euros). Healey no piensa dar pistas antes de esa fecha y el jefe de JPMorgan, Jamie Dimon, se reunió el miércoles con Burnham y Healey para recordarles las "nocivas consecuencias" de subir los impuestos a la banca. Jane Fraser (Citi) lo secunda.

Burnham tiene la difícil papeleta de elevar el gasto para reducir el coste de la vida y consolidar las cuentas públicas para calmar a los mercados.

Para Burnham, queda poco para pasar de las promesas y las buenas palabras a un presupuesto que deberá reflejar la prioridad laborista de llevar el crecimiento a cada rincón del país y de aliviar el coste de la vida, para dar un sentido práctico al cambio de Gobierno. Pero lo que la City quiere conocer son las decisiones concretas sobre dónde se van a aplicar recortes y qué impuestos se van a tocar con un primer ministro al que los analistas atribuyen una capacidad de maniobra "mínima".

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Fuente original: Leer en Expansión
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