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España lleva décadas elaborando algunos de los mejores vinos del mundo, pero ahora empieza a conquistar un terreno reservado tradicionalmente a los grandes nombres de Francia e Italia. Cada vez más etiquetas nacionales protagonizan subastas internacionales donde las botellas alcanzan cifras de cuatro e incluso cinco dígitos, confirmando que el vino español también se ha convertido en objeto de deseo para coleccionistas e inversores de todo el mundo.
Durante décadas, el mercado de los grandes vinos de colección parecía tener un único idioma: francés. Borgoña y Burdeos dominaban las grandes subastas de Sotheby's y Christie's, mientras Italia conseguía hacerse un hueco con nombres como Sassicaia o Masseto.
España, pese a producir algunos de los mejores vinos del mundo, apenas aparecía en ese exclusivo mercado secundario donde las botellas cambian de manos entre coleccionistas y, en muchos casos, aumentan su valor con el paso del tiempo.
Eso está empezando a cambiar. Según datos presentados por el Basque Culinary Center y Círculo Fortuny, España cuenta con más de 250 vinos considerados fine wine en el mercado primario, pero solo entre 30 y 60 tienen presencia estable en el mercado secundario internacional. El objetivo ahora es aumentar esa cifra y consolidar el prestigio del vino español también como objeto de colección.
¿Qué significa que un vino llegue a las subastas?
No cualquier botella acaba en una subasta internacional. Para lograrlo debe reunir varios requisitos: una producción limitada, una demanda sostenida durante años, capacidad de envejecer durante décadas y un prestigio suficientemente consolidado para que los coleccionistas estén dispuestos a pujar por ella.
Entrar en este circuito supone mucho más que vender una botella cara. Significa formar parte de un mercado global en el que participan fondos de inversión, restaurantes con estrellas Michelin, grandes coleccionistas y compradores privados de Asia, Estados Unidos y Europa.
Vega Sicilia, el gran embajador español
Si hay un nombre capaz de competir de tú a tú con los grandes vinos franceses, ese es Vega Sicilia. Su mítico Único lleva años apareciendo en las principales subastas internacionales y continúa siendo el vino español más buscado por los coleccionistas.
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La propia Sotheby's mantiene acuerdos específicos para distribuir algunas de las referencias de Tempos Vega Sicilia entre clientes de alto nivel, una muestra del prestigio alcanzado por la bodega vallisoletana.
En el mercado, una botella reciente de Único suele situarse entre 450 y 700 euros, mientras que las añadas históricas pueden multiplicar esa cifra. En una subasta celebrada por Baghera Wines, una botella de Único 1921 alcanzó los 2.629 euros, un magnum de la añada 1960 llegó a 3.168 euros y un lote de Reserva Especial se adjudicó por 4.470 euros.
Pingus, el vino español que se convirtió en leyenda
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Hablar de vinos de colección obliga a mencionar Pingus, la pequeña producción creada por Peter Sisseck en Ribera del Duero. Desde su primera cosecha en los años 90 se convirtió en uno de los vinos más codiciados del planeta gracias a su escasísima producción y a las excelentes puntuaciones obtenidas en la crítica internacional.
Con apenas unos miles de botellas cada año, Pingus figura con frecuencia en las subastas de Sotheby's, Acker o Zachys y en plataformas especializadas de inversión vinícola. Su precio de salida ronda actualmente 1.200-1.800 euros por botella, aunque determinadas añadas superan ampliamente los 3.000 euros en el mercado secundario.
L'Ermita, el Priorat más exclusivo
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Otro de los nombres imprescindibles es L'Ermita, elaborado por Álvaro Palacios en Priorat. Considerado uno de los grandes iconos del vino español, sus reducidas producciones y la enorme demanda internacional hacen que muchas de sus añadas desaparezcan rápidamente del mercado primario.
Las botellas recientes suelen comercializarse entre 1.200 y 2.000 euros, mientras que las cosechas históricas alcanzan cifras muy superiores en subastas especializadas. Para muchos coleccionistas internacionales representa el equivalente español de los grandes vinos de Borgoña.
Teso La Monja y los nuevos referentes
Junto a los clásicos empiezan a aparecer nuevas etiquetas que despiertan el interés de coleccionistas e inversores. Entre ellas destaca Teso La Monja, de Toro, considerado uno de los grandes vinos españoles contemporáneos.
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Sus botellas suelen situarse entre 900 y 1.500 euros, dependiendo de la añada, y cada vez aparecen con mayor frecuencia en catálogos de distribuidores especializados y subastas internacionales.
Precisamente Teso La Monja figura entre las bodegas señaladas por Basque Culinary Center como uno de los referentes españoles con mayor potencial dentro del segmento fine wine.
El fenómeno ya no se limita a las grandes marcas históricas. Productores como Comando G, López de Heredia, Álvaro Palacios o algunas referencias de Rioja y Priorat comienzan a ganar protagonismo entre los compradores internacionales.
La prueba llegó con la denominada Spanish Week, organizada por la casa suiza Baghera Wines, especializada exclusivamente en grandes vinos.
La subasta reunió a más de 220 coleccionistas internacionales y logró vender el 100% de los lotes de Vega Sicilia, además de obtener excelentes resultados para López de Heredia y Comando G, cuyas botellas alcanzaron cifras inéditas para una bodega tan joven.
El reto sigue siendo la visibilidad
Los expertos coinciden en que el problema del vino español no es la calidad, sino el posicionamiento. Mientras Francia supera las 200 referencias presentes de forma habitual en el mercado secundario internacional, España coloca muchas menos.
Esa escasa presencia explica que su cuota ronde únicamente el 2% del mercado mundial del fine wine, muy lejos del peso que ya ha conseguido Italia.
Por ello, Basque Culinary Center y Círculo Fortuny han impulsado una estrategia específica para ayudar a las bodegas españolas a mejorar su presencia en este segmento, convencidos de que la excelencia enológica ya existe, pero necesita reforzarse con una mayor construcción de marca y visibilidad internacional.
Comprar uno de estos vinos no consiste únicamente en adquirir una botella para una ocasión especial. En muchos casos se trata de piezas de colección que pasan años en bodegas privadas antes de volver al mercado a través de plataformas especializadas o casas de subastas.
España aún tiene camino por recorrer, pero nombres como Vega Sicilia, Pingus o L'Ermita demuestran que el país ya produce vinos capaces de competir con los grandes iconos del mundo.
El siguiente desafío será que cada vez más etiquetas españolas entren en ese reducido club donde una botella deja de ser solo vino para convertirse también en patrimonio, historia e inversión.
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