Lucas, el niño de cuatro años de Garrucha (Almería) cuyo cuerpo golpeado y maltrecho se encontró en el interior de un búnker en una playa del litoral almeriense el pasado mes de diciembre, sufrió un "traumatismo abdominal violento" que lo llevó a la muerte, así lo establece el informe forense, que descarta de plano que las lesiones letales que presentaba estuvieran provocadas por masajes curativos o prácticas de curanderismo.
Además, el historial médico y las fracturas previas de Lucas llevan a pensar que fue víctima de malos tratos durante gran parte de su corta vida. Esta información ha visto la luz el día en el que el Tribunal de Vera (Almería) que lleva el caso tiene que decidir si prorroga o no la prisión provisional para la madre del niño, Barbara B., y su pareja, Juan David R., ambos detenidos y acusados de ser los autores del crimen.
El pequeño Lucas, cuya muerte aún mantiene conmocionados a los vecinos de la localidad en la que residía, murió como consecuencia del shock hipovolémico y el fallo multiorgánico que le causó la pérdida masiva de sangre tras recibir varios golpes virulentos en el abdomen. Esa es la conclusión principal que establece la autopsia, cuya ampliación -fechada el 20 de marzo- se ha conocido este mismo miércoles, y da respuesta a las cuatro cuestiones planteadas por el juzgado instructor.
Esta hemorragia severa tuvo su origen en un desgarro hepático y según certifica el informe realizado por el Instituto de Medicina Legal (IML) de Almería, fue el resultado de un golpe letal en medio un politraumatismo generalizado.
La técnico del IML almeriense "se ratifica íntegramente" en su informe inicial, fechado el 21 de enero, y descarta que el deceso de Lucas se debiera al suministro de brebajes o a la incorrecta aplicación de técnicas curativas que la madre y su novio le habrían realizado porque -según este último- sufría malestar estomacal desde varios días antes del crimen.
Varapalo para la defensa
El informe forense supone un varapalo para la defensa del detenido y principal acusado de la muerte del menor, que sostiene que no hubo golpes sino una actuación negligente de las personas que estaban a cargo del pequeño derivada de los masajes conocidos como maniobras de "sobado" que le practicaron con intención de aliviar dolencias intestinales del niño.
El documento en cuestión confirma también algo que el testimonio de familiares y profesores del niño, e incluso vecinos de la pareja, ya habían avanzado cuando se conoció la noticia de la trágica muerte del pequeño. A Lucas, le pegaban.
En el informe del IML se describe un patrón de violencia continuada y la ampliación pericial detalla que el cuerpo del menor presentaba fracturas "antiguas" en la costilla izquierda y en el húmero izquierdo. La presencia en ellas de lo que se conoce en el ámbito médico como "callo óseo" lleva a determinar que las lesiones se produjeron entre tres y seis semanas antes del fallecimiento.
El informe no deja muchas dudas respecto a cómo se pudo hacer estas fracturas, todas ellas de origen traumático, y señala que pudieron producirse bien de forma directa con "un puño, patada o cualquier objeto contundente", o bien de forma indirecta al arrojar al niño contra una superficie rígida y dura.
Resulta esclarecedor para acreditar los malostratos, el historial médico del menor, al que llevaron a urgencias apenas dos meses antes de morir, el 19 octubre de 2025. El informe de ese día, donde consta que había sido agredido por el novio de su madre, detalla que Lucas presentaba hematomas en piernas, abdomen, tórax, espalda e incluso mordiscos, uno de ellos en la cara.