Viernes, 03 de julio de 2026 Vie 03/07/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Cultura

Más raros que las pirámides

Más raros que las pirámides
Artículo Completo 556 palabras
A veces, en los taxis, siento unas ganas irrefrenables de mentir, de ser otro por un rato: cansado del periodismo, finjo que trabajo de ingeniero y tengo que volar a Doha para supervisar las obras de la nueva línea de metro, o que me toca pasar un par de meses en Vietnam para organizar la apertura de un hotel, aunque allí nunca se sabe, porque funcionan con otros tiempos, más laxos, o digo que me voy de vacaciones a Japón, cuando en realidad estamos yendo al aeropuerto porque tengo que coger un vuelo a Santiago de Compostela, donde me espera un fin de semana en casa, con mucha comida y poca épica. En el taxi puedes ser cualquier persona, puedes pensar cualquier cosa: aún no has llegado a ninguna parte, y por tanto eres libre, estás a tiempo de desviarte y acabar en un after o una misa. Pero a veces solo hace falta asentir para terminar en otro mundo. Recuerdo que de camino a Barajas, para coger un vuelo a México, el taxista estaba entusiasmado con mi destino, mucho más que yo.—Qué suerte tienes.—¿Has estado en México?—Todavía no, pero las pirámides… Es imposible saber cómo las construyeron.—...—Y además, cómo te explicas que de repente, al mismo tiempo, dos civilizaciones que no habían tenido contacto levantaran unas pirámides enormes, tan parecidas, en México y Egipto.—¿Son de la misma época? No sabía…—Yo lo he pensado mucho, y solo puede haber una explicación…—¿Cuál?—Los extraterrestres, claro. Las trajeron en nave y las dejaron ahí.La conclusión nos pilló en la T4, otro invento extraterrestre. En el avión pensé en qué se diferenciaba un avión de una nave, si en mi ignorancia todo era igual de milagroso: metal que vuela. Y, siguiendo el razonamiento, cómo sabía yo que aquel hombre no era él mismo un extraterrestre, un invasor de cuerpos con ganas de reivindicar su autoría de las pirámides, con lo que le costó traerlas y convencer al emperador de que necesitaban una filial en la Tierra... Ahora vivo esperando a que otro taxista me hable del yeti para hablarle yo de Szymborska, que le explicó al monstruo que los raros, aquí, somos nosotros: quién no tiene otra vida dentro de su vida, quién no tiene un Área 51 en algún rincón de la memoria, llena de secretos inconfesables conservados en un tanque de formol, a la espera de que algún día la humanidad esté preparada, al fin, para conocerlos. Quién no tiene miedo, quién no siente curiosidad por toda esa vida que hay ahí fuera. Que late aquí dentro.

A veces, en los taxis, siento unas ganas irrefrenables de mentir, de ser otro por un rato: cansado del periodismo, finjo que trabajo de ingeniero y tengo que volar a Doha para supervisar las obras de la nueva línea de metro, o que me toca ... pasar un par de meses en Vietnam para organizar la apertura de un hotel, aunque allí nunca se sabe, porque funcionan con otros tiempos, más laxos, o digo que me voy de vacaciones a Japón, cuando en realidad estamos yendo al aeropuerto porque tengo que coger un vuelo a Santiago de Compostela, donde me espera un fin de semana en casa, con mucha comida y poca épica. En el taxi puedes ser cualquier persona, puedes pensar cualquier cosa: aún no has llegado a ninguna parte, y por tanto eres libre, estás a tiempo de desviarte y acabar en un after o una misa. Pero a veces solo hace falta asentir para terminar en otro mundo. Recuerdo que de camino a Barajas, para coger un vuelo a México, el taxista estaba entusiasmado con mi destino, mucho más que yo.

—Todavía no, pero las pirámides… Es imposible saber cómo las construyeron.

—Y además, cómo te explicas que de repente, al mismo tiempo, dos civilizaciones que no habían tenido contacto levantaran unas pirámides enormes, tan parecidas, en México y Egipto.

—¿Son de la misma época? No sabía…

—Yo lo he pensado mucho, y solo puede haber una explicación…

—Los extraterrestres, claro. Las trajeron en nave y las dejaron ahí.

La conclusión nos pilló en la T4, otro invento extraterrestre. En el avión pensé en qué se diferenciaba un avión de una nave, si en mi ignorancia todo era igual de milagroso: metal que vuela. Y, siguiendo el razonamiento, cómo sabía yo que aquel hombre no era él mismo un extraterrestre, un invasor de cuerpos con ganas de reivindicar su autoría de las pirámides, con lo que le costó traerlas y convencer al emperador de que necesitaban una filial en la Tierra... Ahora vivo esperando a que otro taxista me hable del yeti para hablarle yo de Szymborska, que le explicó al monstruo que los raros, aquí, somos nosotros: quién no tiene otra vida dentro de su vida, quién no tiene un Área 51 en algún rincón de la memoria, llena de secretos inconfesables conservados en un tanque de formol, a la espera de que algún día la humanidad esté preparada, al fin, para conocerlos. Quién no tiene miedo, quién no siente curiosidad por toda esa vida que hay ahí fuera. Que late aquí dentro.

Así opera el CERT de GMV que protege a empresas e instituciones 24x7

Paco Delgado, experto en moda masculina: «La forma de la cara determina tu tipo de barba; evita la barba cerrada con este tipo de rostro»

Garmin Forerunner 265 con AMOLED 46 mm y Elevate V4: el GPS que no pierde el track en bosque

Albert Rivera, sobre sus exparejas, Malú y Mariona: «Me considero afortunado, he estado con buena gente»

Carlos Herrera ve las nuevas imputaciones por el caso 'cloacas' del PSOE de Pedro Sánchez y es tajante: «Una pandilla de delincuentes»

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Fuente original: Leer en ABC - Cultura
Compartir