- LEX COLUMN
Los servicios de financiación entre empresas son el pan de cada día para muchos inversores.
Los capitalistas de riesgo de Silicon Valley suelen preferir vaqueros y camisetas antes que trajes y corbatas. Sin embargo, los ejecutivos del último unicornio británico respaldado por el capital riesgo optan por un accesorio clásico de la City: el bombín.
Allica Bank, que la semana pasada captó nuevo capital con una valoración de 1.200 millones de dólares (1.030 millones de euros), quiere recuperar la banca relacional tradicional para empresas medianas; de ahí el bombín naranja que aparece en su logotipo y publicidad. Aunque no es la única —OakNorth lleva más de una década dando crédito a empresas medianas en Reino Unido—, los inversores están alejándose de lo que un informe reciente de KPMG calificó como "modelos de consumo especulativos" para centrarse en pagos y financiación entre empresas (B2B).
Esto dista mucho del carácter rompedor de la primera ola de bancos digitales. Revolut y Monzo irrumpieron en la década de 2010 prometiendo revolucionar las finanzas de consumo. Pero el enfoque empresarial está ganando popularidad. TCV, inversor de Allica, fue uno de los primeros en apostar por Revolut y también por el banco digital brasileño Nubank, pero más recientemente ha respaldado una serie de grupos centrados en empresas entre los que figura el prestamista francés Qonto, valorado en 4.400 millones de euros, y la firma de software contable Pennylane, valorada en 3.600 millones de euros.
Las áreas menos sugerentes de la banca están atrayendo más atención por varias razones. Cuando surgieron las fintech, los bancos tradicionales aún sufrían las secuelas de la crisis financiera. Eran profundamente impopulares entre los clientes minoristas y no tenían ni el tiempo ni los recursos para invertir en buenos servicios digitales. Hoy, en cambio, los grandes bancos están mucho más sanos y su oferta para los hogares es, en general, bastante sólida.
Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas siguen teniendo numerosas quejas. También están dispuestas a pagar si una compañía lo hace bien. Las coberturas de divisas y los préstamos de capital circulante que ofrece una empresa como Ebury son de nicho: tenía unos 21.000 clientes activos al cierre de su último ejercicio, frente a los más de 6 millones de Monzo. Pero mientras Monzo obtenía un promedio de 187 libras (214 euros) por cliente minorista activo, Ebury generaba alrededor de 13.500 libras.
Las valoraciones en esta parte del mundo fintech son comedidas en comparación con las cifras que se otorgaban a las start up de consumo antes de la subida de los tipos de interés. La última operación de Allica la valoró en aproximadamente 2,3 veces su valor contable tangible a finales de 2025, según personas familiarizadas con la situación. Es más que la mayoría de los bancos europeos consolidados, pero no desproporcionado, teniendo en cuenta que sigue creciendo con rapidez.
Los prestamistas empresariales pueden ser para las carteras fintech lo que las aburridas empresas de bases de datos han sido para los inversores tecnológicos. Los Uber, Tesla y Revolut del mundo pueden acaparar más titulares y las valoraciones más altas, pero los servicios entre empresas son el pan de cada día para muchos inversores, y a menudo ofrecen ingresos más duraderos y predecibles.
Esa comparación también puede servir de apoyo, dado el reciente desplome de las acciones de software cotizadas. Allica afirma que una parte de los nuevos fondos se destinará a inversiones en inteligencia artificial; al igual que las compañías de software, las fintech B2B tendrán que demostrar que sus ingresos hasta ahora fiables no están a punto de ser arrebatados por competidores impulsados por la IA. Pero, con valoraciones que parten de una base relativamente baja, no necesitan cambiar el mundo para ser buenas inversiones.
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