Tiene Miguel Barrero una notable virtud: es capaz de sacar historias de donde, aparentemente, no las hay. Si en su anterior libro, 'El guitarrista de Montreal', construía toda la trama a partir de una simple anécdota biográfica de Leonard Cohen, buscando la ... identidad del gitano español que le había enseñado a tocar la guitarra, en su nueva obra vuelve a indagar en uno de los pasajes menos conocidos de otra figura artística de indudable relevancia: Francisco de Goya.
Así, a medio camino entre la historia, la novela y el ensayo, 'La cabeza de Goya' tiene como premisa la sorprendente revelación que descubrieron quienes exhumaron el cadáver del pintor para trasladarlo a España varias décadas después de su muerte en Burdeos: estaba decapitado.
Con semejante punto de partida, Barrero construye una estupenda narración que se lee con avidez gracias a la fluidez de su prosa, que va envolviendo al lector a través de una escritura en la que una frase va llevando a otra de forma sumamente natural, y al interés de su contenido, que aporta datos relevantes y curiosos sobre el suceso.
Como si se tratase de una investigación detectivesca, se van formulando hipótesis sobre lo que pudo pasar para que la cabeza fuera arrancada del cuerpo, desde que se hubiera utilizado para impulsar los muy en boga por entonces estudios de frenología -que sostenían que analizando el cerebro podría explicarse la personalidad de los individuos- a que su tumba hubiera sido profanada.
Al hilo de las pesquisas, el narrador va conformando un fresco de época que permite reconstruir los últimos años de la vida del pintor y la situación del exilio español en Francia en los primeros años del siglo XIX.
Tras el fantasma del gitano español que enseñó a Leonard Cohen los seis acordes con los que construyó su legado
Esa representación se va salpicando con jugosos apuntes intrahistóricos como el que protagoniza el cónsul en Burdeos que inició los trámites de repatriación que, en la línea del «Vuelva usted mañana» de Larra, tuvo que bregar con la lentitud y la desidia de una administración que dio durante mucho tiempo la callada por respuesta y tardó varios años en iniciar las gestiones para enterrar a Goya en España.
Lejos de ser excepcional, la dimensión alegórica de ese pasaje alcanza a toda la obra, que en cierto modo puede leerse como una lúcida meditación sobre la historia y la cultura españolas en la que no hay atisbo alguno de pedantería. La cabeza perdida del artista aragonés, cuyo paradero hoy sigue siendo desconocido, funciona como símbolo de un país al que muchas veces le cuesta definir su identidad y asumir su tradición.
Muy recomendable tanto para los interesados en la figura del pintor como para los neófitos, 'La cabeza de Goya' sigue la tendencia de Barrero de combinar géneros a partir de personajes históricos, como hizo en el pasado con el ya citado Cohen, con Antonio Machado, con Michi Panero o con Pessoa. Y demuestra que ser buen escritor, más que una cuestión de estilo, implica saber mirar y encontrar historias donde los demás no ven nada.
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