Margarita Robles: «Hay actores interesados que probablemente hayan favorecido esta crisis o estén utilizándola con una clara finalidad política de desestabilización de España y la Unión Europea». Félix Bolaños: «No existe ninguna evidencia de que Marruecos haya liderado o impulsado la entrada de miles de personas en la frontera de Ceuta el 30 de julio».
Éstas son las dos versiones contrapuestas ofrecidas desde el seno del Gobierno sobre la presumible responsabilidad de Rabat en la avalancha que sufrió hace un mes la ciudad autónoma: una, la minoritaria, esgrimida en solitario por la ministra de Defensa en su comparecencia en el Congreso del martes, pero compartida en líneas generales por los socios parlamentarios de la coalición; la otra, la oficial de La Moncloa, sostenida ayer por el responsable de la cartera de Presidencia y Justicia en su propia rendición de cuentas en la Cámara Baja. Se da por hecho que los responsables de Interior y Exteriores, Fernando Grande-Marlaska y José Manuel Albares, no se moverán hoy de la línea de exonerar de cualquier atisbo de culpa al país vecino, al que no han dejado de definir como «un socio fiable».
En su intervención de ayer, Bolaños respondió con rotundidad a las críticas a esta posición que le trasladaron todos los grupos y, de forma indirecta, también a su compañera Robles. Advirtió que no se pueden «lanzar insidias y sospechas» sobre un país fronterizo «con el que hay que cooperar y tener buenas relaciones de vecindad», recomendó en concreto al PP y a Vox «un curso acelerado de diplomacia básica» ante la eventualidad de que algún día lleguen a dirigir el país y reconvino con carácter generalizado: «Se está faltando al respeto sin ninguna prueba a Marruecos».
Además, el vicepresidente político de facto desautorizó públicamente a la titular de Defensa por haber afirmado el martes en el Congreso que el CNI alertó de lo que podía pasar en la frontera marítima de Ceuta. «El Gobierno no tenía información ni previa ni precisa de la magnitud de la entrada de 70.000 personas. Ésta es la realidad», subrayó aquilatando así el relato con el que Interior ha tratado de justificar desde el inicio de la crisis migratoria que no se reforzara la seguridad.
La versión promarroquí de esta crisis la marcó el propio Pedro Sánchez en su hasta ahora única visita a Ceuta, el 31 de julio, en la que denunció «un ataque a la integridad de España» mientras alababa al mismo tiempo la «cooperación» del país vecino.Y éste es el guión que han seguido todos los ministros que han realizado intervenciones sobre el tema, incluido Ángel Víctor Torres, desde el miércoles responsable de coordinar la respuesta a esta emergencia -y que ayer declaró también en el Congreso-, salvo Robles, que también es la única que ha alertado sobre la «constatación de la proliferación de ataques y amenazas híbridas».
La posición de los socios, en cambio, está más próxima a la de la responsable de las Fuerzas Armadas y del CNI que al argumentario de Moncloa. Dos de los aliados más fieles del Gobierno en esta legislatura fueron ayer particularmente contundentes: Bildu lo instó a dejar de hacer de «pagafantas» con el argumento de que «no hace falta ser Pericles» para ver que Marruecos no ha colaborado, mientras en ERC señalaron que «por poco que se sepa de diplomacia» es evidente que «no se toleraría» algo similar a lo que ha ocurrido en Ceuta por parte de Francia o Portugal y que así les ponen «difícil» mantener el apoyo parlamentario a la coalición.
Incluso desde las filas de Sumar reclamaron al socio mayoritario del Gobierno que es necesario hablar del «régimen despótico marroquí» y aprovecharon también para reprocharle el giro de 180 grados respecto al Sáhara de 2022, cuando el Ejecutivo de Sánchez abandonó la postura histórica de neutralidad y próxima al marco de la ONU para apoyar el plan de autonomía de Rabat. El PNV, a su vez, reclamó que es necesario saber por qué la nación fronteriza «abandonó» la vigilancia en las horas previas a la entrada masiva y rechaza ahora la repatriación de cadáveres, mientras Junts incidió en que al espionaje con Pegasus del presidente y varios ministros se haya respondido con «silencio y cartas de agradecimiento».
Bolaños despachó todos estos argumentos y los del PP y Vox -aún más duros- aduciendo que se estaban haciendo «afirmaciones muy graves sobre Marruecos sin pruebas», sólo con «conjeturas». Asimismo, enmarcó las declaraciones de varios ministros del país de Mohamed VI reclamando la soberanía y la «liberación» de Ceuta y Melilla en «una pugna electoral» ante los comicios generales que se celebrarán el 23 de septiembre y no en «la realidad» de las relaciones bilaterales con España.
Por su parte, Torres trasladó ayer el compromiso del Ejecutivo para que la ciudad autónoma que recibió una avalancha de personas similar a su población vuelva a la «normalidad cuanto antes», aunque 29 días después del salto ni siquiera hay una estimación oficial de cuántos inmigrantes en situación irregular permanecen allí. El plazo, prorrogable, que ha marcado el Gobierno es el 31 de diciembre, aunque el titular de Política Territorial dijo que van a «intentar que todo sea acortado».