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La capital china busca convertirse en un epicentro global mediante icónicas obras arquitectónicas que combinan tradición y modernidad, afirman la identidad local y elevan los niveles de turismo.
En el año 1978,China decidió crear la Gran Muralla Verde con el objetivo de detener el avance del desierto y recuperar tierras degradadas. Hasta la actualidad, se han plantado aproximadamente 66.000 árboles de distintas especies y la superficie de bosque ha pasado de sólo un 4% a un 17% del total del territorio del país. Ahora que tanto se habla de incendios en España quizá mirar a China, sin prejuicios ideológicos, serviría para encontrar alguna lección de cómo recuperarse del desastre con voluntad política y mirando a largo plazo. Quizá sea eso lo que falte en nuestro país.
Con 1.400 millones de habitantes, la realidad es que China no es un país uniforme en cuanto a paisaje, arquitectura o cultura, pero sí ha conseguido tener una visión única sobre lo que quiere ser en el futuro y llevan años trabajando en ello. China quiere ser global y su capital es el mejor ejemplo de cómo conseguir este objetivo.
"Cuando paseas por sus calles puedes pasar de ver un hutong tradicional a una gran obra de arquitectura contemporánea en apenas unos minutos, y esa transición forma parte de su identidad. No es una ciudad homogénea ni pretende serlo. Precisamente su riqueza está en que ha ido creciendo por capas y todavía hoy es posible leer esa evolución a través de sus espacios. Pekín nos recuerda que una ciudad nunca deja de construirse", define Núria Vílchez, arquitecta y CEO de Next Arquitectura y Human by Next.
¿Cuál es el principal reto de una ciudad que visitaron el año pasado 20 millones de turistas -un 61% más que el año anterior-? "Gestionar la disonancia entre su condición de capital global de la vanguardia arquitectónica y las severas restricciones de su ecosistema digital. Mientras que la ciudad comunica apertura, experimentación formal y sofisticación tecnológica a través de sus edificios, la censura institucional y el bloqueo de las redes sociales o medios occidentales, limitan la naturalidad del flujo informativo", responde Pati Núñez, experta en gestión y reputación del entorno construido.
Así, Pekín debería evitar que el relato de ser escaparate urbano y de atraer a los mejores arquitectos del mundo colisione con la percepción de rigidez informativa y "lograr que la ciudad y sus edificios hablen con la suficiente fuerza como para trascender las barreras del entorno digital cerrado".
Este contraste entre lo prohibido y lo global marca el carácter de la construcción en Pekín, que atrae proyectos innovadores, que deben convivir con lo tradicional. "Conservar no significa impedir que una ciudad evolucione. Significa conseguir que cada nueva intervención entienda el lugar donde se implanta y aporte valor sin hacer desaparecer lo que le da identidad", explica Vílchez, que cree que éste es uno de los principales desafíos de Pekín, ser una ciudad en la que historia y modernidad puedan convivir.
Por eso la arquitecta elige la Ciudad Prohibida como la visita imprescindible. "Más allá de su importancia histórica, es un lugar fascinante porque demuestra cómo la arquitectura puede construir una experiencia. Los recorridos, la secuencia de patios, los cambios de escala o la relación entre los espacios hacen que el lugar se descubra poco a poco. La arquitectura deja de ser interesante cuando solo se mira; empieza a serlo cuando se vive". Núñez añade la Plaza de Tiananmen para entender la fisionomía de la ciudad.
En esa aspiración de ser escaparate global, estudios como OMA, del neerlandés Rem Koolhaas; el suizo Herzog & de Meuron; o ZHA, fundado por la arquitecta iraní fallecida Zaha Hadid, compiten con locales que también han ganado el Pritzker como Liu Jiakun (2025), que se alinea a la tendencia internacional de buscar el equilibrio entre estética, sostenibilidad y humanidad, o Wang Shu (2012), que en cambio reinterpreta la arquitectura tradicional china usando materiales reciclados y técnicas artesanales. "El diseño en Pekín no es un ejercicio estético aislado, sino un instrumento clave de diplomacia pública y afirmación nacional", concluye Núñez.
Edificio de altura
DreamstimeEl rascacielos más alto de Pekín, el segundo del país, es CITIC Tower o China Zun, cuyo diseño se inspira en un antiguo vaso ritual de bronce chino llamado 'zun'. Con 528 metros, la torre se empezó a construir en 2012 y se inauguró en 2018. En sus 109 plantas hay oficinas, un hotel y apartamentos de lujo, así como un helipuerto en su azotea que es el más alto del mundo. La compañía de arquitectura con sede en Nueva York Kohn Pedersen Fox Associates fue la encargada de diseñarlo y seguirá presumiendo de altura al limitar la ciudad a 180 metros la construcción de nuevas torres.
Emoción y memoria
EfeEl Estadio Nacional de Pekín albergó los Juegos Olímpicos de Verano de 2008 y 2022 y los Paralímpicos de Invierno de 2022. Con una superficie de 204.000 metros cuadrados y una capacidad para 91.000 espectadores, presenta una singular estructura de acero abierta que se asemeja a un nido -se le conoce como Nido de Pájaro- y simboliza la esperanza en el futuro. Su diseño lo firman Herzog & de Meuron y el artista Ai Weiwei. "Demuestra cómo una infraestructura también puede tener identidad, emocionar y acabar formando parte de la memoria colectiva de una ciudad", asegura la arquitecta Núria Vílchez.
Innovación y bienestar son compatibles
DreamstimeLeeza SOHO, de ZHA -antes Zaha Hadid Architects-, demuestra, según Vílchez, "que la tecnología y la sostenibilidad pueden formar parte de la arquitectura desde el inicio y no como un añadido posterior. La forma en que aprovecha la luz natural, organiza los espacios interiores e incorpora estrategias de eficiencia energética reafirma la idea de que innovación y bienestar pueden ir de la mano". Galaxy Soho, obra del mismo estudio, también juega con las formas curvas.
Integración de la arquitectura de autor
DreamstimeLa imponente sede de la CCTV proyectada por OMA, estudio fundado por Rem Koolhaas, es uno de los nuevos iconos de Pekín. "Junto a otros proyectos nuevos, demuestra cómo la arquitectura de autor internacional se integra en el imaginario estatal para proyectar una imagen de modernidad absoluta, audacia técnica y hegemonía económica ante la audiencia global", define Pati Núñez, que cree que es una estrategia de marca ciudad exitosa.
Atractivo estético
La acumulación de obras de premios Pritzker "opera como catalizador de validación técnica y estética", define Pati Núñez, que añade: "Este patrimonio neutraliza dota a la capital de un atractivo estético innegable que seduce a prescriptores culturales y flujos turísticos internacionales de alto nivel". El último arquitecto chino en ganar dicho galardón ha sido Liu Jiakun (2025). En la imagen, el primer Pabellón Serpentine fuera del Reino Unido, obra de su estudio.
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