- JUAN CARLOS CUBEIRO
- Whakapapa: el secreto de los equipos de mayor rendimiento
- Por qué los empleados felices son más productivos y creativos
El concepto del ikigai, originado en Japón, responde a la necesidad de encontrar el sentido a lo que hacemos y a lo que somos. Conectar con el ikigai puede ser beneficioso en el mundo laboral, significa tener capacidad de adaptabilidad, de encontrar propósito y un valor diferencial.
Okinawa, en Japón, es una de las llamadas zonas azules, donde viven más personas centenarias. Dan Bruetner, investigador de National Geographic que ha indagado en las causas profundas de esta longevidad y bienestar, considera que el ikigai es esencial. Se trata de un concepto que une sus raíces en la era Helan (794-1185) y que se ha popularizado recientemente en todo el mundo. Está formado por la combinación de iki (vida) y gai (valor) y por tanto se traduce como "el valor de la vida" o "la razón de ser".
Entre las personas mayores de Okinawa, el cultivo del ikigai se realiza con rutinas simples, como cocinar, arar la tierra y recoger los frutos, ayudar a los demás o seguir aprendiendo. Nunca se jubilan, sino que siguen sirviendo a su propósito vital.
El ikigai es la intersección de cuatro elementos: la pasión, la misión, la vocación y la profesión. En otras palabras, lo que amas, a lo que te dedicas y sabes hacer especialmente bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pueden pagar. Cuando las cuatro áreas coinciden, se ha encontrado el ikigai.
¿Cómo conecta el ikigai con nuestra empleabilidad? Si entendemos esta última como la capacidad que tenemos de ser empleables, por cuenta propia o por cuenta ajena, en el mundo actual, esta va más allá de las habilidades técnicas; requiere de automotivación, de propósito, de adaptabilidad constante a lo que los mercados necesitan y, por supuesto, de valor diferencial, que es lo que es el talento: una inteligencia triunfante.
Es el concepto de Invierte la búsqueda (Conecta), de la experta Madeline Mann, y de su modelo Glory, siglas en inglés de lo que se podría traducir como: reúna las palabras clave que le definan, haga una lista de las tareas que ha realizado hasta la fecha, observe su historia para contarla de la mejor manera posible, refine sus logros y exprésese en positivo. Es la manera de elegir dónde y con quiénes desea estar, desde la pasión, misión, vocación y profesión, y no que sea la empresa la que le elija a usted. Ahora el poder lo tiene el talento y no tanto el empleador.
Convertirse en un samurái
El samurái, que tantas veces hemos visto en el cine, personifica como ninguna otra figura las ventajas del ikigaicomo unión de propósito de servicio, disciplina, maestría y profundo sentido de la vida. El samurái no entendía su papel en la sociedad nipona como un trabajo, sino como un camino vital. Su ikigai no era la guerra, sino la perfección de su propio carácter a través de la práctica marcial, la poesía, la estrategia, la filosofía y la estética.
Su pasión se mostraba en el camino recorrido, tanto o más que en el resultado. Su maestría y excelencia técnica como guerrero era indudable, porque dedicaba su vida a ello: a la espada, el arco, la equitación, la estrategia, la caligrafía o la meditación. Lo que el mundo necesitaba de los samuráis era que sirvieran a su señor, a su clan, a su comunidad. La necesidad social era preservar y mantener el orden, como una fuerza de seguridad actual. A cambio de su labor, el samurái recibía una compensación, un estipendio, en forma de tierras, arroz y ciertos privilegios. En el Japón feudal, su empleabilidad estaba asegurada.
Hoy en día, la conexión entre el propósito personal o ikigai y el propósito corporativo no puede estar más de moda. El profesor Álvaro Lleó y su equipo del proyecto Strength Purpose lo ha demostrado con evidencias científicas que pueden resumirse en siete puntos:
- Las palancas más desarrolladas para el propósito corporativo son el liderazgo y la comunicación horizontal que favorece la confianza y el compromiso de los equipos. ¿Las menos desarrolladas? La distribución de ese liderazgo a todos los niveles de la empresa y la conexión de los sistemas de gestión, generalmente rutinarios, con el propósito.
- El resultado más relevante a partir del propósito colectivo es el llamado comportamiento extra-rol, lo que hacen los profesionales de forma voluntaria más allá de lo que requiere su puesto de trabajo.
- La estrategia es la principal palanca en la implantación del propósito corporativo. Sin una bien diseñada y adecuadamente implantada, los logros son mínimos.
- La confianza es la clave de bóveda de todo el edificio, mientras que los valores de relación interpersonal y de contribución son grandes facilitadores del proceso.
- En las empresas de mayor dimensión, el efecto (positivo o negativo) de los sistemas de gestión es aún mayor.
- Sin propósito no hay compromiso. Tal vez por eso en muchas empresas el compromiso de sus empleados está en mínimos: porque el propósito corporativo se enuncia, pero no se vive.
- El impacto de la consistencia ofrece un resultado sorprendente. Debe haber un equilibrio entre conocimiento del propósito, interiorización y contribución. Por ello, el liderazgo auténtico, coherente entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos es más importante que nunca.
En este mundo tan VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo), tan acelerado, alocado y repleto de opciones, el ikigai responde a la necesidad esencial de encontrar sentido a lo que hacemos y a lo que somos. Ante la ansiedad creciente, la automatización y la búsqueda del equilibrio en nuestras vidas, el ikigai se convierte en una alternativa humana a lo que se impone hoy. Le animamos a definir tu ikigai y a aplicarlo a su carrera profesional para la empleabilidad.
Juan Carlos Cubeiro es autor de 'Autoliderazgo', Premio Nacional de Management y director de Estrategia y Liderazgo de Amrop.
La decadencia económica de EuropaEl galeón español que se hundió con un tesoro de 20.000 millonesLas claves de Shackleton para decidir en la niebla Comentar ÚLTIMA HORA