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“¿Qué narices es eso?” La guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial: drones convertidos en Uber de robots de combate

“¿Qué narices es eso?” La guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial: drones convertidos en Uber de robots de combate
Artículo Completo 1,054 palabras
En Ucrania, la guerra se está transformando a una velocidad brutal por la irrupción masiva de drones y robots, máquinas y dispositivos que han dejado de ser complemento a parte central del combate. Cada semana aparecen nuevas formas de usarlos para reconocer, atacar, evacuar o mover suministros sin exponer a soldados, y eso está obligando a adaptar tácticas casi en tiempo real.  Lo que no imaginábamos era hasta qué punto.  Cruzar una línea. En Ucrania, esa “guerra de máquinas” ha entrado en una fase tan delirante como lógica, una en la que un dron ya no es solo un arma o un ojo en el cielo, sino un medio de transporte: soldados ucranianos han empezado a usar drones aéreos como si fueran Ubers improvisados para robots de combate, cargando pequeños vehículos terrestres y soltándolos cerca de posiciones rusas para ahorrar tiempo y, sobre todo, sangre.  La imagen la describían mandos militares al medio Insider, cuando los soldados del frente veían con estupefacción y sorpresa la escena casi absurda (una plataforma voladora llevando a otra plataforma armada), pero que resume mejor que nada el momento tecnológico del frente: las continuas combinaciones imposibles que nacen de una necesidad simple y brutal, poner capacidades en el terreno sin exponer a un humano ni un segundo más de lo imprescindible. En Espinof 41 millones de visualizaciones en 3 días. El primer gran éxito de Netflix en 2026 es el nuevo thriller del director de una de las mejores películas de Gerard Butler El truco. Aquí aparece una compañía de la que hemos hablado antes. Ark Robotics, que suministra robots autónomos a más de 20 brigadas, cuenta que esta táctica ha sorprendido incluso a su propio CEO, Achi, que habla en Insider bajo seudónimo por seguridad y que al verla reaccionó con una mezcla de incredulidad y alarma, antes de admitir que tenía todo el sentido del mundo.  Un dron grande transporta un robot terrestre pequeño hacia delante y lo “deja caer” para desplegarlo directamente donde interesa, evitando el tramo más vulnerable del viaje, ese avance lento por tierra que expone al UGV a minas, fuego directo, barro, cráteres y detección. La idea es tan simple que da miedo: no se trata de inventar una maravilla, sino de saltarse el recorrido que produce bajas, y convertir el despliegue en algo rápido y seguro para el operador humano. Por qué tiene sentido. El motivo por el que esta locura funciona es que el combate aéreo y el terrestre se complementan en la guerra moderna: los drones aéreos son numerosos, pueden cubrir distancias con rapidez y cruzar zonas peligrosas con más facilidad, pero son ruidosos, visibles y necesitan quedarse cerca para observar o atacar. Los robots terrestres, en cambio, son lentos para llegar, pero cuando están ya en posición pueden hacer cosas que desde el aire no se ejecutan igual: meterse en trincheras, entrar en refugios, acercarse sin cantar su presencia, colocar explosivos, recoger inteligencia, disparar con más estabilidad y permanecer ocultos junto a un punto enemigo como si fueran parte del paisaje. Esa especie de dron-Uber resuelve precisamente el cuello de botella: no mejora el robot en sí, mejora el “cómo lo llevas” al sitio donde empieza a ser realmente peligroso. Robot terrestre ucraniano Innovación demencial… con lógica. Este tipo de híbridos muestra hasta qué punto la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio que ya no diferencia entre categorías clásicas, porque todo se mezcla con tal de ganar segundos y reducir bajas. No es solo creatividad sin más: es creatividad por supervivencia, exprimir cualquier herramienta hasta sacarle usos que no estaban en los planos. Otros fabricantes como Milrem Robotics también han reconocido que los ucranianos han empleado sus robots de maneras inesperadas, y que esa presión del frente está reescribiendo el diseño de sistemas en tiempo real, en ciclos de cambios tan rápidos que parecen imposibles en la industria tradicional. El coste de la velocidad. El problema para empresas como Ark es que esta “fase demencial” de la guerra de máquinas obliga a innovar con una rapidez que puede volverse en contra: si cambias demasiado, ya no produces en serie, y si produces sin cambiar, te quedas atrás.  Achi describe un ritmo de iteración casi inhumano, con múltiples modificaciones en semanas, y el riesgo permanente de seguir tendencias equivocadas que comprometan fiabilidad y volumen. En la práctica, la guerra les exige hacer dos cosas incompatibles a la vez: experimentar como un taller improvisado y fabricar como una industria de verdad. En Xataka Arabia Saudí y Emiratos Árabes importan millones de toneladas de arena cada año pese a vivir sobre desiertos inmensos El futuro que asoma. Aunque los robots terrestres aún son minoritarios frente al torrente de drones aéreos, la escena con los robots de Ark deja claro que es un sector en expansión y que el frente está empujando hacia un modelo en el que la primera línea se sostiene cada vez más con máquinas.  La compañía desarrolla un sistema llamado Frontier para coordinar miles de drones y robots con mínima intervención humana, y la idea que flota por encima de todo es tan inquietante como coherente: si mover personas cerca del frente es cada vez más absurdo, la guerra tenderá a mover máquinas, y Ucrania está explotando esa lógica a lo grande.  Imagen | Ministry of Defense of Ukraine En Xataka | La guerra de drones en Ucrania da miedo por una razón: se llama Sirius-82 y ha convertido los ríos en campos de mina modernos En Xataka | Ucrania ha llamado a un grupo de cazadores para una misión sin precedentes: evitar que los misiles rusos le congelen - La noticia “¿Qué narices es eso?” La guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial: drones convertidos en Uber de robots de combate fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
“¿Qué narices es eso?” La guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial: drones convertidos en Uber de robots de combate

Si mover personas cerca del frente es cada vez más absurdo, la guerra tenderá a mover máquinas

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Miguel Jorge

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En Ucrania, la guerra se está transformando a una velocidad brutal por la irrupción masiva de drones y robots, máquinas y dispositivos que han dejado de ser complemento a parte central del combate. Cada semana aparecen nuevas formas de usarlos para reconocer, atacar, evacuar o mover suministros sin exponer a soldados, y eso está obligando a adaptar tácticas casi en tiempo real. 

Lo que no imaginábamos era hasta qué punto. 

Cruzar una línea. En Ucrania, esa “guerra de máquinas” ha entrado en una fase tan delirante como lógica, una en la que un dron ya no es solo un arma o un ojo en el cielo, sino un medio de transporte: soldados ucranianos han empezado a usar drones aéreos como si fueran Ubers improvisados para robots de combate, cargando pequeños vehículos terrestres y soltándolos cerca de posiciones rusas para ahorrar tiempo y, sobre todo, sangre. 

La imagen la describían mandos militares al medio Insider, cuando los soldados del frente veían con estupefacción y sorpresa la escena casi absurda (una plataforma voladora llevando a otra plataforma armada), pero que resume mejor que nada el momento tecnológico del frente: las continuas combinaciones imposibles que nacen de una necesidad simple y brutal, poner capacidades en el terreno sin exponer a un humano ni un segundo más de lo imprescindible.

En Espinof41 millones de visualizaciones en 3 días. El primer gran éxito de Netflix en 2026 es el nuevo thriller del director de una de las mejores películas de Gerard Butler

El truco. Aquí aparece una compañía de la que hemos hablado antes. Ark Robotics, que suministra robots autónomos a más de 20 brigadas, cuenta que esta táctica ha sorprendido incluso a su propio CEO, Achi, que habla en Insider bajo seudónimo por seguridad y que al verla reaccionó con una mezcla de incredulidad y alarma, antes de admitir que tenía todo el sentido del mundo. 

Un dron grande transporta un robot terrestre pequeño hacia delante y lo “deja caer” para desplegarlo directamente donde interesa, evitando el tramo más vulnerable del viaje, ese avance lento por tierra que expone al UGV a minas, fuego directo, barro, cráteres y detección. La idea es tan simple que da miedo: no se trata de inventar una maravilla, sino de saltarse el recorrido que produce bajas, y convertir el despliegue en algo rápido y seguro para el operador humano.

Por qué tiene sentido. El motivo por el que esta locura funciona es que el combate aéreo y el terrestre se complementan en la guerra moderna: los drones aéreos son numerosos, pueden cubrir distancias con rapidez y cruzar zonas peligrosas con más facilidad, pero son ruidosos, visibles y necesitan quedarse cerca para observar o atacar.

Los robots terrestres, en cambio, son lentos para llegar, pero cuando están ya en posición pueden hacer cosas que desde el aire no se ejecutan igual: meterse en trincheras, entrar en refugios, acercarse sin cantar su presencia, colocar explosivos, recoger inteligencia, disparar con más estabilidad y permanecer ocultos junto a un punto enemigo como si fueran parte del paisaje. Esa especie de dron-Uber resuelve precisamente el cuello de botella: no mejora el robot en sí, mejora el “cómo lo llevas” al sitio donde empieza a ser realmente peligroso.

Robot terrestre ucraniano

Innovación demencial… con lógica. Este tipo de híbridos muestra hasta qué punto la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio que ya no diferencia entre categorías clásicas, porque todo se mezcla con tal de ganar segundos y reducir bajas. No es solo creatividad sin más: es creatividad por supervivencia, exprimir cualquier herramienta hasta sacarle usos que no estaban en los planos.

Otros fabricantes como Milrem Robotics también han reconocido que los ucranianos han empleado sus robots de maneras inesperadas, y que esa presión del frente está reescribiendo el diseño de sistemas en tiempo real, en ciclos de cambios tan rápidos que parecen imposibles en la industria tradicional.

El coste de la velocidad. El problema para empresas como Ark es que esta “fase demencial” de la guerra de máquinas obliga a innovar con una rapidez que puede volverse en contra: si cambias demasiado, ya no produces en serie, y si produces sin cambiar, te quedas atrás. 

Achi describe un ritmo de iteración casi inhumano, con múltiples modificaciones en semanas, y el riesgo permanente de seguir tendencias equivocadas que comprometan fiabilidad y volumen. En la práctica, la guerra les exige hacer dos cosas incompatibles a la vez: experimentar como un taller improvisado y fabricar como una industria de verdad.

En XatakaArabia Saudí y Emiratos Árabes importan millones de toneladas de arena cada año pese a vivir sobre desiertos inmensos

El futuro que asoma. Aunque los robots terrestres aún son minoritarios frente al torrente de drones aéreos, la escena con los robots de Ark deja claro que es un sector en expansión y que el frente está empujando hacia un modelo en el que la primera línea se sostiene cada vez más con máquinas. 

La compañía desarrolla un sistema llamado Frontier para coordinar miles de drones y robots con mínima intervención humana, y la idea que flota por encima de todo es tan inquietante como coherente: si mover personas cerca del frente es cada vez más absurdo, la guerra tenderá a mover máquinas, y Ucrania está explotando esa lógica a lo grande. 

Imagen | Ministry of Defense of Ukraine

En Xataka | La guerra de drones en Ucrania da miedo por una razón: se llama Sirius-82 y ha convertido los ríos en campos de mina modernos

En Xataka | Ucrania ha llamado a un grupo de cazadores para una misión sin precedentes: evitar que los misiles rusos le congelen

Fuente original: Leer en Xataka
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