- SARAH O'CONNOR
Enero no es la época ideal para empezar a plantearnos cosas nuevas.
En esta época del año en el hemisferio norte, las ranas de bosque norteamericanas llenan sus células de anticongelante para sobrevivir al gélido invierno. Este proceso detiene su corazón y su respiración. Los insectos entran en un estado de desarrollo suspendido llamado diapausa. Y millones de humanos compran nueva equipación para hacer ejercicio, se plantean ambiciosos propósitos y comienzan nuevos proyectos en el trabajo.
¿Por qué este valiente intento de pisar el acelerador justo cuando el resto de la naturaleza baja el ritmo? Es cierto que los humanos no estamos tan biológicamente en sintonía con las estaciones como muchos otros animales. Pero tampoco nos dejan indiferentes. De hecho, según un artículo académico, las estaciones "ejercen profundas influencias en las poblaciones de todo el mundo", desde el tipo de canciones que elegimos escuchar en Spotify hasta los tipos de comida que nos apetece comer. Puede que no hibernemos en invierno, pero sí nos sentimos más débiles, más pesados y más tristes. Eso hace que enero no sea el momento ideal para los que vivimos en el hemisferio norte para empezar cosas nuevas.
También existen barreras prácticas a muchos de nuestros propósitos. Empezar una rutina de ejercicios, por ejemplo, cuando las noches son más largas, el clima más frío y la probabilidad de que un virus invernal nos deje fuera de combate es máxima. Esto dispara las probabilidades de fracaso.
Entonces, ¿por qué actuamos así? Generalmente se culpa a los romanos de inculcarnos la idea de que enero marca el comienzo del año y, por lo tanto, el momento de empezar de cero. Pero ellos no empezaron así: bajo el calendario romano original, el año comenzaba en marzo(por eso septiembre, octubre, noviembre y diciembre reciben sus nombres de los números romanos siete, ocho, nueve y diez). Enero y febrero ni siquiera tenían nombre; eran sencillamente una época invernal anodina.
No podemos volver atrás, por supuesto. Pero que el calendario oficial comience el 1 de enero no significa que no podamos elegir nuestro propio año nuevo "psicológico". En su libro The Gifts of Winter, la psicóloga Stephanie Fitzgerald argumenta que enero, febrero y marzo serían más agradables para las personas del hemisferio norte si los viéramos como el final del año, en lugar del comienzo de uno nuevo. "Podemos sumergirnos en tres meses más de acogedora felicidad, aliviando la presión de levantarnos y ponernos en marcha hasta que reunamos la energía y los recursos necesarios", escribe.
Puede que "acogedora felicidad" suene excesivo, pero tiene sentido intuitivo ver la primavera como el verdadero comienzo del nuevo año: una época en la que los días se alargan, la tierra se calienta, las plantas empiezan a crecer y nacen muchas crías de animales y pájaros.
También permitiría que nos preparáramos de forma más gradual para nuestros nuevos propósitos y proyectos, en lugar del giro brusco que esperamos dar entre Navidad y Año Nuevo, cuando pasamos directamente del pijama y la tabla de quesos a la licra y las infusiones de cúrcuma. Este año, he decidido posponer mis propósitos de Año Nuevo hasta la primavera, y hasta ahora me siento bastante mejor con respecto a enero (un mes que detesto).
Eso aún deja la duda de cuándo, exactamente, debería empezar mi nuevo año psicológico. La opción obvia sería coincidir con el equinoccio de primavera en marzo (al igual que Nowruz, el año nuevo persa). Pero marzo sigue siendo demasiado frío para mí, que vivo en Reino Unido. Fitzgerald sugiere el 1 de abril, el inicio del año fiscal del gobierno británico. Pero ese día ya tiene una identidad propia: el Día de los Inocentes.
Existe una alternativa: el excéntrico año fiscal del Reino Unido, que va del 6 de abril al 5 de abril del año siguiente por complejas razones históricas que incluyen el pago de alquileres medievales, los impuestos a las ventanas y el Papa Gregorio XIII.
Muchos otros países, como Estados Unidos, Francia y Alemania, tienen un año fiscal que coincide con el año natural. Irlanda se incorporó al grupo de los sensatos en 2002 al trasladar su año fiscal del 5 de abril al 31 de diciembre.
Pero Reino Unido se ha mantenido firme. Hubo un momento de peligro en 2021, cuando la Oficina de Simplificación Fiscal elaboró un informe de 70 páginas sobre las ventajas de cambiar el año fiscal. Pero en 2023, la propia OTS acabó desapareciendo.
Es probable que el año fiscal de Reino Unido no tenga sentido desde una perspectiva administrativa. Pero desde una perspectiva psicológica, tiene justificación. Si usted también tiene problemas con enero, lo invito a unirse a mí para cambiar su calendario personal y hacerlo coincidir con ese verdadero guardián de los ritmos profundos del alma humana: la Hacienda británica.
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