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Querer mejor que un alien

Querer mejor que un alien
Artículo Completo 1,062 palabras
Siempre hay un chiste que explica bien algo , y el amor no iba a ser menos. Un hombre está en una iglesia, rezando, y mirando al cielo pregunta: «¿Por qué me pasa todo a mí, Señor?». Dios aparece en lo alto, y desde su nube responde «no sé, Juan, es que no te soporto ». Hay otro, de Louis CK , parte de su monólogo 'Sorry' que dice así: «Cuando estás en problemas, te das cuenta de quiénes son tus mejores amigos. La gente dice eso como si fuese algo positivo. ¿Quién narices quiere saber cuáles son sus mejores amigos? No quieres saberlo. Créeme. No quieres saberlo. Nunca es quien quieres que sea. No son tus amigos guays, no son tus amigos divertidos, son tus amigos de verdad. «Estoy aquí para ti». Ya lo sé, joder ».Pese a que la enormidad del amor, en cualquiera de sus formas, pueda hacernos querer tirar la toalla al intentar comprenderlo, hay algunas reglas que son prácticamente universales. Lo complaciente cansa , por ejemplo. Cuando el sentimiento se usa como excusa, como una manta para tapar heridas o falta de comunicación, cuando el cariño se ofrece por inercia; o, peor aún, cuando se muestra por defecto, sin pensar, sin esfuerzo; se rechaza. La razón es sencilla, y creo que esta frase es de Jean Cocteau : no existe el amor, solo las muestras de amor. Es decir, querer no significa nada, lo importante es cómo se traduce nuestro afecto .Un tío insufribleEntendemos que Dios no soporte a Juan, porque por muy fiel que sea, completamos su relación imaginando que el tío será insufrible, le podemos incluso construir toda una vida lastimosa alrededor en la que ha renunciado a esforzarse o cambiar, en la que intenta tapar sus defectos acudiendo fervorosamente a misa. Y pese a que los amigos de verdad son mucho mejores que los que van y vienen, numerosas veces nos hemos sentido, como CK , deseando que ese grupo inamovible trabaje un poco por mejorar, por ser más divertido, por lo que sea. No me puedo creer que esté explicando los chistes solo por rellenar palabras para esta columna.Louis CKEn 'Pluribus' , una raza alienígena elimina la autonomía de todos los humanos, convirtiéndolos en una mente colmena absurdamente feliz . Carol Sturka (Rhea Seehorn, reciente ganadora del Globo de Oro [que, en realidad, le debían por 'Better Call Saul']), escritora de Nuevo México, es inmune al virus de la alegría. En el segundo capítulo, una mujer llamada Zosia se presenta en su casa. Es un cuerpo seleccionado por la colmena para agradar a Carol, visiblemente afectada. El razonamiento del cuerpo es sencillo. «Solo queremos que seas feliz», espeta. Aparentemente, lo dicen de verdad. A su disposición están todos los recursos y caprichos del planeta. Lo único que no arreglan es la tontería esa de la invasión. Carol, date cuenta, tan feliz no te querrán. De nuevo, el amor y las muestras de amor.Carol, pequeño espóiler, se ablandará. Y es que, aunque me duela emplear un cliché, a todo se acostumbra uno. Desde fuera, las relaciones de otros pueden no tener sentido, se observan con rapidez las grietas, todas las razones por las que deberían deshacerse. En la intimidad de la amistad, de la pareja, de la familia, la cosa cambia, y cada fisura se entiende más por el esfuerzo de mantener las dos partes pegadas que por la fealdad que otorga al conjunto. Yo creo que es mejor romper lo que nos hace daño, pero hay demasiadas realidades para que pueda estar seguro, para poder elegir, convencido, entre la convivencia sorda o la separación atenta al ruido. Imagino que lo ideal es la madurez que supera ambas.Vivimos en una época más preocupada por la muestra de dolor que por su reparaciónUna vez queda claro que Carol, al menos de entrada, no va a ser feliz con los alienígenas por muchas cosas que estos le ofrezcan, y que lo que realmente anhela es la liberación de la raza humana , algo que no está en el menú, los 'afuerinos' se ponen lánguidos. Comienzan a disculparse una y otra vez. Pocas cosas más desesperantes que aquellos que piden ser absueltos sin arrepentimiento, los que te dicen que lo sienten, pero no hacen nada para detener el daño. Los invasores se lamentan por herir a Carol, pero continúan con la colonización , porque no les da ninguna pena.Ojo con esta actitud, que 'Pluribus' describe tan bien. Lo que hay en el comportamiento marciano no es perdón real, es perdón fingido . Parece obvio, pero al arrepentirse y al solicitar clemencia, uno debe cambiar su conducta.Los matices del remordimiento me obsesionan, porque vivimos en una época (o quizás lo han sido todas) más preocupada por la muestra de dolor que por la reparación. Hace años, el 'Daily Mail', un tabloide británico, pedía disculpas públicas a George Clooney y Amal Alamuddin por haber diseñado una historia falsa sobre la pareja. Una disculpa motivada por posibles repercusiones legales, que por supuesto no entrañaba ningún cambio en su línea editorial. Una disculpa muerta. Como esta, muchísimas otras, textos en blanco y negro subidos con prisa a redes sociales, más enfocados en detener una hemorragia laboral o económica que en otra cosa.A pesar de todo, confieso que viendo la serie no dejaba de pensar en lo poco orgulloso que sería yo en ese contexto y lo fácil que sería convencerme. Y que la segunda cosa que haría si me tocase ser Carol sería pedir una cena con Tom Cruise . Feliz día a todos.

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Siempre hay un chiste que explica bien algo, y el amor no iba a ser menos. Un hombre está en una iglesia, rezando, y mirando al cielo pregunta: «¿Por qué me pasa todo a mí, Señor?». Dios aparece en lo alto, y desde su ... nube responde «no sé, Juan, es que no te soporto». Hay otro, de Louis CK, parte de su monólogo 'Sorry' que dice así: «Cuando estás en problemas, te das cuenta de quiénes son tus mejores amigos. La gente dice eso como si fuese algo positivo. ¿Quién narices quiere saber cuáles son sus mejores amigos? No quieres saberlo. Créeme. No quieres saberlo. Nunca es quien quieres que sea. No son tus amigos guays, no son tus amigos divertidos, son tus amigos de verdad. «Estoy aquí para ti». Ya lo sé, joder».

Pese a que la enormidad del amor, en cualquiera de sus formas, pueda hacernos querer tirar la toalla al intentar comprenderlo, hay algunas reglas que son prácticamente universales. Lo complaciente cansa, por ejemplo. Cuando el sentimiento se usa como excusa, como una manta para tapar heridas o falta de comunicación, cuando el cariño se ofrece por inercia; o, peor aún, cuando se muestra por defecto, sin pensar, sin esfuerzo; se rechaza. La razón es sencilla, y creo que esta frase es de Jean Cocteau: no existe el amor, solo las muestras de amor. Es decir, querer no significa nada, lo importante es cómo se traduce nuestro afecto.

Entendemos que Dios no soporte a Juan, porque por muy fiel que sea, completamos su relación imaginando que el tío será insufrible, le podemos incluso construir toda una vida lastimosa alrededor en la que ha renunciado a esforzarse o cambiar, en la que intenta tapar sus defectos acudiendo fervorosamente a misa. Y pese a que los amigos de verdad son mucho mejores que los que van y vienen, numerosas veces nos hemos sentido, como CK, deseando que ese grupo inamovible trabaje un poco por mejorar, por ser más divertido, por lo que sea. No me puedo creer que esté explicando los chistes solo por rellenar palabras para esta columna.

En 'Pluribus', una raza alienígena elimina la autonomía de todos los humanos, convirtiéndolos en una mente colmena absurdamente feliz. Carol Sturka (Rhea Seehorn, reciente ganadora del Globo de Oro [que, en realidad, le debían por 'Better Call Saul']), escritora de Nuevo México, es inmune al virus de la alegría. En el segundo capítulo, una mujer llamada Zosia se presenta en su casa. Es un cuerpo seleccionado por la colmena para agradar a Carol, visiblemente afectada. El razonamiento del cuerpo es sencillo. «Solo queremos que seas feliz», espeta. Aparentemente, lo dicen de verdad. A su disposición están todos los recursos y caprichos del planeta. Lo único que no arreglan es la tontería esa de la invasión. Carol, date cuenta, tan feliz no te querrán. De nuevo, el amor y las muestras de amor.

Carol, pequeño espóiler, se ablandará. Y es que, aunque me duela emplear un cliché, a todo se acostumbra uno. Desde fuera, las relaciones de otros pueden no tener sentido, se observan con rapidez las grietas, todas las razones por las que deberían deshacerse. En la intimidad de la amistad, de la pareja, de la familia, la cosa cambia, y cada fisura se entiende más por el esfuerzo de mantener las dos partes pegadas que por la fealdad que otorga al conjunto. Yo creo que es mejor romper lo que nos hace daño, pero hay demasiadas realidades para que pueda estar seguro, para poder elegir, convencido, entre la convivencia sorda o la separación atenta al ruido. Imagino que lo ideal es la madurez que supera ambas.

Vivimos en una época más preocupada por la muestra de dolor que por su reparación

Una vez queda claro que Carol, al menos de entrada, no va a ser feliz con los alienígenas por muchas cosas que estos le ofrezcan, y que lo que realmente anhela es la liberación de la raza humana, algo que no está en el menú, los 'afuerinos' se ponen lánguidos. Comienzan a disculparse una y otra vez. Pocas cosas más desesperantes que aquellos que piden ser absueltos sin arrepentimiento, los que te dicen que lo sienten, pero no hacen nada para detener el daño. Los invasores se lamentan por herir a Carol, pero continúan con la colonización, porque no les da ninguna pena.

Ojo con esta actitud, que 'Pluribus' describe tan bien. Lo que hay en el comportamiento marciano no es perdón real, es perdón fingido. Parece obvio, pero al arrepentirse y al solicitar clemencia, uno debe cambiar su conducta.

Los matices del remordimiento me obsesionan, porque vivimos en una época (o quizás lo han sido todas) más preocupada por la muestra de dolor que por la reparación. Hace años, el 'Daily Mail', un tabloide británico, pedía disculpas públicas a George Clooney y Amal Alamuddin por haber diseñado una historia falsa sobre la pareja. Una disculpa motivada por posibles repercusiones legales, que por supuesto no entrañaba ningún cambio en su línea editorial. Una disculpa muerta. Como esta, muchísimas otras, textos en blanco y negro subidos con prisa a redes sociales, más enfocados en detener una hemorragia laboral o económica que en otra cosa.

A pesar de todo, confieso que viendo la serie no dejaba de pensar en lo poco orgulloso que sería yo en ese contexto y lo fácil que sería convencerme. Y que la segunda cosa que haría si me tocase ser Carol sería pedir una cena con Tom Cruise. Feliz día a todos.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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