- ESTELA S. MAZO
El límite del rendimiento: por qué ganar no siempre garantiza autoridad.
La etapa de Xabi Alonso en el Real Madrid ha terminado de forma abrupta, como suelen hacerlo los proyectos en los que el margen para el error es inexistente porque se desenvuelven en entornos de alta presión. El lunes, el club confirmó su salida apenas 24 horas después de la derrota por 3-2 ante el Barça en la Supercopa. El relevo fue inmediato: Álvaro Arbeloa, antiguo compañero de Alonso en el Liverpool y en el propio Real Madrid, asumió el cargo.
El desenlace contrasta con el clima que había acompañado su regreso al Bernabéu unos meses antes. Alonso se hizo cargo del equipo antes del Mundial de Clubes del pasado verano. Llegaba desde el Bayer Leverkusen tras una impresionante racha en la Bundesliga -se coronó campeón en 2024 por primera vez en su historia, acabando con la racha de once títulos de liga consecutivos del Bayern de Múnich-. Los resultados le avalaban. Su arranque, de nuevo en base al marcador, fue difícilmente cuestionable: tres derrotas en sus primeros veinte partidos y un liderato en LaLiga con cinco puntos de ventaja en noviembre.
Aun así, los números finalmente no blindaron el proyecto. El equipo se mantenía a solo cuatro puntos del Barcelona, vigente campeón, y conservaba una posición sólida para avanzar en la Champions, pero su continuidad llevaba semanas en discusión. Las dudas se alimentaron tanto de un rendimiento irregular sobre el césped como de tensiones en el vestuario, claves en su relevo. Es en ese punto donde el caso dejó de ser exclusivamente deportivo.
Y es que la salida de Alonso del Madrid ha desbordado el marco del fútbol para convertirse en un ejemplo de los dilemas clásicos de la gestión en entornos de máxima exigencia. Es una historia deportiva, pero también un caso de estudio sobre resultados, poder, autoridad y responsabilidad. Desde una primera lectura, el análisis de Enoch Ndayezhin, experto en business management, sitúa el foco en una lógica tan incómoda como universal. "El rendimiento es lo más importante, y los resultados lo son todo". Para el directivo, la salida de Alonso apenas siete meses después de su llegada ilustra una realidad que atraviesa tanto los vestuarios como las salas de juntas: "El éxito pasado no garantiza el trabajo del mañana".
Así, el marcador anterior, con una racha histórica de 51 partidos sin perder que le valió a Alonso el calificativo de "arquitecto de los milagros", no fue suficiente en "el entorno de alto riesgo del club más exigente del mundo", con los ingresos más elevados del fútbol global y la mayor valoración de mercado.
Ese análisis pone el acento en la lógica del rendimiento. Pero el enfoque de Pablo Álamo, especialista en gobierno corporativo, desplaza el debate hacia una capa más profunda: la arquitectura del poder y la gobernanza. Para el directivo, el problema no se resuelve cambiando al entrenador porque "no se puede exigir autoridad a quien no se le otorga poder, ni resultados a quien no se le proporcionan los recursos necesarios". Desde esta perspectiva, sustituir al entrenador sin ordenar previamente la gobernanza equivale a "mover la silla mientras el problema sigue sobre la mesa". Álamo alerta de que respaldar comportamientos indisciplinados de jugadores clave supone "hipotecar la autoridad de mañana": puede generar beneficios a corto plazo, pero en el largo plazo erosiona la legitimidad institucional. Su diagnóstico es contundente: "Cuando el poder informal vence al poder formal, la institución pierde legitimidad".
Para Javier Elizalde, director del programa de Sport Management de la Universidad de Navarra, "un técnico no es capaz de liderar en momentos complicados si el liderazgo está concentrado únicamente en la base, en una plantilla que no termina de seguir a ese líder". El profesor apunta que el principal problema de Alonso podría no ser táctico, sino su dificultad para ejercer liderazgo en escenarios de máxima exigencia, como los finales de partido o citas clave como la Champions o un Clásico. En su opinión, el Real Madrid no estaría buscando el perfil que realmente necesita. Históricamente, el club ha funcionado mejor con entrenadores capaces de manejar contextos de alta presión, ya sea desde el conocimiento profundo de la casa o desde una autoridad consolidada en grandes escenarios. El caso de Del Bosque es paradigmático: un liderazgo más transaccional en lo deportivo, pero con un fuerte componente humano, trascendente y de valores, donde la gestión del vestuario, la deportividad y el sentido de familia pesaban tanto como la pizarra. Cuando ese equilibrio no se maneja bien, el problema no es el talento, sino la capacidad de sostener al grupo cuando más se le exige.
En ese contexto, adquieren especial relevancia las palabras atribuidas al propio Alonso, difundidas por la cadena Ser, que aportan la visión desde dentro del liderazgo operativo. "¡No puedes darles tanto poder a los jugadores!". Y añadió una advertencia que conecta de forma directa con los principios de gobernanza de los expertos: "Es imposible que un entrenador gobierne en un vestuario si el club siempre está del lado de los jugadores".
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