Científicos del CSIC crean el primer sistema global para detectar fenómenos extremos climáticos como las llamadas "sequías de viento" que afectan a la calidad del aire o la industria eólica. La herramienta, que permite establecer estándares comunes para cuantificar la disponibilidad eólica, confirma que estos fenómenos son cada vez más habituales y tienen una dimensión importante en la calidad del aire de las ciudades.
Un estudio liderado por el Centro de Investigaciones Sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Universitat de València (UV) y la Generalitat Valenciana (CSIC-UV-GVA), ha desarrollado el primer índice estandarizado que evalúa la variabilidad de la velocidad del viento en todo el mundo.
Se trata del Standardized Wind Speed Index (SWSI), el primer índice climatológico estandarizado que evalúa la variabilidad del viento, y que se publica en la revista Atmospheric Research. El sistema compara condiciones de viento en distintas regiones y años permite identificar y caracterizar eventos extremos como las llamadas sequías de viento, periodos prolongados de baja velocidad del viento que pueden tener importantes repercusiones económicas en la industria eólica. Además, los valores del índice condicionan la calidad del aire, la erosión del suelo, la evaporación o las islas de calor urbanas.
Los investigadores diseñaron la herramienta a partir de datos de 2.264 estaciones meteorológicas entre recopilados entre 1973 y 2023 en seis subregiones de América, Asia, Europa y Oceanía y representativas de todo el planeta, que después sometieron a un control de calidad y homogenización para establecer una escala probabilística estandarizada con valores entre -3 y +3 explica el CSIC en un comunicado.
El cero representa el promedio histórico de viento para esa zona y época del año. Las variaciones pequeñas se consideran dentro la normalidad climática; los valores positivos reflejan fases anómalamente ventosas y los negativos señalan un déficit o 'sequía de viento'. También pueden extrapolarse periodos de retorno, el tiempo promedio estimado entre dos eventos de la misma intensidad.
Ello permite "comparar de forma objetiva la severidad de una sequía de viento en lugares geográficamente distintos, independientemente de si sus velocidades de viento absolutas son radicalmente diferentes", explica Miguel Andrés Martín, investigador del CIDE y principal investigador del estudio.
Para demostrar la validez y precisión del índice, los investigadores lo pusieron a prueba con dos de los eventos recientes con mayor impacto económico, las sequías de viento en Estados Unidos (2015) y Reino Unido (2021) que provocaron caídas en la producción de energía eólica de hasta el 20%.
"Nuestro índice confirma la gravedad del problema", asegura el investigador del CSIC en un comunicado. "El SWSI cayó a -2,15 en la región occidental de Estados Unidos, un evento extremo que solo ocurre una vez cada 63 años". Reino Unido, por su parte, "sufrió su mayor periodo de déficit de viento en más de una década, y el SWSI nos permitió ver que no fue un bache puntual, sino una sequía de viento sostenida durante todo el año, con un periodo de retorno de 70 años", resume. "Evaluar el SWSI con estos episodios reales permite confirmar que es una herramienta sólida y estandarizada para medir, comparar y entender estas anomalías en cualquier parte del mundo", sostiene Andrés.
Las sequías de viento se prolongan: qué implica eso
Las sequías de viento se deben, a corto plazo, a bloqueos atmosféricos: un potente anticiclón que persiste y actúa como escudo frenando el viento, y que pueden prolongarse durante meses por cambios en los patrones de circulación atmosférica a gran escala, explica César Azorín, científico del CSIC y director del Climatoc-Lab del CIDE.
A largo plazo, el fenómeno adquiere una nueva dimensión: el stilling, una tendencia al debilitamiento del viento en el planeta que también detecta este indicador.
El trabajo identificó fenómenos concretos, como la acumulación sostenida de sequías de viento en Europa desde finales de los años 90 o un déficit de viento a nivel global que se extendió desde 1995 hasta 2010. "Aunque desde 2010 el viento se ha recuperado parcialmente, el índice confirma que los valores actuales siguen por debajo de los registrados hace 40 años. Además, los escenarios climáticos apuntan a nuevas sequías de viento en nuestras latitudes como consecuencia del calentamiento global", asegura.
La ausencia de viento no repercute solo en la industria eólica, sino también en la calidad del aire, ya que el viento es el encargado de dispersar las partículas contaminantes. "Una sequía de viento estanca el aire y dispara los niveles de contaminación de las ciudades, afectando a la salud respiratoria". Los expertos también citan otros efectos como las islas de calor urbanas: si el viento se detiene, la ciudad pierde su capacidad de refrigeración y aumentan las noches tropicales o tórridas. Además, el régimen de vientos influye de manera directa en la cantidad de agua que necesitan y transpiran los cultivos, y las anomalías en la velocidad del viento son un factor clave en la erosión del suelo, por citar algunos ejemplos.
No sólo energía eólica
El índice SWSI desarrollado por estos científicos permite obtener datos fiables para diseñar un urbanismo que favorezca la ventilación natural de las calles o para proteger mejor los recursos hídricos y agrícolas frente a los cambios del clima.
"Hasta ahora las sequías de viento se definían casi exclusivamente desde la perspectiva del impacto en la energía eólica. Sin embargo, este índice introduce una visión climatológica estandarizada no solo operativa para la energía eólica, sino también para estudiar el viento como un fenómeno climático con implicaciones más amplias como la calidad del aire, la evapotranspiración de los cultivos, la erosión del suelo o las islas de calor urbanas, entre otros", resume Miguel Andrés.
El equipo del Climatoc-Lab del CIDE trabaja ahora en el desarrollo de un visor exclusivo del SWSI para monitorizar el viento histórico y en tiempo real en España, lo que permitirá conocer el estado de la velocidad del viento a diferentes escalas temporales.
"Esto facilitará que administraciones y usuarios puedan evaluar los cambios en los patrones de viento y anticipar el impacto de las sequías de viento en múltiples ámbitos socioeconómicos y medioambientales", concluye Azorín.
Atmospheric Research, Volume 338, 2026, 108967, ISSN 0169-8095. DOI: https://doi.org/10.1016/j.atmosres.2026.108967
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