Algunas empresas ya están pagando más a aquellos trabajadores que utilicen la inteligencia artificial, porque observan que les hace más eficientes y que, además, funciona como un nivelador de habilidades: los empleados con menor rendimiento pueden mejorar la calidad de su trabajo hasta en un 43%, lo que supone un ahorro en gastos de formación y mejora la media de productividad.
Aunque para muchos la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el mejor colega de trabajo -hay quien asegura con una mezcla de orgullo y cierto temor que ya no podría prescindir de ella-, otros profesionales son reticentes a utilizarla porque creen que les vuelve más tontos y más prescindibles en el puesto. En cualquier caso la IA es una realidad en aumento a la que pocos trabajadores pueden permanecer ajenos, y la cuestión es hasta qué punto las organizaciones están animando a sus trabajadores a utilizarla, más allá de formarlos y compartir las herramientas. Y parece que, como en todo lo relacionado con la gestión de personas, poderoso caballero es don dinero: una vez más, la motivación pasa por la gratificación.
Esta semana Korn Ferry se hacía eco del caso de un bufete de abogados estadounidense que otorgará a sus empleados una bonificación de 1.000 dólares si utilizan la herramienta de IA de Microsoft, Copilot, un millón de veces durante el año fiscal. También hacía referencia a una empresa de software que este año ha concedido cientos de bonificaciones a empleados que han incorporado la IA en sus proyectos; y a una gran farmacéutica que está ofreciendo tarjetas de regalo a sus empleados que experimentan con IA. Incluso las grandes tecnológicas se están sumando: una de ellas otorga puntos canjeables por electrodomésticos o entradas caras para conciertos a quienes utilizan la inteligencia artificial de forma innovadora.
En plena era de sequía salarial -las previsiones para 2026 apuntan a un incremento medio del 3% muy ajustado al dato de inflación que se estima en torno al 2%- ganar un poco más por el uso de la IA es más que motivante. Sin embargo, en Korn Ferry reconocen que la práctica de pagar por el uso de IA no está muy extendida, y las cantidades que se están entregando son sólo una pequeña parte de la oleada de 360.000 millones de dólares que las empresas proyectan gastar en hardware, software e infraestructura de inteligencia artificial este año. Incluso mencionan que algunos se muestran escépticos ante la eficacia de incentivar a los trabajadores de esta manera.
Ron Seifert, socio sénior de clientes de Korn Ferry y líder de recompensas y beneficios para la fuerza laboral en Norteamérica, afirma que el enfoque de pago por IA consiste en dar dinero a los empleados para que usen una herramienta. Recurrir a los incentivos, es decir, tocar el bolsillo para animar a los empleados a hacer algo no es nada nuevo. Sin embargo, en la era de la IA, las empresas quieren -y necesitan- que los empleados trabajen de forma diferente, no sólo que implementen una tecnología distinta: "La actividad no es realmente el incentivo", afirma Seifert.
Quizá por ésta y otras razones, Mirka Kowalczuk, vicepresidenta sénior de facilitación del cambio global para la estrategia y transformación de la IA de Korn Ferry, propone a las empresas que en vez de pagar a sus empleados por el uso de la IA, se haga por los resultados: "De lo contrario, un empleado podría solicitar cualquier cosa a la IA y se reflejará en el uso", señala. Como alternativa sugiere que las organizaciones establezcan fondos de bonificación autofinanciados, y que paguen a los empleados una parte si el uso de la IA genera un importante ahorro de costes o un aumento de las ganancias.
La inversión
Para ilustrar la teoría del palo y la zanahoria -motivar al empleado a base de recompensas- para usar la IA, los expertos de Korn Ferry hacen un poco de historia. Recuerdan que cuando a finales de la década de 1970 se lanzó el primer software de hojas de cálculo para computadoras personales, las empresas se dieron cuenta rápidamente de que este software automatizaba ciertas tareas y abría un nuevo conjunto de cálculos y análisis complejos que hacía posible oportunidades nunca vistas para el crecimiento empresarial. Las organizaciones gastaron cientos de millones de dólares en computadoras y software, pero no pagaron a sus empleados por usarlos, sino que invirtieron en capacitación y exigieron a los trabajadores que supieran leer y crear hojas de cálculo. Sin embargo, para contratar y retener a empleados con conocimientos de informática pagaron salarios más altos.
Que ahora las empresas están invirtiendo en IA es un secreto a voces. Y aunque no hay un contador en tiempo real, el Ibex35 está inyectando unos 1.350 millones de euros de media para no quedarse atrás. Según IDC, la inversión de las grandes cotizadas españolas representa entre el 60% y el 70% del total del país, no en vano disponen del capital necesario para comprar infraestructuras tecnológicas y contratar talento especializado que, al igual que los expertos en hoja de cálculo de la década de 1970, tienen unos salarios muy altos.
Se calcula que hoy contratar a un experto en IA en España cuesta entre 80.000 y 150.000 euros al año. A ello hay que sumar los pagos a Microsoft (Azure), Google Cloud o AWS para ejecutar los modelos. Por ejemplo, el despliegue de Microsoft 365 Copilot cuesta unos 28 euros por usuario al mes. Para una empresa del Ibex con 50.000 empleados, supone un coste de 1,4 millones de euros al mes sólo en licencias. Las estimaciones apuntan a que el de banca es el sector que más dinero destina a inteligencia artificial para prevenir fraudes y mejorar la atención al cliente, seguido del sector energético, telecomunicaciones y retail.
Las evidencias
Aún no está claro que recurrir a la teoría del palo y la zanahoria para la IA funcione. Así, los responsables de personas más innovadores la rechazan y la consideran obsoleta. Abogan por enfoques más profundos relacionados con conceptos como el propósito, porque genera un compromiso más duradero.
Los datos revelan que todo es cuestionable. El estudio La frontera irregular, realizado por investigadores de Harvard, MIT y Boston Consulting Group, revela que los consultores que utilizaron inteligencia artificial bajo incentivos de mejorar su rendimiento completaron un 12,2% más de tareas, un 25,1% más rápido y con una calidad un 40% superior que aquellos que no la usaron. Esta investigación demostró que la IA actúa como un "nivelador de habilidades": los empleados con menor rendimiento aumentaron su calidad en un 43%, lo que reduce drásticamente el gasto en formación y mejora la base media de productividad de la empresa.
La Universidad de Stanford y el MIT hicieron un sondeo entre más de 5.000 agentes de soporte técnico en una empresa de software del Fortune 500 y descubrieron que el uso de herramientas de IA aumentó la productividad en un 14% de media, frente al 35% en aquellos trabajadores menos experimentados. Esta compañía observó una reducción en la rotación de personal -los empleados estaban menos estresados porque la IA resolvía las tareas repetitivas- y una mayor satisfacción del cliente (NPS). Los incentivos para usar la IA se tradujeron en un ahorro directo de costes operativos.
Estas y otras investigaciones sugieren que el incentivo económico puede ser más rentable que la formación en IA. Una de las razones es que el bono por uso puede ser un aliciente para aquellos que temen que usar la inteligencia artificial de forma eficiente puede acarrear su despido porque su trabajo se hace más rápido. El incentivo rompe ese miedo, ya que con ello la empresa lanza un mensaje: "Te pago más porque eres más eficiente con la IA, no te despido por serlo".
Muchos empleados ya usan IA en secreto. Al bonificarlo, la empresa obliga a que ese uso sea oficial y permite que el conocimiento se comparta y que la organización sea dueña de los prompts y procesos creados. Y, por otra parte, al incentivar un uso correcto de la inteligencia artificial, las compañías consiguen mejores datos internos: el empleado se esfuerza en entrenar bien a la IA si hay una recompensa de por medio.
Primas e incentivos
Parece que aquellas empresas que, más allá de la formación, decidan pagar por el uso de la IA a sus empleados salen ganando.
Uno de los informes más exhaustivos que confirma esta tendencia es el Work Trend Index 2024 elaborado por Microsoft y LinkedIn, basado en una encuesta a 31.000 personas en 31 países. El estudio identifica un grupo específico de profesionales que ya está transformando el negocio desde dentro. Estos empleados usan la inteligencia artificial varias veces a la semana y ahorran más de 30 minutos al día; tienen un 68% más de probabilidades de experimentar con nuevas formas de utilizar estas herramientas antes de que se les diga.
Esto tiene un impacto directo en el negocio, ya que el 92% de estos usuarios asegura que la IA aligera su carga de trabajo, y al 93% le ayuda a ser más creativo. Los denominados power users reciben un 61% más de apoyo de sus líderes y tienen más probabilidades de recibir formación específica. La conclusión es que las empresas que incentivan el uso de la inteligencia artificial están acelerando su capacidad de innovación interna.
Empleabilidad
La IA es un valor añadido para la empleabilidad. El 71% de los líderes afirma que preferiría contratar a un candidato con menos experiencia pero con habilidades de inteligencia artificial, que a un candidato con más experiencia que no sepa usarla. Prueba de ello es que, según el informe de Microsoft y LinkedIn, a finales de 2023 se multiplicó por 142 el número de personas en el mundo que decían tener habilidades de IA -como ChatGPT o prompt engineering- a sus perfiles de LinkedIn: si en enero de 2023 había 1.000 personas, para finales de ese mismo año la cifra saltó a 142.000.
Se estima que entre 15 y 20 millones de profesionales en el mundo ya han incluido habilidades específicas de inteligencia artificial en sus perfiles de LinkedIn. En España, entre 130.000 y 160.000 personas han etiquetado explícitamente sus perfiles con estas habilidades -según el informe LinkedIn AI Skills Index, el número de miembros que añadieron habilidades de IA a sus perfiles creció un 81% en el último año-. Un perfil en España que añade la etiqueta IA está recibiendo, de media, entre 1,5 y 2 veces más mensajes de reclutadores que uno que no la tiene. Esto explica por qué las empresas (como las del Ibex 35 mencionadas) han tenido que empezar a ofrecer bonos de retención: temen que sus empleados recién capacitados en inteligencia artificial se vayan a la competencia.
Por qué no basta 'sólo' con el bienestar para ser feliz en el trabajoLa IA recorta el sueldo de los jóvenes que estrenan empleoMucha adopción y poca rentabilidad: cómo hacer eficaz la IA Comentar ÚLTIMA HORA-
13:07
Todo lo que se sabe hasta ahora de la operación de Estados Unidos en Venezuela
-
12:43
Telefónica, Repsol, BBVA: la exposición de las empresas españolas en Venezuela
-
12:30
Pedro Sánchez llama a la desescalada en Venezuela y pide respetar el derecho internacional
-
12:28
Renfe cerró 2025 con un récord de 37,3 millones de viajes en AVE y Larga Distancia
-
12:13
Lo que se juega España en Venezuela: una relación comercial de 1.300 millones de euros