Llevamos una gran racha de lluvias y cielos encapotados en buena parte de España, y esto se traduce también en una sensación rara en nuestro cuerpo al sentirnos apelmazados en el sillón, deprimidos e incluso taciturnos. Y no es que de repente nos hayamos vuelto más perezosos o tristes, sino que es biología pura y dura que tiene como desencadenantes la humedad, la microbiología y la química cerebral.
Nuestra humedad ideal. Para entender por qué podemos llegar a sentirnos tan mal, hay que entender qué necesita nuestro cuerpo. Aquí la ciencia ya apuntó hace bastantes años que nuestro cuerpo está diseñado para 'funcionar' en un margen estrecho en cuanto a humedad relativa: entre el 40 y el 60%.
En este caso, cuando estamos mucho tiempo fuera de este rango, que es lo típico con estas lluvias donde la humedad se dispara sobre el 70%, es cuando todo se altera. Y sobre todo afecta a aquellas personas que no están acostumbradas a tanta humedad y que no han tenido una adaptación a esta, como por ejemplo las que viven en zonas que tradicionalmente son muy secas.
En Xataka
Suplementos de magnesio o de melatonina, ¿hay una opción mejor para mejorar nuestro sueño?
Lo que ocurre. En estos casos, cuando estamos en una situación de humedad muy elevada, la ciencia apunta a que las defensas bajan la guardia. Sobre todo afecta a las mucosas, que son la primera barrera de defensa de nuestro cuerpo, que se ve comprometida.
En este caso, mientras que el aire muy seco puede agrietar las mucosas que requieren cierta humedad, cuando se tiene un aire con mucha humedad acumulada, se organiza una 'fiesta' para los patógenos. Las revisiones científicas apuntan aquí que la humedad excesiva favorece la supervivencia de bacterias y virus, aumentando la carga viral ambiental.
Los efectos en casa. Si sentimos que nos falta el aire de repente o que el asma que se tenía controlado ha vuelto, la culpa está precisamente en lo que no vemos. La propia OMS y el CDC han establecido vínculos directos, puesto que apuntan a que la humedad estructural y ambiental convierte la casa en una incubadora.
El ataque del moho y los ácaros. Uno de los puntos más importantes está en los ácaros, que son organismos microscópicos que no beben agua, sino que absorben la humedad del aire. En los casos en que la humedad supere el 70%, su población explota y, según la evidencia, esto puede desencadenar exacerbaciones alérgicas en aquellas personas más sensibles.
El moho también es uno de los grandes protagonistas en estos casos, y solo hay que ver lo fácil que puede aparecer en los baños sin ventilación. Y aunque no se vean manchas negras, las esporas pueden estar en las habitaciones de casa. Aquí la ciencia es tajante: la exposición a la humedad y al moho en el hogar aumenta el riesgo de desarrollar asma en un 30-50%.
El efecto en el cerebro. Pero lo que más notamos a diario es ese sentimiento de estar "taciturno" o "apelmazado". Y aquí el responsable está en la falta de luz que hay por estar todo el día nublado.
La neuroquímica aquí es bastante importante, ya que sin luz brillante que le diga a tu cerebro "es de día", tu cuerpo sigue produciendo melatonina, que es la hormona del sueño, durante el día. El resultado aquí está en una fatiga durante todo el día y apatía que hace que no queramos salir del sofá.
También hay déficits. Pero además de la melatonina, la falta de luz solar en aquellas zonas donde no es lo habitual, produce una disminución en la producción de serotonina, que es uno de los neurotransmisores responsables del estado de ánimo. Menos luz equivale a menos "combustible" para sentirse bien.
Y tampoco debemos olvidarnos de la vitamina D, que depende de la luz solar para mantener unos niveles óptimos. Aunque la suplementación tiene resultados mixtos, los estudios observacionales son claros: hay una correlación directa entre los meses lluviosos, la baja vitamina D y la irritabilidad o síntomas depresivos, conocidos como Trastorno Afectivo Estacional (SAD).
En Xataka
Decimos que estamos "deprimidos" por encima de nuestras posibilidades: dónde termina y dónde empieza la enfermedad
Qué podemos hacer. Aunque parezca contraintuitivo, la European Lung Foundation apunta a que siempre hay que ventilar un poco la vivienda aunque esté lloviendo. La acumulación de humedad interior por nuestras propias actividades como cocinar, respirar o ducharnos, sumada a la exterior, crea un ambiente tóxico.
Es por ello que mantener la circulación del aire y, si es posible, utilizar deshumidificadores para intentar devolver tu hogar a ese rango sagrado del 40-60%, es la única forma de mitigar el impacto en una parte.
Imágenes | Adrian Swancar
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La noticia
Si llevas semanas deprimido y taciturno, no estás solo: la ciencia sabe que la lluvia nos está amargando la salud
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
Si llevas semanas deprimido y taciturno, no estás solo: la ciencia sabe que la lluvia nos está amargando la salud
La relación del tiempo con la serotonina y la melatonina provoca efectos anímicos muy negativos
Llevamos una gran racha de lluvias y cielos encapotados en buena parte de España, y esto se traduce también en una sensación rara en nuestro cuerpo al sentirnos apelmazados en el sillón, deprimidos e incluso taciturnos. Y no es que de repente nos hayamos vuelto más perezosos o tristes, sino que es biología pura y dura que tiene como desencadenantes la humedad, la microbiología y la química cerebral.
Nuestra humedad ideal. Para entender por qué podemos llegar a sentirnos tan mal, hay que entender qué necesita nuestro cuerpo. Aquí la ciencia ya apuntó hace bastantes años que nuestro cuerpo está diseñado para 'funcionar' en un margen estrecho en cuanto a humedad relativa: entre el 40 y el 60%.
En este caso, cuando estamos mucho tiempo fuera de este rango, que es lo típico con estas lluvias donde la humedad se dispara sobre el 70%, es cuando todo se altera. Y sobre todo afecta a aquellas personas que no están acostumbradas a tanta humedad y que no han tenido una adaptación a esta, como por ejemplo las que viven en zonas que tradicionalmente son muy secas.
Lo que ocurre. En estos casos, cuando estamos en una situación de humedad muy elevada, la ciencia apunta a que las defensas bajan la guardia. Sobre todo afecta a las mucosas, que son la primera barrera de defensa de nuestro cuerpo, que se ve comprometida.
En este caso, mientras que el aire muy seco puede agrietar las mucosas que requieren cierta humedad, cuando se tiene un aire con mucha humedad acumulada, se organiza una 'fiesta' para los patógenos. Las revisiones científicas apuntan aquí que la humedad excesiva favorece la supervivencia de bacterias y virus, aumentando la carga viral ambiental.
Los efectos en casa. Si sentimos que nos falta el aire de repente o que el asma que se tenía controlado ha vuelto, la culpa está precisamente en lo que no vemos. La propia OMS y el CDC han establecido vínculos directos, puesto que apuntan a que la humedad estructural y ambiental convierte la casa en una incubadora.
El ataque del moho y los ácaros. Uno de los puntos más importantes está en los ácaros, que son organismos microscópicos que no beben agua, sino que absorben la humedad del aire. En los casos en que la humedad supere el 70%, su población explota y, según la evidencia, esto puede desencadenar exacerbaciones alérgicas en aquellas personas más sensibles.
El moho también es uno de los grandes protagonistas en estos casos, y solo hay que ver lo fácil que puede aparecer en los baños sin ventilación. Y aunque no se vean manchas negras, las esporas pueden estar en las habitaciones de casa. Aquí la ciencia es tajante: la exposición a la humedad y al moho en el hogar aumenta el riesgo de desarrollar asma en un 30-50%.
El efecto en el cerebro. Pero lo que más notamos a diario es ese sentimiento de estar "taciturno" o "apelmazado". Y aquí el responsable está en la falta de luz que hay por estar todo el día nublado.
La neuroquímica aquí es bastante importante, ya que sin luz brillante que le diga a tu cerebro "es de día", tu cuerpo sigue produciendo melatonina, que es la hormona del sueño, durante el día. El resultado aquí está en una fatiga durante todo el día y apatía que hace que no queramos salir del sofá.
También hay déficits. Pero además de la melatonina, la falta de luz solar en aquellas zonas donde no es lo habitual, produce una disminución en la producción de serotonina, que es uno de los neurotransmisores responsables del estado de ánimo. Menos luz equivale a menos "combustible" para sentirse bien.
Y tampoco debemos olvidarnos de la vitamina D, que depende de la luz solar para mantener unos niveles óptimos. Aunque la suplementación tiene resultados mixtos, los estudios observacionales son claros: hay una correlación directa entre los meses lluviosos, la baja vitamina D y la irritabilidad o síntomas depresivos, conocidos como Trastorno Afectivo Estacional (SAD).
Qué podemos hacer. Aunque parezca contraintuitivo, la European Lung Foundation apunta a que siempre hay que ventilar un poco la vivienda aunque esté lloviendo. La acumulación de humedad interior por nuestras propias actividades como cocinar, respirar o ducharnos, sumada a la exterior, crea un ambiente tóxico.
Es por ello que mantener la circulación del aire y, si es posible, utilizar deshumidificadores para intentar devolver tu hogar a ese rango sagrado del 40-60%, es la única forma de mitigar el impacto en una parte.