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Sin pena

Sin pena
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La crisis política se origina cuando el Gobierno se da cuenta de que no hay elemento con el que confundir sobre la responsabilidad. Leer
OPINIÓNSin pena
  • ENRIQUE COCERO
Actualizado 1 SEP. 2026 - 00:21La invasión es la evidencia del fracaso de la protección de la frontera.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La crisis política se origina cuando el Gobierno se da cuenta de que no hay elemento con el que confundir sobre la responsabilidad.

Vaya por delante que Ceuta no es una crisis humanitaria: es una crisis diplomática por la cuestión fronteriza, un problema que el Gobierno se está esforzando mucho en que no aparezca como crítico (que lo es); es una crisis social que puede escalar hasta estallar; y es una crisis política (inducida) porque el Gobierno busca meter a las comunidades autónomas para difuminar el escenario.

"Crisis humanitaria" es un juego dialéctico habitual de Moncloa. Al meter "humanitario", hacen que los que estén frente al Gobierno parezcan inhumanos y ¿quién querría estar en ese bando? Pero el argumento cae por su propia construcción: si hay una crisis humanitaria en España, ¿es que el Gobierno de España no sabe, no ya prevenirla, sino atajarla?

La crisis política se origina cuando el Gobierno se da cuenta de que no hay elemento con el que confundir sobre la responsabilidad: Covid, dana o apagón tenían líneas difuminadas que la asesoría de Moncloa quiso explotar. Adamuz bastantes menos y, aun así, intentaron hacer creíble lo del 112. En Ceuta la responsabilidad es del Gobierno de forma esférica: desde la parte en la que la famosa sentencia del Supremo anunciaba una vulnerabilidad, su evidencia el 30 de julio, la contención, la filiación, la salubridad, la sanidad, el orden en las calles... Por eso ponen a jugar a las autonomías y el traslado en el argumento, porque no hay escapatoria posible a su responsabilidad ni ganas de exigir a Marruecos. Lo preocupante es que lo hagan vía chantaje: la presión en Ceuta.

Luego están las evidencias de los grandes fracasos cuando se anuncian "ideas magníficas": la constitución de un mando único y la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional un mes más tarde de que lo pidiera Vivas es la evidencia de que el fracaso en la invasión pareciera algo controlable; la llamada a Frontex es la evidencia de incapacidad en los procesos de identificación y afiliación; las visitas fugaces de los ministros fueron la evidencia de que creían que Ceuta podía quedar tranquila si la crisis aparentara ser una alfombra roja con su photocall pero había una diferencia esencial: la invitación se cursaba vía "te toca ir" en vez de ser un "yo voy" consecuente con el cargo.

Pero, sobre todo, la invasión es la evidencia del fracaso, no ya de las relaciones con Marruecos, sino de la protección de la frontera. Dicen que muros altos hacen buenos vecinos, pues bien: ya sabemos qué hacen los muros inexistentes. También dicen que 10.000 horas en una tarea producen maestría: eso, a 40 horas semanales, serían menos de 5 años y el Gobierno lleva 8.

Todas las crisis tienen algo en común, no importa si son financieras, políticas o humanitarias. El 25 de septiembre de 2008, con la elección presidencial entre Obama y McCain a todo meter, George W. Bush llama a los candidatos para contarles qué van a "heredar". A esa reunión asiste todo elemento de poder real en el Legislativo y del Ejecutivo: los tres nombrados junto a Paulson, Bernanke, Pelosi, Boehner, Emmanuel, Frank, Bolten, Reid... Obama expuso con claridad qué haría si llegaba a la Casa Blanca, pero la reunión se terminó cuando el silencio de McCain evidenció incapacidad. McCain se había pasado la campaña maldiciendo a las entidades financieras en sus mítines y provocando aplausos enfervorecidos porque no demostraban apoyar al norteamericano medio. Pero, sentado a la mesa de los mayores, su táctica fue dejar que la gente hablara a ver si captaba alguna idea sin comprometerse a nada. Sólo ese capítulo basta para entender la diferencia entre los que, ante una crisis, se deben al cargo y el que esquiva la responsabilidad.

Vivimos desde hace bastante en una situación en la que Sánchez actúa bajo la premisa de nullum crimen nulla poena sine lege: no hay delito ni hay pena sin ley. Aunque la invasión de Ceuta termine en el Supremo, buscarán la forma de difuminar la responsabilidad de los 23 sedentes en el Consejo de Ministros y, de ahí, para abajo hasta que le toque a alguien, cuanto más alejado, mejor. Dar con alguien con una prevaricación administrativa o elevar una causa por el comportamiento de las autonomías. De hecho, el nulla poena lo lleva aún más lejos: aunque haya ley, si no hay pena, tampoco es necesario hacerlo, motivo por el cual llevamos toda la legislatura sin Presupuestos. Ya saben: la Constitución es fuente de derecho para no convocar elecciones, pero no para tener cuentas nacionales.

Decía John Berger que el festín del burgués no es tanto una ocasión en el tiempo como la satisfacción de un deseo social, mientras que para el campesino es la ocasión, porque desconoce si volverá a haberla. Pero la satisfacción permanente lleva al aburrimiento. Lo que sabemos del Gobierno es que se ha quedado sin ideas y/o se ha aburrido. El segundo siempre lleva de la mano al primero.

Enrique Cocero, consultor y analista político.

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Fuente original: Leer en Expansión
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