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Stephen Fry: «Nuestro mundo es tan caótico como el de los dioses griegos»

Stephen Fry: «Nuestro mundo es tan caótico como el de los dioses griegos»
Artículo Completo 1,817 palabras
Stephen Fry (Londres, 1957) hace muchas cosas –cine, teatro, televisión, literatura, entrevistas–, pero siempre saca tiempo para pensar en la Grecia Antigua.—Señor Fry, ¿cuántas veces piensa usted al día en la Grecia Antigua?—No más de cuatro o cinco veces. Pero algunos días puedo pasarme horas y horas ahí. Me hace feliz volver a esa época, a ese lugar. Fry, al que hemos visto en la gran pantalla como Oscar Wilde en 'Wilde' o como Gordon Deitrich en 'V de Vendetta', entre otras muchas películas ('Los amigos de Peter', 'Un pez llamado Wanda', 'Sherlock Holmes'...), sin duda uno de los rostros más pop del Reino Unido, lleva obsesionado con el Olimpo desde que siendo un crío cayó en sus manos un libro ilustrado titulado 'Favourite Greek Myths', de Lilian Stoughton Hyde. Más tarde descubrió la historia de Teseo, que fue, dice, su Harry Potter, un niño que crece en lo que parece una familia muy corriente y que acaba descubriendo que es especial, un elegido. «A eso ayudaron las magníficas recreaciones que hizo Mary Renault de la historia de Teseo», cuenta. De ahí viene todo lo que sigue.—Entonces, ¿es usted un escritor que actúa o un actor que escribe?—La primera descripción es probablemente la más acertada.En 2017, Fry publicó 'Mythos', donde revisitaba y recreaba las historias que formaron el imaginario griego, y donde le cogió el gusto a ejercer de bardo en el mundo de hoy. Después publicó 'Héroes', 'Troya' y, ahora, 'Odisea' (Anagrama, como el resto), que llega a librerías unas semanas antes que la película de Christopher Nolan. —Llevamos casi tres mil años contando la 'Odisea': ¿por qué? ¿Qué nos sigue fascinando de esa historia?—Supongo que el equilibrio entre la vida interior y exterior de sus protagonistas o el anhelo de volver a casa, que lo sustenta todo. También el corte casi cinematográfico y el uso del flashback. La 'Odisea' es la representación primordial de la dinámica esposo-esposa y padre-hijo, con muchísimas pruebas y aventuras a lo largo del camino. Y define lo que puede llegar a ser una epopeya. Sus significados, además, se resisten a la alegoría o la interpretación simple. Podemos estar de acuerdo en que Odiseo fracasa según los estándares modernos de fidelidad y honestidad, pero aun así lo apoyamos.—¿Y a usted qué es lo que le atrae?—Todo lo anterior, y además siento un cariño especial por los dos dioses más importantes que participan activamente en la historia: Atenea y Hermes. Representan las facetas de la humanidad que más admiro: sabiduría, inteligencia táctica y fortaleza por parte de Atenea; ingenio, capacidad narrativa y astucia traviesa por parte de Hermes.—Hay algo muy poderoso en que la gran historia de Occidente sea un regreso al hogar. Me pregunto qué significados adquiere hoy la 'Odisea', cuando el acceso a la vivienda es un problema en tantos países desarrollados.—Sí, el motivo mítico del nostos es muy poderoso, y la 'Odisea' es su mejor ejemplo. Lo vemos en muchísimas películas, ese profundo instinto humano de encontrar un hogar junto al fuego.«Nuestros impulsos, instintos, debilidades fatales y fortalezas heroicas no son diferentes de los de Hércules, Aracne, Medea o Edipo»—De alguna manera, su tetralogía traza el paso del caos de los dioses al mundo de los humanos. ¿Es este mundo menos caótico que el de los dioses griegos?—Es igual de caótico, pero es –para bien o para mal– nuestro mundo, el mundo humano. El fuego prometeico pudo habernos alejado de los dioses, pero nos permitió ser libres: a través de su sentido externo, su manifestación física como el fuego que nos otorga la tecnología, y a través de su sentido interno de chispa divina, de consciencia, ese instinto creativo que nos hace más parecidos a los dioses que a otros animales. O al menos eso parece.—Cuando vi su libro me acordé de Roberto Calasso, que decía: «Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes, a diferencia de los personajes de novela, que están ligados cada vez a un único gesto». Es como si los mitos estuvieran ahí para ser reescritos una y otra vez, ¿no?—Y tanto. Necesitamos que nos recuerden constantemente que, aunque podemos cambiar la apariencia y el comportamiento del mundo que nos rodea con el poder de nuestras mentes creadoras e inventoras, por dentro seguimos siendo las mismas criaturas que entonces. Nuestros impulsos, instintos, debilidades fatales y fortalezas heroicas no son diferentes de los de Hércules, Aracne, Medea, Edipo… Es cierto que volvemos ahí por la emoción de la narración y la caracterización de los personajes, pero a la vez ahí hay algo que habla a nuestro yo interior y nos conecta con nuestros antepasados y con nuestros semejantes de todo el mundo. Despojados de los accesorios contemporáneos que nos distraen –tecnología y cultura– y de la iconografía de la nación, la religión y otros marcadores de identidad, los mitos nos muestran hasta qué punto permanecemos iguales e inmutables.—En un momento de su libro escribe: «Si un Prometeo entre nosotros concediera conciencia a la inteligencia artificial –la chispa divina–, la humanidad podría convertirse en un recuerdo mítico, una historia de origen que las máquinas se contarían a sí mismas, mientras nosotros nos desmoronamos como estatuas rotas junto a Zeus y su panteón ante ellas».—Es muy posible, muchos dirían que probable, que –como los dioses– pronto hayamos alcanzado el punto en que podamos crear una nueva forma de ser consciente y descubramos después –como los dioses– que esa nueva forma ya no nos necesita y que seremos reducidos a escombros, igual que les ocurrió a los dioses antes que a nosotros, una vez recibimos el don de su chispa interior. Si damos a las máquinas el don del fuego prometeico, seguramente podemos esperar el mismo destino que sufrieron los dioses.—En el Reino Unido existe una fuerte tradición de divulgación del mundo clásico. Pienso, por ejemplo, en Robert Graves o, más recientemente, en Mary Beard y Bettany Hughes. ¿Sigue siendo fuerte la tradición clásica allí? ¿Hasta qué punto la divulgación mantiene viva esa llama olímpica?—Aquí es muy fuerte, sí. Y también en Estados Unidos. Nathaniel Hawthorne, Thomas Bulfinch, Edith Hamilton, Rick Riordan... todos ellos son estadounidense y magníficos recreadores de los mitos a su manera. También ha habido un auge de las clasicistas que reinterpretan los mitos desde una perspectiva femenina: Madeline Miller en Estados Unidos, con sus maravillosas novelas sobre Aquiles y Patroclo, Circe y Galatea. En el Reino Unido, Mary Beard, Bethany Hughes, Natalie Haynes, Pat Barker y Emma Wilson han producido obras que no solo son originales, sino también muy populares. Me entusiasma saber que los departamentos universitarios de Clásicas y Civilizaciones Antiguas parecen estar prosperando.—Lo preguntaba porque durante años hemos llorado la muerte de las humanidades en Occidente, aunque tengo la sensación de que ese tiempo ya pasó.—Como decía antes, los estudios clásicos parecen gozar de buena salud. La anunciada muerte de las humanidades en las universidades occidentales es una exageración. Eso espero, eso creo.«La anunciada muerte de las humanidades en las universidades occidentales es una exageración»—Por cierto: ¿los clásicos nos salvan de algo? Boris Johnson presumía de poder recitar de memoria en griego antiguo los primeros versos de la 'Ilíada', y no fue un gran primer ministro.—«El diablo puede citar las Escrituras para sus propios fines», como dice Antonio en 'El mercader de Venecia'. ¡Ojalá fuera tan sencillo como «lee a Homero, Platón, Shakespeare o Dickens y conviértete en una mejor persona»!—¿Qué mito recuerda con más frecuencia?—Supongo que, por su claridad, cercanía y por la pureza y simplicidad de su imagen, la historia de Dédalo e Ícaro. Pero si hablamos de narraciones más complejas, Teseo, Edipo y Odiseo.—¿Y cuál explica mejor el mundo en que vivimos hoy?—Quizá Ícaro. Cualquier historia sobre exceder nuestros límites es una lección que necesitamos aprender, y en el caso de Ícaro es la ciencia y la tecnología lo que condena a quien las utiliza... aunque también es importante tener presente el paralelismo prometeico entre nosotros y la inteligencia artificial.—No puedo resistirme a preguntarle por la adaptación de la 'Odisea' de Nolan. ¿De verdad puede adaptarse?—Puede y volverá a adaptarse una y otra vez. Cada generación tiene sus propios traductores y, de vez en cuando, también el cine tiene los suyos. Más a menudo 'Troya', y también 'Jasón y los argonautas'. Ha habido incluso reinterpretaciones de reinterpretaciones. Películas del 'Ulises' de Joyce, por ejemplo.—¿Cuál es su película favorita sobre la Antigua Grecia?—Por la generación a la que pertenezco tendría que decir 'Furia de titanes' y 'Jasón y los argonautas'. Puede que hoy muchos las consideren películas bastante cursis, pero me llegaron en el momento adecuado. Quizá pronto pueda decir que la 'Odisea' de Nolan será mi nueva favorita.—Por cierto, ¿sigue viajando a Grecia?—Sí. Delfos sigue teniendo una atmósfera absolutamente extraordinaria. Es uno de los lugares más sorprendentemente resonantes del mundo.—¿Cómo imagina su Ítaca?—Llena de matorrales, sin glamour, pero con un palacio en lo más profundo de la isla, con una chimenea que espera a que un padre, una madre y un hijo se sienten a su alrededor.

Stephen Fry (Londres, 1957) hace muchas cosas –cine, teatro, televisión, literatura, entrevistas–, pero siempre saca tiempo para pensar en la Grecia Antigua.

—Señor Fry, ¿cuántas veces piensa usted al día en la Grecia Antigua?

—No más de cuatro o cinco veces. Pero algunos ... días puedo pasarme horas y horas ahí. Me hace feliz volver a esa época, a ese lugar.

Fry, al que hemos visto en la gran pantalla como Oscar Wilde en 'Wilde' o como Gordon Deitrich en 'V de Vendetta', entre otras muchas películas ('Los amigos de Peter', 'Un pez llamado Wanda', 'Sherlock Holmes'...), sin duda uno de los rostros más pop del Reino Unido, lleva obsesionado con el Olimpo desde que siendo un crío cayó en sus manos un libro ilustrado titulado 'Favourite Greek Myths', de Lilian Stoughton Hyde. Más tarde descubrió la historia de Teseo, que fue, dice, su Harry Potter, un niño que crece en lo que parece una familia muy corriente y que acaba descubriendo que es especial, un elegido. «A eso ayudaron las magníficas recreaciones que hizo Mary Renault de la historia de Teseo», cuenta. De ahí viene todo lo que sigue.

—Entonces, ¿es usted un escritor que actúa o un actor que escribe?

—La primera descripción es probablemente la más acertada.

En 2017, Fry publicó 'Mythos', donde revisitaba y recreaba las historias que formaron el imaginario griego, y donde le cogió el gusto a ejercer de bardo en el mundo de hoy. Después publicó 'Héroes', 'Troya' y, ahora, 'Odisea' (Anagrama, como el resto), que llega a librerías unas semanas antes que la película de Christopher Nolan.

—Llevamos casi tres mil años contando la 'Odisea': ¿por qué? ¿Qué nos sigue fascinando de esa historia?

—Supongo que el equilibrio entre la vida interior y exterior de sus protagonistas o el anhelo de volver a casa, que lo sustenta todo. También el corte casi cinematográfico y el uso del flashback. La 'Odisea' es la representación primordial de la dinámica esposo-esposa y padre-hijo, con muchísimas pruebas y aventuras a lo largo del camino. Y define lo que puede llegar a ser una epopeya. Sus significados, además, se resisten a la alegoría o la interpretación simple. Podemos estar de acuerdo en que Odiseo fracasa según los estándares modernos de fidelidad y honestidad, pero aun así lo apoyamos.

—Todo lo anterior, y además siento un cariño especial por los dos dioses más importantes que participan activamente en la historia: Atenea y Hermes. Representan las facetas de la humanidad que más admiro: sabiduría, inteligencia táctica y fortaleza por parte de Atenea; ingenio, capacidad narrativa y astucia traviesa por parte de Hermes.

—Hay algo muy poderoso en que la gran historia de Occidente sea un regreso al hogar. Me pregunto qué significados adquiere hoy la 'Odisea', cuando el acceso a la vivienda es un problema en tantos países desarrollados.

—Sí, el motivo mítico del nostos es muy poderoso, y la 'Odisea' es su mejor ejemplo. Lo vemos en muchísimas películas, ese profundo instinto humano de encontrar un hogar junto al fuego.

«Nuestros impulsos, instintos, debilidades fatales y fortalezas heroicas no son diferentes de los de Hércules, Aracne, Medea o Edipo»

—De alguna manera, su tetralogía traza el paso del caos de los dioses al mundo de los humanos. ¿Es este mundo menos caótico que el de los dioses griegos?

—Es igual de caótico, pero es –para bien o para mal– nuestro mundo, el mundo humano. El fuego prometeico pudo habernos alejado de los dioses, pero nos permitió ser libres: a través de su sentido externo, su manifestación física como el fuego que nos otorga la tecnología, y a través de su sentido interno de chispa divina, de consciencia, ese instinto creativo que nos hace más parecidos a los dioses que a otros animales. O al menos eso parece.

—Cuando vi su libro me acordé de Roberto Calasso, que decía: «Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes, a diferencia de los personajes de novela, que están ligados cada vez a un único gesto». Es como si los mitos estuvieran ahí para ser reescritos una y otra vez, ¿no?

—Y tanto. Necesitamos que nos recuerden constantemente que, aunque podemos cambiar la apariencia y el comportamiento del mundo que nos rodea con el poder de nuestras mentes creadoras e inventoras, por dentro seguimos siendo las mismas criaturas que entonces. Nuestros impulsos, instintos, debilidades fatales y fortalezas heroicas no son diferentes de los de Hércules, Aracne, Medea, Edipo… Es cierto que volvemos ahí por la emoción de la narración y la caracterización de los personajes, pero a la vez ahí hay algo que habla a nuestro yo interior y nos conecta con nuestros antepasados y con nuestros semejantes de todo el mundo. Despojados de los accesorios contemporáneos que nos distraen –tecnología y cultura– y de la iconografía de la nación, la religión y otros marcadores de identidad, los mitos nos muestran hasta qué punto permanecemos iguales e inmutables.

—En un momento de su libro escribe: «Si un Prometeo entre nosotros concediera conciencia a la inteligencia artificial –la chispa divina–, la humanidad podría convertirse en un recuerdo mítico, una historia de origen que las máquinas se contarían a sí mismas, mientras nosotros nos desmoronamos como estatuas rotas junto a Zeus y su panteón ante ellas».

—Es muy posible, muchos dirían que probable, que –como los dioses– pronto hayamos alcanzado el punto en que podamos crear una nueva forma de ser consciente y descubramos después –como los dioses– que esa nueva forma ya no nos necesita y que seremos reducidos a escombros, igual que les ocurrió a los dioses antes que a nosotros, una vez recibimos el don de su chispa interior. Si damos a las máquinas el don del fuego prometeico, seguramente podemos esperar el mismo destino que sufrieron los dioses.

—En el Reino Unido existe una fuerte tradición de divulgación del mundo clásico. Pienso, por ejemplo, en Robert Graves o, más recientemente, en Mary Beard y Bettany Hughes. ¿Sigue siendo fuerte la tradición clásica allí? ¿Hasta qué punto la divulgación mantiene viva esa llama olímpica?

—Aquí es muy fuerte, sí. Y también en Estados Unidos. Nathaniel Hawthorne, Thomas Bulfinch, Edith Hamilton, Rick Riordan... todos ellos son estadounidense y magníficos recreadores de los mitos a su manera. También ha habido un auge de las clasicistas que reinterpretan los mitos desde una perspectiva femenina: Madeline Miller en Estados Unidos, con sus maravillosas novelas sobre Aquiles y Patroclo, Circe y Galatea. En el Reino Unido, Mary Beard, Bethany Hughes, Natalie Haynes, Pat Barker y Emma Wilson han producido obras que no solo son originales, sino también muy populares. Me entusiasma saber que los departamentos universitarios de Clásicas y Civilizaciones Antiguas parecen estar prosperando.

—Lo preguntaba porque durante años hemos llorado la muerte de las humanidades en Occidente, aunque tengo la sensación de que ese tiempo ya pasó.

—Como decía antes, los estudios clásicos parecen gozar de buena salud. La anunciada muerte de las humanidades en las universidades occidentales es una exageración. Eso espero, eso creo.

«La anunciada muerte de las humanidades en las universidades occidentales es una exageración»

—Por cierto: ¿los clásicos nos salvan de algo? Boris Johnson presumía de poder recitar de memoria en griego antiguo los primeros versos de la 'Ilíada', y no fue un gran primer ministro.

—«El diablo puede citar las Escrituras para sus propios fines», como dice Antonio en 'El mercader de Venecia'. ¡Ojalá fuera tan sencillo como «lee a Homero, Platón, Shakespeare o Dickens y conviértete en una mejor persona»!

—¿Qué mito recuerda con más frecuencia?

—Supongo que, por su claridad, cercanía y por la pureza y simplicidad de su imagen, la historia de Dédalo e Ícaro. Pero si hablamos de narraciones más complejas, Teseo, Edipo y Odiseo.

—¿Y cuál explica mejor el mundo en que vivimos hoy?

—Quizá Ícaro. Cualquier historia sobre exceder nuestros límites es una lección que necesitamos aprender, y en el caso de Ícaro es la ciencia y la tecnología lo que condena a quien las utiliza... aunque también es importante tener presente el paralelismo prometeico entre nosotros y la inteligencia artificial.

—No puedo resistirme a preguntarle por la adaptación de la 'Odisea' de Nolan. ¿De verdad puede adaptarse?

—Puede y volverá a adaptarse una y otra vez. Cada generación tiene sus propios traductores y, de vez en cuando, también el cine tiene los suyos. Más a menudo 'Troya', y también 'Jasón y los argonautas'. Ha habido incluso reinterpretaciones de reinterpretaciones. Películas del 'Ulises' de Joyce, por ejemplo.

—¿Cuál es su película favorita sobre la Antigua Grecia?

—Por la generación a la que pertenezco tendría que decir 'Furia de titanes' y 'Jasón y los argonautas'. Puede que hoy muchos las consideren películas bastante cursis, pero me llegaron en el momento adecuado. Quizá pronto pueda decir que la 'Odisea' de Nolan será mi nueva favorita.

—Por cierto, ¿sigue viajando a Grecia?

—Sí. Delfos sigue teniendo una atmósfera absolutamente extraordinaria. Es uno de los lugares más sorprendentemente resonantes del mundo.

—Llena de matorrales, sin glamour, pero con un palacio en lo más profundo de la isla, con una chimenea que espera a que un padre, una madre y un hijo se sienten a su alrededor.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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