La retirada de 5.000 de sus soldados de Alemania avisa a los aliados de que la protección de EE UU ya no es automática
Regala esta noticia Aviones del ejército norteamericano en la base aérea militar que Estados Unidos posee en la localidad alemana de Ramstein. (Reuters)Washington
03/05/2026 a las 07:20h.Donald Trump no ha roto del todo con la OTAN, pero ha dejado claro este fin de semana que la presencia militar de Estados Unidos ... en Europa ya no es una garantía inmune a los vaivenes de la política. El Pentágono anunció el viernes que retirará unos 5.000 soldados de Alemania entre los próximos seis a doce meses, una decisión presentada oficialmente como parte de una «revisión exhaustiva» del despliegue norteamericano en el Viejo Continente, pero que llega inmediatamente después de un choque de los duros entre el inquilino de la Casa Blanca y el canciller alemán, Friedrich Merz, por la guerra contra Irán.
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Irán había «humillado» a EE UU y que los norteamericanos habían entrado en este conflicto «sin estrategia». Trump respondió en su red, Truth Social, con un ataque directo: «El canciller de Alemania debería dedicar más tiempo a acabar la guerra entre Rusia y Ucrania, donde ha sido totalmente ineficaz, y a arreglar su país roto, especialmente inmigración y energía, y menos tiempo a interferir con quienes están eliminando la amenaza nuclear iraní».
— Pete Hegseth (@PeteHegseth) April 29, 2026
Washington lleva años estudiando una reducción de su presencia militar en Alemania. Trump ya quiso hacerlo en su primer mandato. Existe en el país desde hace tiempo una corriente que considera excesiva la carga de seguridad que asume EE UU en Europa, sobre todo cuando los socios incumplen objetivos de gasto, critican a la Casa Blanca y después reclaman protección. Pero esta vez el contexto es distinto. La retirada llega en plena guerra con Irán, con el frente de Ucrania abierto y con una Casa Blanca que exige a los aliados europeos disciplina política, no solo inversión militar.
Italia y España, los siguientes
Los siguientes en la lista de reconsideración son Italia y España, con unas 12.000 y 3.500 tropas, respectivamente. Para Alemania, el golpe es doble. Por un lado, pierde parte de la presencia militar norteamericana en su territorio. Por otro, descubre que sus críticas tienen coste inmediato. Berlín había intentado construir una relación pragmática con el líder republicano. Merz, consciente de la impopularidad del estadounidense entre buena parte de los votantes germanos, había buscado una línea de equilibrio: mantener la alianza, aumentar el gasto militar, reforzar el apoyo a Ucrania y evitar una ruptura abierta con Washington. Pero su frase sobre la falta de estrategia en Irán cruzó una línea que la Casa Blanca no tolera: que un aliado protegido por EE UU cuestione en público la conducción de una guerra norteamericana.
El ministro germano de Defensa, Boris Pistorius, intentó contener el daño. Dijo que la decisión era «previsible» y recordó que la presencia estadounidense sirve a los intereses de ambos países. Es cierto que EE UU no está en Alemania por caridad. Sus bases allí son esenciales para operar en Europa, Oriente Medio y África. La guerra de Irán lo ha demostrado de forma clara: militares evacuados de bases del Golfo atacadas por Teherán fueron trasladados a territorio alemán, y muchos heridos han sido tratados en Landstuhl, cerca de Ramstein.
Antes de la invasión rusa
El repliegue en suelo germano devuelve la presencia militar de EE UU en Europa a niveles de 2022
Alemania no es solo un país anfitrión; es una pieza logística central del poder de las fuerzas armadas norteamericanas. Hay, de hecho, limitaciones para Trump. Puede reducir tropas, retrasar despliegues, cancelar unidades previstas y enviar señales duras a Berlín. Pero no puede desmantelar de golpe la arquitectura militar estadounidense en suelo germano sin dañar también la capacidad operativa de EE UU. Ramstein, Landstuhl y los mandos Eucom y Africom no son símbolos. Son instrumentos de mando, evacuación, Inteligencia, transporte y tratamiento médico. Retirar todo eso tendría un coste enorme también para Washington.
Hay además límites legales y políticos. El Congreso había exigido por ley a la Administración presentar un plan detallado antes de reducir la presencia estadounidense en Europa por debajo de 76.000 efectivos. Jack Reed, principal demócrata en el Comité de Fuerzas Armadas del Senado, ya pidió a Trump que revirtiera la decisión y advirtió de que debilitar la huella militar en el Viejo Continente, mientras Rusia sigue atacando Ucrania y hostigando a aliados de la OTAN, es un regalo para Vladímir Putin. También puede haber oposición republicana, como ya ocurrió a raíz de la retirada de una brigada de Rumanía.
We are working with the U.S. to understand the details of their decision on force posture in Germany. This adjustment underscores the need for Europe to continue to invest more in defence and take on a greater share of the responsibility for our shared security - where we're…
— NATO Spokesperson (@NATOpress) May 2, 2026El recorte aplicado en Alemania demuestra que las amenazas de Trump no siempre son ruido. Este era el país europeo más importante en términos de presencia militar estadounidense. Si puede castigar a Berlín, también puede presionar al Gobierno de Pedro Sánchez. Rota y Morón son instalaciones estratégicas para EE UU en el Mediterráneo, el Atlántico, África y Oriente Medio.
La Administración española ha apostado por marcar abiertamente distancia con la guerra de Irán y por rechazar la implicación directa de las bases conjuntas. Esa posición puede tener argumentos jurídicos y políticos internos. Pero también un coste externo. En la Casa Blanca se interpreta como falta de apoyo en una crisis que Trump presenta como existencial. Cuando el presidente coloca una cuestión en esos términos, la neutralidad de un aliado no se lee como prudencia, sino como deslealtad.
Lo cierto es que el viejo pacto antes de Trump era cómodo: Europa criticaba y mantenía sus distancias, EE UU protegía con sus tropas por interés propio y todos fingían que la contradicción podía durar siempre. El actual presidente ha decidido que no, y ha dado un primer paso para desarmar el equilibrio de seguridad trasatlántico levantado cuidadosamente tras la Segunda Guerra Mundial.
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