- CRISTINA ACEBAL
El frío tiene nombre propio en los mapas del tiempo: Molina de Aragón. En este pequeño municipio del nordeste de Guadalajara, antiguo Señorío y hoy comarca de apenas 3.200 habitantes, el termómetro bajó hasta -14 el día de Reyes.
Lo que muchos desconocen es que, detrás de ese punto azul gélido en el mapa, hay una ciudad medieval magnífica, un parador recién estrenado, un castillo iluminado como un decorado de cine y la puerta de entrada a uno de los paisajes más singulares de la España interior.
Meteorólogos y aficionados la conocen como la Siberia española -no confundir con la "Siberia extremeña" de Badajoz-. El dato que sostiene el apodo impresiona: en enero de 1952, Molina de Aragón registró -28,2 ºC, una de las temperaturas más bajas medidas en una población habitada de Europa. Más recientemente, en enero de 2021, los termómetros volvieron a rozar la heroicidad con -25,2 ºC. Y las estadísticas hablan por sí solas: en torno a 300 días de heladas al año y una mínima media de -3,5 ºC en enero.
Molina de Aragón es un pequeño municipio del nordeste de Guadalajara, antiguo Señorío y hoy comarca de apenas 3.200 habitantes, aparece invierno tras invierno en el ránking de mínimas extremas y cuyo Castillo es tan famoso como sus gélidas temperaturas.El secreto está en la geografía. Molina se asienta a unos 1.060 metros de altitud, en una meseta amplia rodeada de sierras. Esa "cazuela" orográfica favorece las inversiones térmicas: el aire frío se acumula en el valle cuando se combinan cielos despejados, calma de viento y, a menudo, el efecto refrigerante de la nieve.
Forma, junto con Calamocha y Teruel, el llamado Triángulo del Frío, un laboratorio natural donde Calamocha registró en 1963 la temperatura más baja de la historia en una zona habitada de España, -30 ºC, y donde no es raro que se superen los -20 ºC en las grandes olas invernales.
Dormir con cinco mantas
Para los molineses, el frío no es un titular: es su manera de estar en el mundo. "Yo, como buen molinés, cogía el catarro en noviembre y lo soltaba en marzo", recuerda entre risas Luis Alguacil Moya, nacido allí hace 63 años. Creció en una casa de pueblo donde se dormía "bajo cinco mantas, cinco, cuyo peso no te dejaba darte la vuelta en toda la noche".
Su infancia está trufada de pequeñas anécdotas domésticas. Como aquella Nochebuena en la que su madre le pidió que sacara los langostinos de la nevera para la cena: "Cuando llegaron a la mesa estaban congelados. La nevera no era para enfriar; era para que la comida no se congelara, porque algunos días hacía más frío fuera que dentro".
Calamocha registra la temperatura más baja jamás registrada en España y, junto a Molina de Aragón y Teruel, forman el conocido como Triángulo del Frío.Dicen que hasta aquí ha llegado el cambio climático, pero Molina sigue tomándose muy en serio el termómetro. Las calderas se revisan con meses de antelación, el Ayuntamiento almacena sal por toneladas y las tuberías se protegen como si fueran tesoros. Alguacil admite que "efectivamente ya no se hiela tanto el pilón de la fuente del parque, ya lo más crudo del crudo invierno se concentra en menos días y no se congelan los pantalones vaqueros tras salir de la discoteca, pero es Molina de Aragón. Y cuando hace frío sigue haciendo mucho, mucho frío. Y, a veces, lo sientes como arañazos del invierno". A cambio, el visitante descubre una vida que no congela el ánimo ni el espíritu, con un legado digno de explorar.
Castillo con luces de última generación
El Castillo luce desde 2025, una iluminación artística que baña torres y murallas con un halo ámbar que unifica el perfil del castillo y la cercana Torre de Aragón, con 600 metros de muralla resaltados por proyectores LED de última generación.Ese rigor climático ha ayudado, paradójicamente, a preservar un patrimonio casi intacto. Molina de Aragón fue capital de un poderoso señorío fronterizo entre Castilla y Aragón y conserva un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural, con barrios judío y de la morería, casonas blasonadas y un rosario de iglesias que van del románico al barroco. Pasear por sus cuestas empedradas es leer, piedra a piedra, la historia de una ciudad que llegó a acuñar moneda propia y a rivalizar en importancia con muchas capitales de provincia.
Sobre todo ello se alza el castillo de Molina de los Caballeros, uno de los recintos fortificados más extensos de la Península: doble muralla, varias torres del homenaje y casi un kilómetro de lienzos dominando el valle del río Gallo. Levantado entre los siglos XII y XIII para vigilar la frontera, hoy vuelve a ejercer de faro, pero de luz. Desde 2025, un proyecto de iluminación artística baña torres y murallas con un halo ámbar que unifica el perfil del castillo y la cercana Torre de Aragón, con 600 metros de muralla resaltados por proyectores LED de última generación. El sistema, controlado digitalmente, permite cambiar colores en fiestas y efemérides… sin arruinar el cielo nocturno: la comarca forma parte del destino Starlight "Cielos de Guadalajara" y la instalación se ha diseñado para minimizar la contaminación lumínica.
Un parador que triplica el turismo
El parador de Molina es el noveno Parador de Castilla-La Mancha, ocupa 7.500 m² y cuenta con 24 habitaciones (dos de ellas suites), restaurante panorámico y salones preparados para eventos.A sus pies se extiende el flamante Parador de Molina de Aragón, un volumen contemporáneo de grandes ventanales orientados precisamente hacia la fortaleza. Inaugurado en 2024 como noveno Parador de Castilla-La Mancha, ocupa 7.500 m² y cuenta con 24 habitaciones (dos de ellas suites), restaurante panorámico y salones preparados para eventos. Nació como proyecto de reactivación tras el gran incendio de 2005 que arrasó buena parte de los montes de la comarca y hoy se ha convertido en el gran motor turístico de la zona: el Ayuntamiento calcula que la apertura ha disparado las pernoctaciones y que en verano la población casi se triplica.
El puente viejo es un puente románico sobre el río Gallo, formado por tres arcos escarzanos, realizados en piedra sillar arenisca roja, característica de nuestra zona.Pero Molina no se agota en el castillo ni en el Parador. Al otro lado del río Gallo, el Puente Viejo, un sobrio puente románico de piedra, con varios arcos ligeramente apuntados, recuerda el pasado comercial de la villa y regala una de las estampas más fotogénicas del perfil amurallado, especialmente cuando la nieve blanquea las laderas. Desde ahí se entra en un casco histórico que conserva el trazado del antiguo Señorío de Molina: barrios del Arrabal, la judería y la morería, plazas porticadas y casonas blasonadas que hablan de mercaderes, caballeros y rabinos.
Otra visita muy recomendable es el Monasterio de San Francisco, fundado a finales del siglo XIII y en la actualidad el edificio es ocupado por una Residencia de la Tercera Edad, atendida por las Hermanas de la Caridad, más otra pequeña parte que aloja el Museo Comarcal de Molina de Aragón.Entre los hitos religiosos destacan la iglesia románica de San Martín, la de Santa María la Mayor de San Gil o el convento de Santa Clara, pequeños museos de piedra donde se superponen siglos de arquitectura. Muy cerca del puente, el antiguo convento de San Francisco, levantado sobre una primitiva iglesia medieval, luce una sobria fachada renacentista y un interesante interior gótico; hoy acoge buena parte de la vida cultural de la localidad, con conciertos, exposiciones y actos públicos. Pasear sin prisa por estas calles, subir hasta las puertas de la muralla, cruzar el puente, perderse entre escudos y soportales… es la mejor forma de entender por qué, más allá del frío, Molina de Aragón se ha ganado un lugar fijo en el mapa sentimental de Castilla.
Geoparque Mundial Molina-Alto Tajo
El santuario se encuentra dentro del parque natural del Alto Tajo, en un marco natural incomparable conocido como el "Barranco de la Hoz", moldeado por las aguas del rio Gallo.Y si uno se aleja unos kilómetros, el paisaje se vuelve casi irreal. En el Barranco de la Hoz, el río Gallo ha tallado durante millones de años un cañón de paredes rojizas coronadas por formaciones rocosas caprichosas: el Huso, la Rueca, la Cobertera… En un recodo imposible, encajado en la roca, aparece el santuario de la Virgen de la Hoz, destino de peregrinaciones desde el siglo XII y uno de los enclaves más singulares del Parque Natural del Alto Tajo. Allí, entre sabinas, buitres leonados y silencio, se entiende por qué la UNESCO reconoció en 2015 el Geoparque Mundial Molina-Alto Tajo: pocas comarcas en Europa condensan de forma tan espectacular historia geológica, paisaje y religión popular.
En el mes de julio tiene lugar una de sus fiestas más representativas: Nuestra Señora del Carmen. Los caballeros de la Cofradía Militar del Carmen escoltan la imagen de la Virgen del Carmen por las calles de Molina. En el palacio del Ayuntamiento velarán el Estandarte, relevándose cada media hora, hasta las doce de la noche."Somos pocos, pero vivimos rodeados de un paisaje que no se acaba nunca", resume Luis Alguacil. "Cuando sales al amanecer y ves el castillo entre la niebla y el hielo, o bajas al Barranco de la Hoz y escuchas el río, entiendes que este frío también tiene algo de privilegio".
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