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Viaje a las entrañas del Centro Cyborg, donde los cadáveres 'cobran vida' y se opera en un Gran Hermano: "Es pionero"

Viaje a las entrañas del Centro Cyborg, donde los cadáveres 'cobran vida' y se opera en un Gran Hermano: "Es pionero"
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El espacio experimental de la Universidad Miguel Hernández aplica técnicas avanzadas para que los cuerpos donados sean capaces de sangrar, respirar y enfermar. Más información: El Supremo desestima el recurso de la UMH contra el grado de Medicina en la UA

El director del Centro Experimental Cyborg, Fernando Borrás, y el técnico de simulación Juan Carlos Rodríguez. Jorge Verdú

Educación Viaje a las entrañas del Centro Cyborg, donde los cadáveres 'cobran vida' y se opera en un Gran Hermano: "Es pionero"

El espacio experimental de la Universidad Miguel Hernández aplica técnicas avanzadas para que los cuerpos donados sean capaces de sangrar, respirar y enfermar.

Más información: El Supremo desestima el recurso de la UMH contra el grado de Medicina en la UA

Leer en Castellano Sant Joan d'Alacant Publicada 8 junio 2026 01:35h

Por fuera parece un edificio más, pero es en sus entrañas donde se encuentra la tecnología de vanguardia que ha convertido al Centro Experimental Cyborg en un referente mundial en metodologías educativas gracias a sus 75 cadáveres que cobran vida, su tecnología Gran Hermano y sus robots de última generación capaces de enfermar, llorar, quejarse e infartar.

Estas son las particularidades de un centro inaugurado por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, en el campus dedicado a las Ciencias de la Salud de Sant Joan d'Alacant, donde la línea entre la vida y la muerte es difusa; a veces es una frontera física, otras virtual, y en muchos casos desaparece para devolver una y otra vez a la vida cuerpos donados con el fin de impulsar el conocimiento y las habilidades de aquellos que deben velar por los pacientes que aún habitan el mundo.

"La salud es lo más importante, sobre todo cuando te haces mayor", reflexiona el director del centro, Fernando Borrás, mientras sube a la planta donde se ubica el centro y sus múltiples salas, cada una más avanzada que la anterior.

La joya de la corona del centro son sus 75 cadáveres cyborg que parecen cobrar vida. Los silenciosos pacientes son capaces de respirar, sangrar, tener una piel elástica y con buen color, e incluso pueden padecer arritmias y otras patologías provocadas.

Estos cuerpos donados a la ciencia son conservados mediante la técnica Thiel patentada por el centro, que les otorga una textura humana. Sus pulmones vuelven a funcionar mediante el uso de microchips para estimularlos y, con su 'pseudosangre', capaz de coagular, sangran como cualquier paciente.

Todo ello crea un espacio único en Europa que utilizan cirujanos especialistas para perfeccionar nuevas técnicas antes de ponerlas en práctica en los quirófanos reales.

Frigorífico del centro Cyborg. UMH

"Permite una formación de alto nivel real, usando torres de laparoscopia como si estuvieran en el hospital. Por estos cadáveres más blanditos también pasan estudiantes para hacer técnicas muy concretas, ya que son cadáveres con mucho más coste que los 25 que tenemos en formol", resalta.

Las técnicas empleadas permiten realizar múltiples intervenciones en el mismo cadáver hasta su incineración tras dos años 'ingresados' en el centro, lo que les da una ventaja competitiva frente a la mayoría de centros que siguen congelando a los cadáveres.

"En otros sitios congelan el cadáver y cuando lo quieren operar lo descongelan. Pero, una vez descongelados, empiezan a pudrirse y duran dos días, por lo que los tiran. El nuestro, al estar seis meses dentro de unos líquidos, se queda flexible, con textura humana y con todos los virus y microbios muertos", señala.

Para el responsable, esta inusual plantilla de enfermos "es pionera" y lo compara con tener "el mejor simulador del mundo sin operar un cuerpo vivo, lo cual nos ayuda a ser mucho más óptimos en los costes".

Robots enfermos

Otro de sus platos fuertes son sus robots ultrarrealistas que llevan al límite a los estudiantes con sus llantos, convulsiones, infartos y diferentes patologías que los profesores generan para descuadrar a los estudiantes y ponerles en situaciones de vida o muerte donde deben actuar en segundos.

Uno de los pacientes robot del centro. Jorge Verdú

La simulación es tal que todo en la sala replica al detalle una habitación de un hospital, desde las sábanas hasta la cama, pasando por los instrumentos que utilizan.

"Con estos maniquíes lo que intentamos es simular el comportamiento de un paciente. Por desgracia, cuando los estudiantes van al hospital, no todos pueden tocar al paciente por una cuestión de privacidad. Por eso montamos salas con toda la instrumentación y camas de hospital, y con robots que pueden llorar, respirar, toser, miccionar y sangrar. El robot no se queja, y si se muere no pasa nada", comenta Borrás.

Gran Hermano

Lo único que la diferencia de una habitación real es que esta está rodeada de cámaras para monitorizar al detalle los movimientos de los estudiantes desde su sala Gran Hermano, otro de los espacios de referencia del Centro Experimental Cyborg.

En esta habitación los profesores observan cómo actúan los estudiantes a través de una gran pantalla que se extiende sobre la pared y recoge imágenes de diferentes cámaras que recogen todos los movimientos que los futuros médicos realizan en estas situaciones de emergencia sanitaria.

"Todo lo que tenemos intenta mejorar el aprendizaje. Somos un poco el motor de la innovación de la Facultad de Medicina y una de las cosas que está más en vigor es el role playing, es decir, que la gente tome el papel de lo que va a hacer en un escenario lo más real posible", explica el responsable del centro experimental.

"Lo que estamos buscando es que cuando vayan al hospital estén tan formados que casi sean ya médicos y sepan cómo actuar bajo presión. La ley en España no deja ejercer hasta tener el título, así que estamos intentando mejorar para que el estudiante tenga casi la misma sensación. Es como los pilotos de avión: no le van a dar a uno un avión de 70 millones de euros si no ha hecho horas de simulación antes, donde le van poniendo pruebas para que no se les muera el paciente", sostiene.

El centro de control desde donde analizan la actuación de los estudiantes. Jorge Verdú

"Buscamos una situación en la que la gente aprenda y que sea un aprendizaje muy significativo, porque uno aprende el 95 % de aquello que hace. Cuando solo lo estudias de manera teórica, no tienes ese nivel de aprendizaje", asegura.

Operar en realidad virtual

A un lado de la pantalla que actúa como centro de control de este Gran Hermano sanitario se encuentra una estantería con gafas de realidad virtual. Se trata de la nueva apuesta del centro.

El director destaca que son una nueva incorporación "para realizar un estudio en el que tenemos a un grupo de estudiantes que aprende sin gafas y a otro que aprende con las gafas. De momento, el resultado significativo que hemos encontrado no es que académicamente aprendan mucho más, sino que, desde el punto de vista de la satisfacción del estudiante (por aquello de la novedad), les cuesta menos ponerse a estudiar".

Esta tecnología será probada por las diferentes titulaciones de la facultad (Podología, Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Medicina y Enfermería) que pasan durante su formación por el pionero centro.

Pacientes IA

Como no podía ser de otro modo, el centro también ha abrazado la irrupción de la inteligencia artificial para crear pacientes IA con los que practicar entrevistas clínicas. Borrás cree que la IA ha llegado para revolucionar la medicina en los próximos años, pero afirma que el factor humano siempre prevalecerá.

"Las máquinas siempre necesitarán supervisión humana, pero te permiten mirar y comprobar cosas cuando los humanos nos cansamos. Pero somos personitas, nos gusta que nos toquen, nos quieran y nos abracen, y eso las máquinas no lo van a dar. Pasará como con la revolución industrial: nos cambiaremos a otras tareas, no haremos tanto trabajo físico, pero el trabajo mental sí lo tendremos que hacer", compara.

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Fuente original: Leer en El Español
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