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El Gobierno reconoce a Bruselas que la principal vía para recaudar más es no deflactar el IRPF.
La fórmula elegida por el Ministerio de Hacienda durante la etapa de María Jesús Montero para cumplir con el ajuste del déficit exigido por la UE y, al tiempo, financiar el despilfarro exigido por los socios ha sido mantener una presión fiscal récord. Y parece que su relevo en la cartera ministerial, el ministro Arcadi España, mantendrá la misma tónica a juzgar por el plan fiscal para este año remitido a Bruselas.
En ausencia de Presupuestos, que Moncloa vuelve a retrasar por lo menos hasta conocer el impacto real de la guerra en Irán sobre la economía española, las principales medidas pasan por seguir engrosando la recaudación, llevando su peso sobre el PIB hasta un máximo del 42,2%. Hacienda lo hará por varias vías. La principal, de nuevo, será la de no actualizar las tarifas del IRPF con el alza de la inflación -en argot técnico, deflactar-, que el propio plan fiscal reconoce como una subida encubierta al incluirla dentro de las medidas tributarias para cuadrar las cuentas públicas.
El Gobierno espera que aporte a lo largo del actual ejercicio una cuarta parte de la mejora de los ingresos del Estado (2.294 millones de euros sobre un total de 8.500 millones), por encima de medidas de las que ha hecho bandera como el impuesto mínimo del 15% para las multinacionales (1.700 millones) o la tasa temporal sobre las grandes fortunas (620 millones). Y la recaudación por no ajustar el IRPF podría ser incluso mayor debido a la temida subida de los precios por la crisis bélica en Oriente Próximo que ha disparado el precio de los carburantes y la electricidad, y también a los temores a una escasez de materias primas que encarezca la cesta de la compra.
Lo cual ha llevado a los principales organismos a elevar sus previsiones de inflación en el conjunto del año. Y a mayor IPC, mayor carga fiscal sobre los salarios que se adapten para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Es lo que sucedió tras la espiral de precios y salarios iniciada en el año 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, cuyas consecuencias se prolongaron hasta finales de 2023, a pesar de lo cual tanto la entonces ministra Montero como el propio Pedro Sánchez se negaron de forma reiterada a deflactar el IRPF.
Otra de las vías para cuadrar las cuentas del Estado sin tener que anunciar más subidas de impuestos será reducir los beneficios fiscales, que se aplicaría este mismo trimestre y aportaría 1.700 millones de euros adicionales. En suma, más carga fiscal para no tener que reducir el abultadísimo gasto público.
La elevada factura de la fiscalidad de SánchezRecortes de ArcadiTemores ante la crisis y la respuesta política Comentar ÚLTIMA HORA-
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