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Zapatero, 'El exorcista' y el Punto Nemo

Zapatero, 'El exorcista' y el Punto Nemo
Artículo Completo 1,741 palabras
El lugar más solitario de la Tierra es siempre uno mismo, si se pone el suficiente empeño.

La Estación Espacial Internacional. NASA

Columnas EL PANDEMONIUM Zapatero, 'El exorcista' y el Punto Nemo

El lugar más solitario de la Tierra es siempre uno mismo, si se pone el suficiente empeño.

Publicada 23 julio 2026 15:23h

Ha dicho Zapatero en su entrevista de este jueves con Javier Ruiz que en los momentos difíciles recurre a su querido Jorge Luis Borges.

Cada cual se reconforta como quiere, pero acudir a Borges, probablemente el escritor más geométricamente glacial de los últimos cien años, en busca de consuelo espiritual es como acudir a Pedro Sánchez en busca de cariño, sinceridad y empatía: mejor buscas en otro lado.

Zapatero se ha definido en el pasado como agnóstico. Un personaje de la novela Contacto, de Carl Sagan, dice que un agnóstico es lo mismo que un ateo, pero sin el coraje de las convicciones de este último, y tiene razón. G. W. Foote, otro famoso ateo, dijo que un agnóstico es sólo un ateo con un sombrero de copa.

La cuestión es que cuando he oído esa frase de Zapatero he pensado que el ateísmo es un lugar muy solitario, pero en el que siempre tienes buena compañía. Pero también son buena compañía el arte, la ciencia y hasta el Estado de derecho, y ninguno de ellos aliviará la soledad que siente hoy Zapatero.

Luego me he acordado de El exorcista. Hay una escena en esa película que siempre me ha intrigado.

Es la escena en la que la niña Regan, en las primeras etapas de su posesión por el demonio Pazuzu, le dice a un astronauta, amigo de sus padres: "Usted morirá ahí arriba". You'll die up there.

En la versión española, Regan no dice exactamente eso, sino "usted morirá en su nave espacial". Es uno de esos raros casos en los que el doblaje mejora, desconozco si de forma intencionada o casual, el diálogo original de la película.

Ayer le pregunté a la IA por el simbolismo de esa frase en concreto. Y me dijo esto.

Respuesta de Google AI. Google AI

No sólo creo que la IA está en lo cierto, y que esa era la intención del director William Friedkin y del guionista (y autor del libro original) William Peter Blatty, sino que está muy bien tirado: no hay nada más terroríficamente solitario que la tecnología humana.

Como metáfora del vacío de Dios, la idea de una nave espacial es simplemente perfecta: la tecnología más vanguardista jamás creada por el ser humano no sirve de nada frente a la evidencia de que el lugar más solitario de la Tierra es siempre uno mismo, si tu único asidero es el materialismo.

Luego, enlazando ideas de forma un tanto intuitiva, he buscado cuál es el lugar más solitario de la Tierra. O, mejor dicho, he investigado si existe algún punto en la Tierra merecedor de ese nombre.

Y sí, existe, y se llama "Punto Nemo". De ahí, claro, el nombre de la serie de TV.

El Punto Nemo es real, se encuentra en el Pacífico Sur (coordenadas 48°52.6′S, 123°23.6′W) y su nombre científico es Polo Oceánico de Inaccesibilidad, un nombre aterrador si uno se para a pensar en el significado individual de las palabras que lo forman.

Para encontrar tierra firme desde el Punto Nemo debes viajar un mínimo de 2.688 kilómetros. Si lo haces hacia el norte, llegarás al cabo de varios días de navegación a la isla Ducie, un atolón deshabitado de las islas Pitcairn.

Si lo haces hacia el noroeste, desembarcarás en Motu Nui, un islote también deshabitado junto a la isla de Pascua.

Si lo haces hacia el sur, en la isla Maher, en la Antártida.

El Punto Nemo está situado dentro del Giro del Pacífico Sur, una colosal corriente oceánica giratoria que bloquea el paso de aguas ricas en nutrientes. Como resultado, el Punto Nemo es un desierto biológico en el que sólo sobreviven bacterias marinas y algunas formas de vida elementales adaptadas a condiciones de extrema escasez.

El Punto Nemo. Google Maps

Lo que sí hay en el Punto Nemo es basura. Debido a su aislamiento, las agencias espaciales de todo el mundo (como la NASA estadounidense, la ESA europea o la Roscosmos rusa) utilizan el Punto Nemo como basurero espacial.

Cuando los satélites, cargueros y estaciones espaciales terminan su vida útil, se dirigen hacia el Punto Nemo para desintegrarse en la atmósfera. En sus aguas descansa por ejemplo la chatarra de la estación espacial soviética MIR, y también es el lugar donde hundirán la Estación Espacial Internacional cuando sea desmantelada en 2031.

Las corrientes oceánicas que rodean el Punto Nemo actúan además como un agujero negro marítimo que atrapa cualquier objeto flotante que se acerque a él. Con el paso de las décadas, ese vórtice monstruoso ha recolectado desechos de América del Sur, Australia y Nueva Zelanda, formando lo que se conoce como la Mancha de Basura del Pacífico Sur, una colosal placa de cochambre compuesta en buena parte por redes fantasma, gigantescos bloques de aparejos de pesca que atrapan a cualquier criatura marina que encuentren en su camino.

Los seres humanos más cercanos al Punto Nemo en un momento dado cualquiera (por ejemplo, ahora mismo, mientras lees estas líneas) no suelen estar de hecho sobre la superficie del mar o en tierra firme, sino en el espacio. Son, precisamente, los astronautas de la Estación Espacial Internacional, que sobrevuela el planeta a unos cuatrocientos kilómetros de altura.

Se cuentan literalmente con los dedos de una mano los seres humanos que han estado en el Punto Nemo.

Isabelle Autissier. Claude Truong-Ngoc

La primera de ellas fue Isabelle Autissier, una regatista francesa conocida en su país natal por su mala suerte.

El 15 de febrero de 1999, Isabelle Autissier cruzaba el Pacífico en un barco de regatas cuando una ola gigante golpeó su barco y lo volcó en el Punto Nemo. Ella quedó atrapada en el casco, boca abajo, con los compartimentos de su nave espacial sellados de forma estanca.

Isabelle lanzó un mensaje de socorro y se organizó para sobrevivir el máximo tiempo posible dentro del casco. Durante las horas siguientes, se dedicó a ordenar compulsivamente los objetos de su habitáculo. No podía hacer otra cosa que esperar.

Isabelle fue rescatada por otro navegante, el italiano Giovanni Soldini. Soldini se desvió doscientas millas de su ruta y cruzó un temporal con olas de nueve metros hasta localizar el pecio del barco naufragado. Tras varias pasadas sin éxito, Soldini golpeó el casco con un martillo.

Isabelle, que no podía ver nada, tuvo la fortuna de oírlo, salió del barco por una escotilla y fue recogida por el navegante italiano en condiciones marítimas extremas.

La BBC tituló la noticia del rescateMilagro en Punto Nemo.

La noticia del rescate en la BBC. BBC

Con el tiempo comprendes que el ateísmo (y hablo por experiencia: he sido ateo durante toda mi vida) es el Punto Nemo del alma. Un lugar yermo, frío y solitario rodeado por una corriente de materialismo que impide el paso de cualquier tipo de nutriente, pero que actúa como imán de enormes placas de basura (ideologías políticas, cientifismos mesiánicos, religiones sustitutivas, supersticiones paganas, neurosis apocalípticas, paraísos artificiales) que aniquilan cualquier rastro de vida.

Sobre ese Punto Nemo, a cientos de kilómetros de altura, apenas el filo de una hoja de papel a escala cósmica, sobrevuela un grupo de astronautas y científicos de cociente intelectual estratosférico en una nave espacial cuya admirable tecnología punta se revela completamente inútil cuando una ola hunde tu barco.

Volcado al pairo sobre una mancha de basura caníbal, tu única esperanza resulta ser un hombre con una piedra en forma de martillo, la más primitiva de todas las herramientas creadas por el ser humano. Una que podría manejar un chimpancé.

Mientras esperas a que la suerte ponga en tu camino a ese primate con una piedra más útil que una estación espacial, y para matar el tiempo, te dedicas a ordenar de forma mecánica objetos irrelevantes de acuerdo con un orden fantasmal, aferrado a un simulacro de orden racionalista que sólo existe en tu cabeza, mientras el aire se enrarece y se agota poco a poco en la que será tu tumba, antes de convertirte en un pedazo más de la gran Mancha de Basura del Pacífico Sur junto a los restos de la estación MIR.

Y cuando aparece ese hombre con una piedra providencial en forma de martillo, el ateo piensa: "¡Qué suerte he tenido! ¡El azar me ama!".

Ana Zarzalejos, columnista de este diario, dice que hay que practicar más la moral intuitiva que la teórica. También dice que intelectualizarlo todo es el camino más directo posible al infierno, que no es un lugar al que te condenan, sino al que tú eliges ir.

Yo creo que, irónicamente, Ana tiene razón. Es decir, que su intuición ha resultado ser más racional que la más estricta racionalidad.

Como escribió Chesterton en Ortodoxia, son los racionalistas quienes se vuelven locos. "Los poetas rara vez se vuelven locos; lo hacen los jugadores de ajedrez, los matemáticos y los contables. El racionalista intenta meter los cielos dentro de su cabeza, y es su cabeza la que se parte. El racionalismo es una especie de simplicidad demente. Es un círculo pequeño, perfectamente redondo e infinito en su propia lógica. Pero no es el mundo".

Morir en una nave espacial es, en fin, es una elección. Y Zapatero ha escogido morir, metafóricamente, en la suya.

Allá él.

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    Fuente original: Leer en El Español
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