La dolencia - osteomielitis de la sínfisis púbica- por la que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, permanecerá ingresado dos semanas en el Vall d'Hebron ha dejado el timón del gobierno catalán en manos del joven Albert Dalmau (Barcelona, 1990), el primer consejero de la Generalitat de la generación milenial. Un gran desconocido para la mayoría de los ciudadanos, pero que, desde la discreción y cierta aura de misterio cultivada como marca personal, ejerce de patrón en la sala de máquinas del Ejecutivo catalán desde la llegada de Illa al Palau de la Generalitat en agosto de 2024.
Aunque su incorporación a la estructura del Govern como consejero de la Presidencia no acaparó mucha atención inicial, Dalmau se ha convertido en apenas dos años en la persona de máxima confianza del líder de los socialistas catalanes —un logro difícil teniendo en cuenta la naturaleza recelosa de Illa—, y a quien todos los consejeros recurren tarde o temprano para solventar problemas con rapidez y eficacia.
"Es muy currante y resolutivo, un metrónomo; lleva en la sangre la gestión pública", explica un miembro del Gobierno catalán en referencia al pedigrí socialista del consejero. No en vano, su padre, Joan Albert Dalmau, médico de profesión, fue una pieza importante en los años en los que el PSC ostentó una hegemonía incontestable en el Ayuntamiento de Barcelona: ejerció de gerente del distrito de Ciutat Vella en la etapa de Pasqual Maragall como alcalde; gerente del Eixample con Joan Clos y de Seguridad y Movilidad con Jordi Hereu.
FAMILIA MUY PSC
Vecino del popular barrio de la Barceloneta —donde nació y vive de alquiler con su pareja—, Dalmau estudió en los Jesuitas de Caspe y, posteriormente, Ciencias Políticas y de la Administración en la Universitat Pompeu Fabra, dos de los centros que suelen nutrir los altos cargos de la Generalitat. Y fue al poco de entrar en la facultad cuando decidió seguir los pasos familiares y se afilió al PSC. Un día vio en la cafetería de la facultad a Javi López, actualmente vicepresidente del Parlamento Europeo y, por aquel entonces, líder de las Juventudes Socialistas de Cataluña, y se le acercó para comunicarle su intención de hacerse militante.
Su primera experiencia profesional —y la única en el sector privado— la tuvo en el influyente think tank Barcelona Global, impulsado por la empresaria Maria Reig. Dalmau se incorporó al centro en 2013 como becario y tuvo como jefe a Mateu Hernández, actual director general del Consorcio de Turismo de Barcelona. "Aprende muy rápido, es muy inquieto, curioso y sabe mandar", recuerda Hernández.
Una cualidad, la de saber mandar y gestionar, que muchas de las personas consultadas para este perfil le reconocen, aunque en el PSC también hay voces más críticas que señalan que Dalmau es, sobre todo, un "fontanero" del socialismo catalán, excesivamente disciplinado y obediente con el poder, y que todavía tiene que demostrar que es algo más que un buen gestor. "En primera línea política no solo vale la buena gestión", subraya un veterano dirigente del PSC.
Dalmau crece políticamente en la Federación de Barcelona del PSC —casi un partido dentro del partido— y a la sombra de Jaume Collboni, actual alcalde de la ciudad. En mayo de 2016, cuando Collboni es elegido teniente de alcalde del consistorio de Ada Colau, le escoge como jefe de gabinete —cargo que había ocupado con anterioridad Salvador Illa—. Y tras la investidura de Collboni como alcalde, Dalmau pasa a ser, a los 28 años, el gerente más joven de la historia del Ayuntamiento.
Entre sus funciones figuraba mantener vivo un gobierno que estaba en clara minoría y lidiar con las siempre complicadas relaciones con Colau y los Comunes. "Es amable y simpático, pero también tiene fama entre los suyos de ser conspirador y de tener una ambición desmedida", afirma un dirigente municipal del PP que coincidió con él en aquellos años. Otro ex concejal en el consistorio, alejado ya de la primera línea política, destaca que su sensatez, escaso ego y compañerismo.
DE COLLBONI A ILLA
La llegada del PSC al gobierno de la Generalitat de la mano de Illa supone otro punto de inflexión en la fulgurante carrera de Dalmau. Illa lo quiere como mano derecha y "gerente" del Govern. En poco tiempo, Dalmau se hace suyo el cargo de consejero de Presidencia, siendo una pieza insustituible en su día a día, y además traba una relación personal muy estrecha con Illa: los dos madrugan mucho —Illa para correr unos kilómetros y luego ir a misa— y pasan largas jornadas en el Palau, con una cultura del trabajo que no casa, precisamente, con las políticas de conciliación familiar.
El auge de Dalmau simboliza la eclosión de una nueva generación de jóvenes dirigentes socialistas, más técnicos y menos ideologizados que la anterior, y que tienen una obsesión casi personal: evitar que el actual Gobierno de Illa caiga en la permanente inestabilidad y discordia interna de los tripartitos de Maragall y Montilla. En este sentido, Dalmau está en las antípodas de la izquierda woke y sus posiciones en inmigración o seguridad son propias de una izquierda de orden, que nada tiene que ver con Colau, Pablo Iglesias, Yolanda Díaz. En definitiva, Dalmau puede definirse como un producto clásico de la factoría del PSC a quien, en su escalada imparable por ahora como 'fontanero', algunos lo contemplan como el futuro sustituto de Illa si este, algún día, da el salto a la política española.