¿Qué quiere decir que una tragedia «se politice»? En las horas posteriores al terrible accidente en Adamuz, con la cifra de muertos en ascenso y decenas de familias sumidas en el dolor y la angustia, muchos comentarios en redes sociales ya estaban pidiendo «no politizar» el desastre. Pasemos por alto la hipocresía de aquellos dirigentes o activistas que dicen esto cuando no han tenido problema en instrumentalizar otras tragedias. Quizá su problema sea que no encuentran una manera de politizar esta que les resulte rentable. Pero también hay mucha gente que desea de buena fe, y sin que haya un interés detrás, que el accidente «no se politice»; y esto es lo verdaderamente significativo. Porque la expresión revela una idea muy extendida sobre lo que es la política y lo que podemos esperar de ella.
En este contexto, «politizar» sería el intento de culpar al adversario político de lo que ha ocurrido, o explicarlo de tal forma que refuerce una postura ideológica. Esto provoca rechazo porque se presupone que viene motivado por una cínica indiferencia: quien politiza de esta forma no estaría realmente conmovido por el dolor de los demás, sino que solo buscaría obtener rédito político. Pero también provoca rechazo porque todos intuimos que hay algo en la muerte que exige respeto; es lo que nos empuja a guardar silencio en su presencia. La politización, por el contrario, se presenta como un guirigay insoportable. En lugar de colocar la tragedia en un espacio aparte, como el hecho excepcional y atroz que es, la politización supondría insertarlo en unas trifulcas partidistas que nos parecen tremendamente ordinarias.
Para saber másGráfico.Así fue el accidente: la secuencia de la tragedia
- Redacción: ELSA MARTÍN
- Redacción: EMILIO AMADE
- Redacción: ÁLVARO MATILLA
- Redacción: MARÍA ALCÁNTARA
Imágenes del accidente de dos trenes en Adamuz (Córdoba)
- Redacción: ELENA IRIBAS / AGENCIAS
El caso es que esta actitud asume que toda politización es sucia y tóxica, cuando «politizar» puede ser algo mucho más noble. Y necesario. Una tragedia como el accidente de Aldamuz obliga a analizar qué ha ocurrido y a establecer posibles responsabilidades. Y la política no es el único ámbito en el que se puede hacer esto, pero sí es uno de los más indicados para ello. Sobre todo, porque las soluciones suelen depender de quienes legislan, y manejan los presupuestos, y nombran -o destituyen-. A veces parece que se está pidiendo a los políticos que renuncien a una de sus tareas más importantes: hacer que el sistema mejore.
Se podrá decir que una politización buena requiere un altruismo que ya no esperamos de los políticos. Pero no tiene por qué ser así. El interés propio puede dar resultados que beneficien a muchos. Un investigador que busca hacerse rico puede desarrollar un fármaco que salve miles de vidas. Del mismo modo, un partido que busca obtener rédito electoral puede señalar problemas verdaderos, puede proponer soluciones útiles. El problema no tiene que ver con que los políticos actúen movidos por su propio interés. El verdadero fallo se produce cuando ese interés no sirve para esclarecer la verdad, sino para distorsionarla; cuando no impulsa las soluciones necesarias, sino que las bloquea. La frustración ciudadana se debe más bien a esto, a la sensación de que el jaleo político paraliza el sistema. En vez de exigir que las cosas verdaderamente serias no se politicen, quizá deberíamos pedir que se politicen mejor.