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'Cristóbal Colón', la fragata más moderna de la Armada española exhibe poderío junto al 'Charles de Gaulle', el único portaviones europeo de propulsión nuclear

'Cristóbal Colón', la fragata más moderna de la Armada española exhibe poderío junto al 'Charles de Gaulle', el único portaviones europeo de propulsión nuclear
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El barco francés no es solamente un artefacto militar poderoso, sino la bandera flotante de un país y todo cuanto eso significa, implica y expresa Leer

Es frecuente que nuestras mejores fragatas, las F-100, clase Álvaro de Bazán, operen junto a los portaviones estadounidenses, con los que comparten sistemas. Ahora mismo, la Blas de Lezo (F-103) está integrada, en maniobras de alta intensidad en el Atlántico Norte, en el grupo de combate del George H.W.Bush. Y ha intervenido anteriormente en ejercicios con el Dwight D. Eisenhower.

La Álvaro de Bazán ha interoperado con el Theodore Roosevelt. La Almirante Juan de Borbón (F-102), con el Bush también. La Méndez Núñez (F-104), con el Abraham Lincoln... Pero es más raro, aunque no insólito, que intervengan junto a portaviones de otros países. Con el Charles de Gaulle, por ejemplo, aunque la Blas de Lezo lo hizo en cierta ocasión durante un par de meses. Las Marinas de la OTAN coinciden en maniobras o en despliegues de la Organización.

Pero ahora la española Cristóbal Colón (F-105) se ha unido al Charles de Gaulle francés de una manera mucho más estrecha y en medio de una situación real de guerra, en la que se exhibe el pabellón a modo de mensaje múltiple.

El Charles de Gaulle es Francia y su defensa independiente. El mayor orgullo naval del país junto a los cuatro submarinos de propulsión nuclear de la clase Le Triomphant, que forman parte de la Force de frappe. Unidades portadoras de misiles balísticos con carga atómica. Macron, en apoyo a las operaciones contra Irán, cantó días atrás La Marsellesa junto a Le Téméraire, el segundo de la serie.

El Charles de Gaulle es por ahora el único portaviones francés y, también, el único no estadounidense de propulsión nuclear. Todos los demás portaviones de las potencias que los poseen son de propulsión convencional y con aviones de despegue y aterrizaje convencionales, o de corto despegue y aterrizaje vertical. Los dos británicos: el Queen Elizabeth y el Prince of Wales. Los tres italianos: el Giuseppe Garibaldi, el Cavour y el Trieste (quizá, por su tamaño, más portaeronaves que portaviones, como nuestro Juan Carlos I). Los dos indios: el Vikramaditya y el Vikrant. El ruinoso, siempre en reparaciones, Almirante Kuznetsov ruso. Incluso los tres chinos, a la espera del nuclear que se está construyendo: el Liaoning, el Shandong y el recientemente puesto en servicio, el formidable (85.000 toneladas) Fujian.

El Charles de Gaulle es, con sus 45.000 toneladas, la mitad de imponente que los 11 carriers estadounidenses y unos 50 metros más corto (261 de eslora). También lleva menos gente a bordo: 1.200 efectivos, con el añadido de 600 de los pertenecientes a la dotación aérea. Y no es tan rápido: 27 nudos, unos 50 kilómetros por hora. Pero su carácter de navío nuclear lo acerca, en cierto modo, a ellos y lo aleja, por así decirlo, del resto de portaviones. Su componente aéreo es considerable: entre 30 y 40 modernos aviones Rafale M (de marine), apoyados por aparatos de alerta temprana E-2C Hawkeye, y helicópteros Dauphin y NH-90 Caïman.

Al igual que sus homólogos estadounidenses, no ha recurrido al ski jump, esa rampa a proa que facilita el despegue, arrojando al aire al avión. Se confía a las catapultas para asistir al despegue, capaces de lanzar en 1,5 segundos una mole rugiente de 25.000 kilogramos a 300 kilómetros por hora. Su defensa depende fundamentalmente de sus barcos de escolta (tres fragatas y un buque de aprovisionamiento). Pero dispone de misiles antiaéreos Aster 15 y lanzaderas Sadral y Mistral.

Goza de un historial de combate en Afganistán, Libia, Siria e Irak. En 2018 se procedió a su modernización de media vida. Y hasta que, alrededor de 2038, sea complementado o reemplazado por el proyecto PA Ng, sin nombre todavía, un monstruo de 78.000 toneladas seguirá siendo el orgulloso buque insignia de la Marine National francesa. Una demostración de la grandeur.

La fragata española que lo acompaña y escolta, la Cristóbal Colón (F-105) es lo más moderno, granado y capaz de nuestra Armada. Aunque perteneciente al grupo de las F-100, figura más cerca de la siguiente generación, ya en construcción, las F-110, clase Bonifaz, que de sus gemelas anteriores, a las que mejora sustancialmente, hasta el punto de duplicar el coste. Las cuatro primeras F-100 costaron cada una alrededor de 450 millones de euros. La quinta, la Cristóbal Colón, unos 850 millones de euros.

Sus capacidades, basadas en el sistema Aegis de detección, seguimiento y clasificación de blancos, son totales: tierra-aire, tierra-tierra y antisubmarinas. Dispone de un sistema de lanzamiento vertical con 48 celdas para los misiles Standard SM-2 y RIM-162 Envolved Sea Sparrow. También de misiles NSM y RGM-84 Harpoon Bloque II.

Monta dos lanzadores dobles de torpedos Mk-46 y un sonar remolcado TACTAS, que integra cohetes guiados ASROC. Un cañón de 125 milímetros, dos cañones de 20 milímetros, otros dos de 25 milímetros y cuatro ametralladoras Browning M-2 de 12,7 milímetros serían las armas empleadas en enfrentamientos de baja intensidad. Suele portar a bordo un helicóptero SH-60B.

Con 6.400 toneladas de desplazamiento, 147 metros de eslora, 17 metros de manga y 216 tripulantes altamente cualificados, el Charles de Gaulle no es solamente un barco poderoso, sino la bandera flotante de un país y todo cuanto eso significa, implica y expresa.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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