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Los personalismos han condenado a la irrelevancia a la izquierda radical.
Han pasado diez años desde que Podemos alcanzó más de cinco millones de votos en unas elecciones generales (un 20% del total), situándose como tercera fuerza política en España. 69 diputados, de los que 27 correspondían a sus aliados regionales: En Comú Podem (Cataluña), Compromís (Valencia), Es el Momento (Comunidad Valenciana) y En Marea (Galicia). Hoy, la formación morada tiene apenas cuatro escaños en las Cortes, tras romper con Sumar en diciembre de 2023, y ha dejado de contar con representación en nueve parlamentos autonómicos. Las batallas intestinas, los egos y las ambiciones personales acabaron con un proyecto que en 2015 ilusionó a millones de españoles. El próximo 21 de febrero, cuatro formaciones de la izquierda alternativa intentarán refundar una coalición que recupere esa ilusión perdida, sin contar con Podemos.
Los líderes de Izquierda Unida, Formación Sumar, Más Madrid y Comunes han hecho un llamamiento a recuperar la unidad en la izquierda, tras largos años en los que han ido perdiendo poder hasta caer prácticamente en la irrelevancia. El objetivo es llegar a las próximas elecciones generales, sean cuando sean, con un proyecto político que les impulse a recuperar parte de la influencia que les llevó en 2019 al autodenominado "Gobierno de coalición progresista" y que les ha permitido sobrevivir con cinco ministerios y cientos de cargos públicos.
Mientras algunos de los líderes de esa izquierda alternativa quieren plantear la refundación como un movimiento de abajo a arriba, contando con las bases, ya se han producido los primeros enfrentamientos sobre el liderazgo del nuevo proyecto. Desde las poltronas de Sumar se pretende mantener a Yolanda Díaz como líder del nuevo conglomerado, cuando es público y notorio que su crédito está agotado. Ninguneada por sus socios en el Gobierno y obligada a plantear batallas perdidas para mantener su presencia pública, la vicepresidenta segunda ha quemado ya todo el prestigio que pudo tener. Aupada al poder por el dedo de Pablo Iglesias, no dudó en traicionarle al poco tiempo y excluir de los órganos de poder a los representantes de Podemos.
También intenta asumir protagonismo antes del acto de refundación de la izquierda radical un personaje muy peculiar que llegó al Parlamento renegando de España y que se ha ido acomodando a la buena vida de Madrid. Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, ha querido ponerse al frente de la manifestación para liderar lo que considera la "izquierda plurinacional"; una especie de Frente Popular federal y republicano que él estaría dispuesto a encabezar.
"A mí, representar a alguien de Algeciras no me hace menos catalán ni menos independentista", dijo hace pocos días, "me hace más normal y más útil". Tiene razón si se acepta que la normalidad política ha caído hace tiempo en la inconsistencia y el populismo. El problema que tiene Rufián es que ni sus propios compañeros de partido le han comprado la propuesta. Así que el político catalán de origen charnego tendrá que seguir defendiendo la independencia y atacando a sus oponentes políticos con frases ingeniosas de 120 caracteres. Qué daño han hecho las redes sociales al debate político.
Es Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida, el que está intentando poner un poco de orden en este proyecto de refundación y que busca la participación del mayor número de formaciones políticas. "Los que se excluyan de ese impulso y esa movilización social quedarán fuera de la historia", ha dicho en clara alusión a Podemos, que ya ha advertido que no se sumará a la iniciativa. Lo de llenarse la boca con acontecimientos "históricos" es una mala costumbre que suele ocultar la falta de ideas. Aunque Maíllo sí quiere "actualizar el programa, los objetivos políticos y el referente", antes de hablar de marca, de siglas o de liderazgo.
La izquierda a la izquierda del PSOE ha planteado muchos proyectos de refundación para ocupar un espacio que teóricamente aglutina a varios millones de votantes. Casi todos los intentos han terminado en fracaso, desde el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo. Tan solo Podemos consiguió movilizar a las bases más radicales, absorbiendo la inercia de los movimientos de indignados del 15-M.
Entre los errores que han llevado a la irrelevancia a las formaciones de la izquierda radical, además de los personalismos, hay que destacar su intento de competir con los partidos nacionalistas e independentistas de izquierdas, en vez de aliarse con ellos. Si el nuevo proyecto quiere triunfar, deberían recuperar las buenas relaciones con las formaciones periféricas y atraerlas a la posible coalición electoral.
Otro problema que deberán afrontar es cómo responder a la ocupación del espacio de la izquierda que viene haciendo Pedro Sánchez en la última legislatura. El presidente del Gobierno se ha apropiado de algunas de las señas de identidad de estas formaciones desde el poder que le otorga el Boletín Oficial del Estado.
Y ya que hablamos de refundación, en algún momento se tendrá que plantear un cambio radical en el PSOE. Los últimos resultados electorales, en Extremadura y Aragón, y la extrema debilidad parlamentaria del presidente del Gobierno obligarían a plantearse una autocrítica en profundidad sobre la hoja de ruta de Sánchez. Aumentan las voces en ese sentido, con el expresidente Felipe González a la cabeza. Su intervención el pasado martes en el Ateneo de Madrid puso de manifiesto la preocupación y la indignación de muchos líderes, militantes y votantes socialistas que eligen la papeleta en blanco frente a la deriva "sanchista". España necesita recuperar el espíritu constitucionalista del Partido Socialista.
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