La celebración de una derrota. Así viven el lunes postelectoral de Castilla y León en el PSOE. Perdieron los comicios ante el PP, de hecho, la distancia entre ambas formaciones aumentó en 3,3 puntos respecto a hace cuatro años, pero los socialistas subieron en escaños (dos, hasta los 30) y en votos (+0,72 puntos hasta los 379.703). Pero, sobre todo, rompieron una mala tendencia tras desplomarse en Extremadura y Aragón. Esta redención fue de la mano de Carlos Martínez, alcalde de Soria con cuatro mayorías absolutas, un aspirante muy pegado al territorio y con una campaña hablando de los problemas de su comunidad, tratando de abstraerse, en la medida de lo posible, del huracán nacional. Su figura contrasta con la estrategia de Pedro Sánchez de ministros candidatos para intentar liderazgos de peso y sólidos en los territorios. Pero ni Ferraz ni Moncloa se replantean la estrategia.
La primera prueba del algodón de los ministros candidatos, con Pilar Alegría en Aragón, salió mal, perdiendo cinco escaños e igualando el peor resultado del PSOE. La siguiente parada es Andalucía, donde la candidata es María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, un puesto que genera desgaste. Acude, además, a la cita con el nuevo modelo de financiación pactado con ERC y con la promesa de los Presupuestos pendientes a día de hoy. Con Salvador Illa, que también dio el salto desde el Consejo de Ministros a la candidatura a Cataluña en 2024, en cambio salió bien. Ganó. "Creemos que el hecho de que sean ministros candidatos influye para bien", exponen fuentes gubernamentales.
"El PSOE es una organización seria que deja que los liderazgos los elijan en los territorios", ha defendido Montse Mínguez, portavoz socialista. "El PSOE no pone y quita a dedo candidatos porque molesten. Los liderazgos los elige la militancia". Es verdad que en la formación socialista los candidatos deben someterse a una votación en caso de que haya más de un postulante. Y que, por ejemplo, Alegría y Montero ganaron esas primarias. Pero también lo es que la decisión de que los candidatos tengan el foco de Moncloa y después salten a sus comunidades a hacer campaña es del presidente del Gobierno, decisión que tomó tras sufrir durísimos reveses en feudos como Madrid o Andalucía, lamentando el poco peso de los candidatos.
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Carlos Martínez fue un candidato que contó con el beneplácito del entonces secretario de Organización Santos Cerdán, ahora investigado por la Justicia, para desbancar a Luis Tudanca, un líder autonómico que había discrepado de Ferraz en distintas cuestiones y donde había habido choque por la confección de las listas electorales. Martínez contaba, por tanto, con el respaldo de la dirección, pero no fue un sanchista de primera hora. De hecho, ha mantenido posición propia, contraria a su partido, en temas como la financiación autonómica o el que gobierne la lista más votada.
"Las señoras Alegría y Montero ganaron sus primarias, tenemos procesos sinceros, escuchamos a los territorios", ha ahondado Mínguez, que ha puesto de ejemplo a Miguel Ángel Gallardo, un líder muy crítico con Sánchez pero que ganó a las candidatas del aparato y pese a estar imputado en la causa del hermano del presidente del Gobierno fue el candidato en las últimas elecciones extremeñas. Se desplomó, eso sí.
Sobre si es preciso que Montero, que parte en Andalucía con unas expectativas muy adversas, deje ya el Consejo de Ministros para ejercer como candidata, como creen muchos sectores del partido que sería conveniente, en Ferraz dan libertad de tiempos y señalan que lo hará cuando lo crea conveniente, como así hicieron Alegría o Illa. Ambos apuraron hasta que pudieron.