EDITORIALES
Fuego en CeutaLos incendios en los campamentos del Tarajal y las amenazas de Rabat elevan la tensión de una crisis que no se sofoca con dimisiones de cargos menores
Regala esta noticia Añádenos en Google 11/09/2026 a las 23:25h.Lejos de quedar sofocada, la crisis de Ceuta enfila una deriva cada vez más alarmante en la calle y los despachos. El riesgo de estallido ... social en la ciudad autónoma, que debería ser una preocupación prioritaria para la Administración, se cruza con el chantaje diplomático de Marruecos y la evidente desorientación del Gobierno de Pedro Sánchez en busca de un relato desmontado por la realidad de los avisos del CNI los pasados 30 y 31 de julio. Los incendios desencadenados en los campamentos del Tarajal –con 42 asentamientos destruidos en la madrugada del viernes, aunque afortunadamente sin causar heridos entre los migrantes acogidos– revelan el riesgo de brotes xenófobos y la degradación de la convivencia. La población ceutí sigue al límite y necesitada de los recursos del Estado para intentar recuperar una normalidad que tardará en llegar.
Por razones de prudencia, el Gobierno de Sánchez debe combinar la firmeza diplomática en la respuesta con una gestión interna rigurosa de la crisis que deje atrás la cadena de contradicciones. Lo que parece claro es que la depuración de responsabilidades políticas no termina con la dimisión del jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta tras insistir en que él sí había trasladado el aviso del CNI sobre la entrada masiva de migrantes. La renuncia de un cargo menor es claramente insuficiente para sofocar el fuego desatado en Ceuta y explicar lo que parece una sucesión de negligencias en la prevención. Está aún por ver cómo el Ejecutivo piensa proteger la frontera sin ceder ante las presiones de Rabat ni dejar desamparada a la ciudadanía ceutí ni a los inmigrantes más vulnerables.
Alarma ante la subida del precio del crudo
Han pasado más de seis meses desde que Estados Unidos e Israel lanzaran su 'Operación Furia Épica' sobre Irán. Contra el pronóstico inicial, Teherán mantuvo el pulso e incluso elevó la apuesta con el cierre del estrecho de Ormuz y, así, el conflicto se cronificó, la región quedó desestabilizada y la economía global, en situación de máxima incertidumbre. Lo que había de ser un ataque rápido y letal se convirtió en una guerra terrible. Por el momento, ni los intentos de negociación ni los altos al fuego han conseguido detener la sangría del conflicto. Los consumidores ya están sufriendo las consecuencias de esta temeridad geopolítica y todo apunta a que seguirán haciéndolo en los próximos meses. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) advirtió ayer que las refinerías están «al límite». Si se encuentra pronto una salida del conflicto, es razonable esperar una recuperación, no a finales de 2026, pero al menos sí en 2027. En caso contrario, si el conflicto sigue sin resolverse, el consumo de reservas se acelerará –se está agotando a un ritmo récord– y el suministro y la demanda mundial caerán en picado. Todo ello podría provocar una vertiginosa subida de los precios del petróleo y agudizar la crisis económica.
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