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Incertidumbre y angustia entre los miles de evacuados en los pueblos amenazados de Madrid: "Hoy estamos aquí, mañana no lo sabemos"

Incertidumbre y angustia entre los miles de evacuados en los pueblos amenazados de Madrid: "Hoy estamos aquí, mañana no lo sabemos"
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Familias, mayores y personas dependientes pasan las horas en el pabellón de Villamanta esperando esa llamada que les permita regresar: "No nos ha faltado de nada. Anoche faltaron camas, pero la UME estaba desbordada" Leer

El silencio apenas dura unos segundos. En una esquina del pabellón, alguien arrastra una cama plegable recién montada mientras varios grupos observan atentos para luego replicar el montaje. En otra, una mesa llena de voluntarios reparte botellas de agua mientras, fuera del recinto, una cola humana va apilando una a una decenas de cajas de comida. Un procedimiento que no deja de funcionar desde primera hora de la mañana.

Entre medias, la escena se compone de rostros cansados que tuvieron que dormir sentados en sillas de plástico el día anterior, familias viendo pasar las horas y vecinos que miran el teléfono cada pocos minutos esperando una única noticia. Nadie sabe cuándo llegará el momento de poder volver a casa.

El polideportivo municipal de Villamanta se ha convertido en el refugio improvisado de centenares de vecinos evacuados de Villa del Prado y otros municipios del suroeste madrileño por los incendios que mantienen en vilo a la Comunidad de Madrid. Algunos llegaron de madrugada. Otros llevan casi dos días fuera de sus viviendas entre confinamientos y desalojos.

"Nos desalojaron anteayer. A las once de la noche nos dijeron que podíamos volver porque parecía controlado, pero media hora después nos avisaron otra vez para salir", cuenta María Pilar García, alicantina casada con Amos, madrileño, que todavía es incapaz de entender la rapidez con la que cambió la situación. "La gente no ha pegado ojo. Había quien estaba en el suelo porque al principio ni siquiera había colchones", relata.

María Pilar García sentada en el polideportivo de VillamantaMUNDO

Una escena que se repite en cada rincón del polideportivo, donde nadie se arrepiente de haberse dejado algo en su hogar. "Nos pilló completamente por sorpresa. Cogimos la medicación, el dinero, la documentación, a la niña... y nos fuimos", explica Christian, evacuado junto a su familia. Desde entonces solo saben que, de momento, el fuego no ha alcanzado el núcleo donde está su vivienda. "Pero no sabemos nada más".

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A su lado su madre, Ildefonsa, recuerda cómo un familiar fue a buscarla tras recibir el aviso de evacuación. Apenas puede caminar con normalidad y abandonar la casa supuso un auténtico reto. Aun así, insiste en que la atención recibida ha sido impecable. "No nos ha faltado de nada. Anoche faltaron camas, pero era porque la UME estaba completamente desbordada".

Hace cuatro años sufrió un trombo que la mantuvo cuatro meses hospitalizada y del que, contra el pronóstico inicial de los médicos, consiguió recuperarse sin perder la movilidad ni el habla.

Ildefonsa y su hijo Christian, caminando por el polideportivo de VillamantaMUNDO

Ahora camina despacio, con dificultad. Sentada en una de las sillas del polideportivo de Villamanta, cuenta las horas para volver. "El hogar al final siempre es tu lugar seguro", afirma.

Y detrás de las miles de historias que esperan con impaciencia que las llamas desaparezcan, cientos de vecinos entran y salen continuamente con bolsas, ropa, café caliente o alimentos. Miguel Velasco y Ángel Ramírez llevan horas ayudando a descargar, mover cajas y atender sin dejar a nadie de lado.

Ninguno vive la tragedia en primera persona, pero sienten que podrían ser ellos quienes necesitaran ayuda cualquier otro día.

"No tiene más misterio. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti", resume Miguel. "Cuando nos toque necesitar ayuda, también querríamos que alguien estuviera ahí". Reconoce, sin embargo, que le sorprendió ver cómo algunos vecinos se limitaban a observar desde la puerta mientras otros no paraban de trabajar. "Había cuarenta chavales mirando. Yo me encendía un cigarro, daba dos caladas y lo apagaba porque había que seguir ayudando".

Ángel Ramírez, voluntario en el polideportivo de VillamantaMUNDO

Y es que son los propios evacuados quienes señalan continuamente a esos voluntarios que, a pesar de su juventud, son los primeros en. "Lleva aquí desde ayer y todavía no se ha ido a dormir", dice Ildefonsa mientras señala a uno de los jóvenes que sigue repartiendo agua y organizando la llegada de material. "La gente joven de este pueblo me está sorprendiendo muchísimo".

Mientras tanto, las horas pasan. Los desalojados dependen de las reuniones del Centro de Coordinación Operativa Integrada (CECOPI), encargado de decidir cuándo podrán regresar. Nadie se atreve a hacer planes. "Hoy estamos aquí. Mañana no sabemos", resume Christian.

Ni ayer ni hoy se habla de muebles ni de objetos perdidos. Se habla de volver. De abrir otra vez la puerta de casa. De comprobar que todo sigue allí y de que, a pesar de vivir una de las temporadas de incendios más devastadora de los últimos años, lo único que queda es la confianza.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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