- KIERAN SMITH
Con el respaldo de Sheryl Sandberg y Jensen Huang, espera convertir a Nscale en un hiperescalador valorado en un billón de dólares.
Hace diez años, Josh Payne trabajaba en una mina de carbón en Australia. Hoy, a sus 32 años, está a punto de obtener ganancias multimillonarias gracias a la venta de la infraestructura clave del auge de la IA. Mientras, Nscale, su startup de centros de datos se prepara para una posible salida a Bolsa valorada en 35.000 millones de dólares.
El ascenso de este emprendedor australiano ha sorprendido a sus ex compañeros, que describen su trayectoria como "increíble" dada su falta de estudios superiores o experiencia en el sector financiero. Sin embargo, Payne parece haber compensado con creces estas carencias gracias a una red de aliados poderosos, cautivados por su intensidad y su actitud directa y pragmática.
Desde su lanzamiento hace dos años, Nscale ha conseguido el respaldo de Jensen Huan, el CEO de Nvidia y de los exdirectivos de Meta Sheryl Sandberg y Sir Nick Clegg, lo que ha ayudado a la empresa a firmar contratos multimillonarios con Microsoft y Anthropic.
"Nunca había visto una startup despegar de esa manera", le dijo Huang a Payne el año pasado, al celebrar la inversión de 500 millones de libras esterlinas en su empresa regalándole una botella firmada de whisky Johnnie Walker Blue Label. "Existe el cohete espacial, pero creo que tú estás en una nave interestelar".
Nacido en Newcastle —capital mundial del transporte marítimo de carbón y ciudad aficionada a la liga de rugby, situada al norte de Sídney—, Payne dejó los estudios a los 17 años y pasó varios años trabajando en la construcción.
Allí, según cuenta, dedicaba su tiempo libre a leer libros sobre emprendimiento; en 2017, poco después de cumplir 20 años, fundó una empresa de contratación de personal para la construcción, antes de centrar sus esfuerzos en las energías renovables en 2018 como director general de PT Capital, una firma de asesoría corporativa de Sídney.
Apenas un año después, su deseo de apuntarse a la última tendencia lo llevó a fundar Arkon Energy (dedicada a la minería de bitcóin) y Battery Future Acquisition Corp, una SPAC que intentó, sin éxito, cerrar acuerdos relacionados con minerales.
Al final alcanzó el éxito con Nscale, una de las muchas empresas de computación en la nube que han surgido en la era de la IA con un crecimiento acelerado pero fuertemente endeudadas. Tras mudarse a Londres, Payne comenzó a desarrollar la empresa desde el interior de Arkon, que registró pérdidas por 102 millones de dólares en su último año de actividad. Nscale se escindió en mayo de 2024 y posteriormente absorbió a su matriz, reconvirtiendo su capacidad de la minería de criptomonedas a la IA.
Una persona que conoce al australiano cree que su carácter reservado fue la clave para su buena acogida en Europa: "En Estados Unidos hay que ser audaz y y hacerse notar; en Europa eso no funciona tan bien".
El bajo perfil de Payne se extiende a su vida personal. Apenas tiene presencia pública en internet, salvo por algunas publicaciones relacionadas con Nscale. Sus colaboradores más cercanos aseguran desconocer cuáles son sus intereses personales.
Quienes trabajan con él destacan, en cambio, su ambición. Sandberg, que se incorporó al consejo de administración de Nscale en marzo, ha comentado que el liderazgo visionario y el afán de ejecución de Payne le recuerdan a Mark Zuckerberg.
Nscale cuenta con cinco centros de datos operativos y contratos para otros 12. Sin embargo, las aspiraciones de Payne van mucho más allá. En junio, declaró a la revista Time que quería crear un hiperescalador valorado en un billón de dólares.
Clegg —a quien presentaron a Payne a través del exdirectivo de IBM Sam Palmisano y que aceptó unirse al consejo de Nscale durante un café cerca de su domicilio en Londres— elogia su capacidad para detectar la oportunidad que representa la infraestructura de IA soberana para los gobiernos que no quieren quedarse atrás.
El gran salto de Nscale llegó gracias a un acuerdo de 6200 millones de dólares con Microsoft, cerrado a finales de 2025, para desplegar miles de chips de Nvidia en una instalación que la empresa gestiona en Noruega. El acuerdo situó a la incipiente empresa de Payne en el foco público, incluso antes de que hubiera terminado de construir sus primeras instalaciones de desarrollo propio.
El ritmo de expansión ha sometido a la compañía a tensiones. De cara a su salida a Bolsa en Nueva York, ha señalado la existencia de "debilidades materiales" en los controles internos de información financiera —debidas a la falta de sistemas adecuados y a una dotación de personal insuficiente—, las cuales, según advierte la empresa, "podría no subsanar por completo durante 2026 y 2027".
Payne pertenece a una nueva generación de fundadores australianos surgidos gracias a las inversiones en IA respaldadas por Nvidia; un grupo que también incluye a Oliver Curtis y Tim Rosenfield, de Firmus, empresa que se prepara para lanzar la que podría ser la mayor OPV de Australia.
Sin embargo, es Reino Unido el que ha reivindicado a Payne como uno de los suyos. El pasado septiembre, el gobierno de Sir Keir Starmer elogió a Nscale como parte de los planes para desarrollar una "Zona de Crecimiento de IA" centrada en el proyecto de un centro de datos bautizado como Stargate UK. Este año, sin embargo, el proyecto se ha suspendido indefinidamente.
Esta situación ha desplazado el centro de gravedad de Nscale —y la atención de Payne— hacia EEUU y ha puesto de manifiesto la fragilidad de su negocio. Nscale ha advertido que Anthropic y Microsoft serán clientes clave en el futuro previsible. La letra pequeña del acuerdo con la primera —que otorga a Anthropic amplias facultades para rescindir el contrato si Nscale no cumple con la capacidad de cómputo prometida— sirve para recordar que, a pesar del éxito de Payne, el verdadero poder dentro del ecosistema de la IA reside en otra parte.
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