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La apuesta de Marco Rubio en Venezuela

La apuesta de Marco Rubio en Venezuela
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La oportunidad del secretario de Estado de EEUU para transformar Latinoamérica ha llegado, si logra mantener a su jefe de su lado. Leer
Financial TimesLa apuesta de Marco Rubio en Venezuela
  • ABIGAIL HAUSLOHNER, JAMES POLITI Y AMY MACKINNON
8 ENE. 2026 - 15:35El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth en una rueda de prensa sobre Venezuela.JIM LO SCALZOEFE

La oportunidad del secretario de Estado de EEUU para transformar Latinoamérica ha llegado, si logra mantener a su jefe de su lado.

En un podcast presentado por Donald Trump Jr. el año pasado, Marco Rubio ridiculizó a la Administración Biden por hacer concesiones "estúpidas" al brutal régimen venezolano.

El presidente demócrata había decidido relajar las sanciones y las condiciones sobre las exportaciones de petróleo al dictador Nicolás Maduro, incluyendo un "acuerdo paralelo" con Chevron para que siguiera produciendo en Venezuela, a cambio de un compromiso de reformas que nunca se materializó.

El equipo de Biden "debería haber cortado sus fuentes de ingresos, pero no lo hicieron", dijo el secretario de Estado.

Seis meses después, Rubio es la cara pública de la acción más agresiva que cualquier líder estadounidense de este siglo haya tomado contra Venezuela, que culminó el sábado pasado en una audaz incursión militar nocturna para derrocar a Maduro. Con Rubio como asesor, Trump abandonó las tácticas de negociación iniciales impulsadas por un enviado, Richard Grenell, y dejó de lado, al menos por ahora, los recelos de la administración hacia el intervencionismo militar y la construcción nacional.

Pero aunque con la destitución de Maduro Rubio se ha marcado un tanto —el hijo de inmigrantes cubanos que ha dedicado su carrera a advertir sobre los regímenes comunistas de América Latina, tendrá un nivel de responsabilidad pública por cómo se desarrollen los acontecimientos a partir de ahora.

No está claro cuánto control podrá ejercer Rubio, que tiene sus propias ambiciones presidenciales.

"Creo que hay una posibilidad de que lo logre, pero hay una mayor probabilidad de que esto salga mal y le explote en la cara a Rubio", opina Juan González, exfuncionario de las administraciones de Biden y Obama que trabajó en América Latina. .

En las primeras horas tras la fulminante captura de Maduro, parecía que la secretaria de Estado de Trump tenía el control. El presidente estadounidense proclamó que Rubio, junto con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, "gobernaría" el país sudamericano, dándole la oportunidad de transformar la región como había soñado durante décadas.

"Vamos a gobernarlo todo. Vamos a arreglarlo", declaró Trump tras la operación.

Pero la administración no tardó en retractarse de esas afirmaciones. Rubio, ex defensor de la democracia y los derechos humanos en Latinoamérica en el Senado, se ha visto obligado a justificarse.

Trump no tardó en descartar a la líder opositora venezolana María Corina Machado, a quien Rubio había calificado como una de "las personas más valientes del mundo", como una candidata viable para gobernar Caracas. En cambio, decidió dejar al mando a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez. Rubio ha intentado controlar las expectativas. En entrevistas con los medios un día después de la captura de Maduro, puntualizó que Washington dirigiría la "política" en Venezuela, y no el país en sí.

Los principales objetivos del Ejecutivo en Venezuela son principalmente controlar sus recursos naturales, incluido el petróleo; terminar con los vínculos oficiales con el narcotráfico; asegurar la cooperación de Venezuela para recibir deportados; y poner fin a las alianzas de Caracas con adversarios de Estados Unidos como Rusia, China e Irán.

"Hay un proceso en marcha, donde tenemos un enorme control e influencia sobre lo que hacen y pueden hacer las autoridades provisionales. Pero evidentemente se trata de un proceso de transición. Al final, será el pueblo venezolano el encargado de transformar su país", declaró Rubio. Trump aseguró el miércoles que su administración había llegado a acuerdos con el régimen. Venezuela ahora "comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos", anunció en redes sociales, y venderá a Estados Unidos miles de millones de barriles de su petróleo, por lo que la Casa Blanca anunció que relajaría las sanciones.

De momento, Washington ha relegado los objetivos democráticos, incluyendo la celebración de nuevas elecciones, a un segundo plano. Aunque Rubio se esfuerza por complacer a Trump, también es consciente de que algunos de sus electores, incluyendo cubanoamericanos y venezolanos, tienen las expectativas depositadas en un hombre que hace poco denunció que no se podía confiar en el régimen venezolano.

"No creo que Marco Rubio quiera regresar a Miami dentro de tres años diciendo que hizo todo lo posible. Tengo muy claro que Marco Rubio quiere ser el agente de cambio en América", asegura Carlos Curbelo, también cubanoamericano y excongresista republicano de Miami.

Rubio no siempre fue tan leal. Presentó su candidatura como alternativa a Trump en las primarias republicanas de 2016, y lo calificó de "estafador". Pero como secretario del gabinete, Rubio ha intentado congraciarse.

"A todos les encanta trabajar con él", dijo el miércoles la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.

Sin embargo, si Rubio se postula de nuevo para la Casa Blanca, Venezuela podría ser un factor decisivo. La apuesta de la administración por Venezuela habría fracasado si, al final de la presidencia de Trump, "los mismos altos mandos militares que han aceptado y utilizado como arma la corrupción y el narcotráfico" aún estuvieran al mando, afirmó Andrés Martínez-Fernández, de la Fundación Heritage.

Fernández tiene en alta estima a Rubio y a la administración Trump. Pero el de Maduro "es un régimen que ha aprendido a esperar a que pasen los desafíos", afirmó.

Los republicanos en el Capitolio afirman que su excolega es la persona indicada para el puesto.

"El presidente sabe que tiene a la persona indicada en el lugar indicado, y Marco conoce esta región mejor que nadie", declaró James Risch, presidente republicano del comité de relaciones exteriores, en el que colaboró estrechamente con Rubio durante años.

El secretario de Estado no es el único alto cargo de Trump que trabaja en Venezuela. El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, se ha centrado en el país por ser origen de fuentes de migración no deseada a Estados Unidos. El vicepresidente J.D. Vance, una voz más escéptica sobre el intervencionismo estadounidense, también se ha implicado.

Fue Rubio el que dirigió una reunión de altos funcionarios en la Casa Blanca a mediados de diciembre para "establecer, secuenciar y planificar la operación, incluyendo la decisión de implementar una cuarentena económica que empleó buques estadounidenses para interceptar los envíos de petróleo venezolano sancionados", según una persona familiarizada con la operación.

A finales de diciembre, Vance mantuvo conversaciones extraoficiales con Catar para ver si Maduro aceptaría alguna de las "vías de escape" que Estados Unidos le ofrecía, según la fuente. Cuando eso fracasó, Trump, Vance y Rubio llegaron a la conclusión de que Maduro no era el "interlocutor creíble" que necesitaban en Venezuela.

"La contribución más importante de Rubio fue lograr convencer a Trump de que Maduro nunca iba a negociar de buena fe", declaró Carrie Filipetti, exsubsecretaria adjunta para Cuba y Venezuela durante el primer mandato de Trump.

En los últimos días, Rubio, que habla español con fluidez, ha sido el principal vínculo entre Trump y Rodríguez. La nueva líder venezolana parece haber optado por un camino de cooperación en lugar de resistencia hacia Washington, incluyendo la apertura a un acuerdo sobre las exportaciones de petróleo.

Los expertos regionales y los demócratas se muestran cautelosos.

Rodríguez era "muy poco fiable, corrupta y odia a Estados Unidos", declaró el miércoles Chuck Schumer, el principal demócrata en el Senado, tras su segunda sesión informativa con Rubio en pocos días. "¿En eso vamos a confiar? ¿Qué clase de plan es este?". Si cambian de tono, el secretario de Estado podría tener problemas, opina Benjamin Gedan, investigador de la Iniciativa de Estudios Latinoamericanos de Johns Hopkins.

"Existe la posibilidad de que Delcy Rodríguez empiece a ir por libre y avergüence a Trump y que este se dirija a Rubio y le diga: 'Espera, pensé que la tenías controlada'", concluye.

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Fuente original: Leer en Expansión
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