Lunes, 21 de septiembre de 2026 Lun 21/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

La guerra civil entre cárteles que está desgarrando un estado mexicano

La guerra civil entre cárteles que está desgarrando un estado mexicano
Artículo Completo 1,756 palabras
El conflicto en el seno del cártel de Sinaloa estalló en 2024, cuando el hijo de Joaquín "El Chapo" Guzmán secuestró al cofundador de la organización —socio de su padre— y lo entregó a las autoridades estadounidenses. Leer
Financial TimesLa guerra civil entre cárteles que está desgarrando un estado mexicano
  • CHRISTINE MURRAY
Actualizado 21 SEP. 2026 - 11:36Integrantes de la Guardia Nacional resguardando las instalaciones de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO), tras la detención del narcotraficante y líder del Cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán López, hijo del exlíder de dicha organización, Joaquín «El Chapo» Guzmán.Europa PressEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El conflicto en el seno del cártel de Sinaloa estalló en 2024, cuando el hijo de Joaquín "El Chapo" Guzmán secuestró al cofundador de la organización —socio de su padre— y lo entregó a las autoridades estadounidenses.

Ricardo Mizael salió de su casa en el estado mexicano de Sinaloa a principios de este año para comprar comida para sus gatos recién adoptados. El joven de 15 años, que soñaba con ser veterinario, caminaba por la carretera cuando dos hombres armados se le acercaron en una motocicleta.

Le dispararon varias veces y huyeron, dejando su cuerpo sin vida en el asfalto. Según la fiscalía, todo apunta a un error de identidad.

Su asesinato desató la indignación en Sinaloa, donde una guerra civil entre facciones del cártel —que dura ya dos años— ha causado una destrucción a una escala pocas veces vista, incluso después de las décadas de violencia consecuencia del narcotráfico en México.

La guerra estalló en 2024 cuando el hijo del encarcelado líder del cártel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán, secuestró al cofundador de la organización —socio de su padre— y lo entregó a las autoridades estadounidenses, desencadenando un sangriento conflicto entre los descendientes de ambos hombres. Se calcula que 3.800 personas han muerto y 4.400 han sido secuestradas.

"Lo de mi hijo fue el 11 de febrero, pero ¿cuántos más habrá?. Mi teléfono no para de recibir mensajes de madres que dicen haber perdido a sus hijos", declaró a principios de año Berenice López, madre de Mizael.

El estado, bastión del poderoso cártel de Sinaloa, no es ajeno a la violencia extrema; sin embargo, los residentes y los expertos afirman que esta es la peor situación en sus cien años de historia vinculada al narcotráfico.

Los habitantes de la capital, Culiacán, se autoimponen un toque de queda y se apresuran a terminar sus trabajos antes de que caiga la noche. Muchos negocios han cerrado o han colgado carteles de "se vende" en sus escaparates. Es habitual ver convoyes de soldados pasando cada pocos minutos.

"Han cruzado la línea porque han atacado a personas inocentes", declaró Julio César Vega, paramédico, durante una entrevista en una cafetería de Culiacán. Con frecuencia acude a atender heridas de bala, incluidas las de un bebé de un año que falleció este mes. "Te acuestas dándole demasiadas vueltas a todo, sobre todo si tienes hijos... no sabemos si nos podría pasar algo de camino al cine".

Durante la mayor parte de la existencia del cártel de Sinaloa, sus cofundadores, El Chapo e Ismael "El Mayo" Zambada, se repartieron el territorio y los negocios de forma pacífica. El acuerdo empezó a resquebrajarse tras la extradición de El Chapo a Estados Unidos en 2017 y finalmente estalló en 2024, cuando su hijo secuestró a El Mayo, lo trasladó en avión a Estados Unidos y lo entregó a las autoridades.

Estallaron los combates entre sus dos facciones principales —la "Mayiza" (la gente de "El Mayo") y los "Chapitos" (los hijos de "El Chapo")—, que representan, en teoría, escuelas distintas de la narcocultura: una vieja guardia desalmada pero de bajo perfil, frente a una juventud ostentosa y abiertamente violenta.

Al líder de la Mayiza —Ismael Zambada Sicairos, hijo de El Mayo— se le conoce como el "invisible"; pasó tan desapercibido que no existía ninguna fotografía suya ampliamente difundida hasta que la DEA publicó una en 2022, cuando él rondaba los 40 años. Los narcocorridos lo retratan como un líder reservado que usa sombrero, que bebe cervezas con sus hombres y trabaja "sin aspavientos".

Su rival, Iván Archivaldo Guzmán —hijo de El Chapo—, solía frecuentar discotecas de Culiacán y llegó a ser secuestrado en un restaurante exclusivo. Las canciones celebran sus fiestas, sus Ferraris y sus viajes en jets privados, mientras que los fiscales estadounidenses lo acusan de ordenar torturas y de matar gente personalmente.

Sin embargo, a pesar de los estilos contrapuestos de ambos grupos, los analistas apenas perciben diferencias en la brutalidad con la que libran la guerra. Civiles han sido sacados a la fuerza de sus hogares. Personas han sido masacradas en centros de rehabilitación. Se han hallado cuerpos decapitados colgando de puentes.

Los analistas señalan que Zambada ha ganado terreno durante el conflicto, que comenzó en la capital pero se ha extendido por todo Sinaloa y es especialmente intenso en el sur y en la ciudad turística de Mazatlán. Las tácticas han pasado de los tiroteos callejeros a los asesinatos selectivos, aunque los civiles a menudo siguen quedando atrapados en el fuego cruzado. "Los Mayo han logrado el control territorial en varias zonas clave del estado, pero los Chapitos siguen resistiendo", afirmó Mora.

Las actividades del cártel han continuado a pesar de la violencia, alimentadas por los ingresos del narcotráfico y la extorsión, pero la guerra ha resultado devastadora en lo personal para los implicados. Altos mandos de ambas facciones han muerto o han sido detenidos, y unos 17 familiares de El Chapo huyeron a Estados Unidos.

Iniciar la guerra no era algo «lógico» para ninguna de las partes. "Fue como meter un tigre en el salón de casa", señaló Ismael Bojórquez, director del diario local Ríodoce.

El conflicto estalló apenas unas semanas antes de que la presidenta Claudia Sheinbaum asumiera el cargo en octubre de 2024. Ella desplegó rápidamente uno de los mayores operativos de seguridad en un solo estado de México —con unos 20.000 soldados y policías— desde que se declaró la guerra contra el narcotráfico hace dos décadas.

El Gobierno afirma que los homicidios han disminuido notablemente a medida que las tropas incautan armas, desmantelan laboratorios de drogas y obligan a esconderse a las intimidantes camionetas del narcotráfico. Un gran número de pistoleros ha muerto y más de 2.500 personas han sido detenidas.

Sin embargo, la administración de Sheinbaum no canta victoria.

"No podemos decir que el Cártel de Sinaloa esté debilitado", reconoció este mes el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. "¿Se ha visto afectado? Sí. ¿Ha habido muchas detenciones? Sí. Pero tienen un poder económico y una capacidad de ejercer violencia considerables".

Poner fin a la guerra será tremendamente difícil, señalan los expertos, ya que miles de narcotraficantes adoptan tácticas de guerrilla, operando en células y clanes fragmentados. Estas facciones controlan vastas zonas de Sinaloa, valiéndose de informantes, funcionarios corruptos y retenes armados distribuidos por todo el estado.

Además, han adquirido un poder considerable en el aire, utilizando drones para lanzar bombas contra las fuerzas estatales.

La guerra ha sido devastadora para este estado del noroeste, afirmó Bojórquez, editor de noticias local. "En términos económicos, de seguridad, sociales e incluso políticos, Sinaloa es un desastre".

El año pasado, Sinaloa registró la tasa más alta de desapariciones y la tercera tasa de homicidios más elevada de México. En dos años ha perdido más de 20.000 empleos formales —a pesar del crecimiento del empleo a nivel nacional— y más de 6.000 personas fueron desplazadas forzosamente el año pasado.

De media, se ha reportado la desaparición de casi seis sinaloenses por cada día que dura el conflicto.

"Los hacen desaparecer y a nosotros nos dejan como muertos en vida. No tienes vida. Ni siquiera puedes disfrutar de la comida porque no sabes qué le pasó a él", dijo María de Jesús Rodríguez, de 64 años, cuyo hijo fue secuestrado en 2024 y sigue sin aparecer.

Rodríguez, al igual que muchas otras personas, atribuye el auge del cártel a la corrupción estatal.

El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fue acusado por EEUU de tráfico de drogas en abril, la primera vez que Estados Unidos persiguió a un político de alto rango. Rocha Moya, que se ha hecho a un lado, dice ser inocente.

Los sinaloenses han reflexionado sobre su propia responsabilidad tras los años de bonanza previos a la guerra, periodo conocido como la "pax narca", en el que las autoridades evitaban interponerse en el camino del narcotráfico a cambio de una relativa tranquilidad. En su mayoría, la población civil toleró este pacto y la economía floreció dentro de una "burbuja del narco" que financiaba ostentosos restaurantes, vehículos y fiestas.

Nadie ve un final a la vista, ni siquiera el camino para alcanzarlo.

"El Cártel de Sinaloa puede modificar su fisonomía, su estructura, pero seguirá ahí. Se podrá cambiar a los cabecillas y demás, pero las organizaciones criminales ligadas al narcotráfico seguirán existiendo", afirmó Bojórquez, el director del diario. "Ha estado aquí 100 años y podría estar aquí otros 100", concluyó.

© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.

Por qué el mercado bursátil más activo del mundo es un lastre nacionalLlega la nueva era de la guerra controlada con IA¿Podemos fiarnos de la nueva IA médica? Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir