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'Las horas secretas', de Mick Herron, un festín de espías

'Las horas secretas', de Mick Herron, un festín de espías
Artículo Completo 648 palabras
Ocurre pocas veces, pero qué maravilla cuando ocurre: uno coge una novela con reservas, sin demasiadas expectativas, pensando con cierto sopor en las casi quinientas páginas que tiene por delante y, de repente, esa magia que en ocasiones tiene la literatura le lleva a no querer despegarse de la historia, a obsesionarse con la resolución del misterio, a sentir que ese universo hasta entonces desconocido se siente más vívido que la propia realidad e incluso a ralentizar el ritmo de lectura en la parte final, temeroso de abandonar para siempre unos espacios, unos personajes y unos acontecimientos cuya pérdida termina por dejar, después de leer la última línea, una intensa sensación de orfandad .Algo así provoca la lectura de Las horas secretas, la nueva novela de Mick Herron, flamante premio Carvalho en la última edición de BCNegra . Y eso que los prejuicios no ayudaban, porque la obra responde con exactitud a los más reconocibles rasgos del género de espionaje, ese al que cierta crítica elitista suele referirse despectivamente como el de las «novelitas de espías». Las horas secretas Autor Mick Herron Traducción Antonio Padilla Esteba Editorial Salamandra Páginas 477 Precio 21,81 4Pese a la dignificación de autores como Le Carré o Greene, las muestras de esta variante narrativa suelen identificarse con argumentos a menudo inverosímiles, confusos y estereotipados llenos de vueltas de tuerca y engaños al lector en un contexto de agentes dobles, cambios de identidad, insospechados avances técnicos y tramas vinculadas a la geopolítica internacional repletas de complots y misiones secretas.Noticia Relacionada estandar Si El universo de Le Carré vuelve a latir de la mano de su hijo: «George Smiley siempre será mi padre» Ivannia Salazar Nick Harkaway publica en España 'La decisión de Karla', que sitúa de nuevo al espía en el centro del tablero de la Guerra FríaTodos esos elementos aparecen en la estupenda novela de Herron, que trasciende el tópico para erigirse en un festín literario tan entretenido como interesante. Sin alejarse del imaginario habitual de las novelas de espías, el autor construye una trama que, ambientada en el Londres del siglo XXI –y con evidentes guiños a su situación política actual–, ancla sus raíces en una operación que llevaron a cabo agentes secretos británicos en Berlín poco después de la caída del Muro . Pasado y presente se unen gracias a la excusa de una auditoría gubernamental que pretende destapar posibles casos de mala praxis en los departamentos de espionaje, y que permite que se vayan poniendo de manifiesto los cambios en la diplomacia internacional y en la forma de gestionar los servicios secretos , así como la evolución de los personajes que participaron. No en vano, uno de los grandes méritos de la novela reside en la construcción de sus protagonistas, perfectamente descritos a través de un narrador omnisciente que muestra sus aristas –desde las debilidades y mezquindades hasta el sentido de la lealtad– para hacer comprensibles sus actos, por extraños que puedan resultar. Esa dimensión humana, que provoca que la novela se aleje de la idealización de los agentes secretos para desplegar un catálogo de antihéroes , se complementa con otros valores que hacen de su lectura una experiencia adictiva y gratificante: la creación del complejo engranaje narrativo, caracterizada por una inteligente diseminación de informaciones que siempre terminan por encajar y por el mantenimiento de la intriga hasta el final, y la lúcida y desencantada reflexión sobre este mundo contemporáneo en el que las cosas nunca son lo que parecen.

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Ocurre pocas veces, pero qué maravilla cuando ocurre: uno coge una novela con reservas, sin demasiadas expectativas, pensando con cierto sopor en las casi quinientas páginas que tiene por delante y, de repente, esa magia que en ocasiones tiene la literatura le lleva ... a no querer despegarse de la historia, a obsesionarse con la resolución del misterio, a sentir que ese universo hasta entonces desconocido se siente más vívido que la propia realidad e incluso a ralentizar el ritmo de lectura en la parte final, temeroso de abandonar para siempre unos espacios, unos personajes y unos acontecimientos cuya pérdida termina por dejar, después de leer la última línea, una intensa sensación de orfandad.

Algo así provoca la lectura de Las horas secretas, la nueva novela de Mick Herron, flamante premio Carvalho en la última edición de BCNegra. Y eso que los prejuicios no ayudaban, porque la obra responde con exactitud a los más reconocibles rasgos del género de espionaje, ese al que cierta crítica elitista suele referirse despectivamente como el de las «novelitas de espías».

Pese a la dignificación de autores como Le Carré o Greene, las muestras de esta variante narrativa suelen identificarse con argumentos a menudo inverosímiles, confusos y estereotipados llenos de vueltas de tuerca y engaños al lector en un contexto de agentes dobles, cambios de identidad, insospechados avances técnicos y tramas vinculadas a la geopolítica internacional repletas de complots y misiones secretas.

Nick Harkaway publica en España 'La decisión de Karla', que sitúa de nuevo al espía en el centro del tablero de la Guerra Fría

Todos esos elementos aparecen en la estupenda novela de Herron, que trasciende el tópico para erigirse en un festín literario tan entretenido como interesante. Sin alejarse del imaginario habitual de las novelas de espías, el autor construye una trama que, ambientada en el Londres del siglo XXI –y con evidentes guiños a su situación política actual–, ancla sus raíces en una operación que llevaron a cabo agentes secretos británicos en Berlín poco después de la caída del Muro.

Pasado y presente se unen gracias a la excusa de una auditoría gubernamental que pretende destapar posibles casos de mala praxis en los departamentos de espionaje, y que permite que se vayan poniendo de manifiesto los cambios en la diplomacia internacional y en la forma de gestionar los servicios secretos, así como la evolución de los personajes que participaron.

No en vano, uno de los grandes méritos de la novela reside en la construcción de sus protagonistas, perfectamente descritos a través de un narrador omnisciente que muestra sus aristas –desde las debilidades y mezquindades hasta el sentido de la lealtad– para hacer comprensibles sus actos, por extraños que puedan resultar. Esa dimensión humana, que provoca que la novela se aleje de la idealización de los agentes secretos para desplegar un catálogo de antihéroes, se complementa con otros valores que hacen de su lectura una experiencia adictiva y gratificante: la creación del complejo engranaje narrativo, caracterizada por una inteligente diseminación de informaciones que siempre terminan por encajar y por el mantenimiento de la intriga hasta el final, y la lúcida y desencantada reflexión sobre este mundo contemporáneo en el que las cosas nunca son lo que parecen.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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