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Los Estados miembros debaten hoy cuestiones estructurales llamadas a marcar el futuro de la economía europea, como los eurobonos, la simplificación o el 'Buy European'.
"La competitividad no es sólo la base de nuestra prosperidad, sino también de nuestra seguridad y, en última instancia, la de nuestras democracias". Con esa contundencia anticipaba ante el Parlamento Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, el debate sobre el que girará la gran cumbre que se celebra hoy en el castillo de Alden Biesen (Limburgo, Bélgica).
Los líderes de los 27 Estados miembros se conjuran para dar un impulso político a la competitividad de la economía europea después de ver como la brecha respecto a potencias como China y Estados Unidos se hace cada vez más grande. La sensación de urgencia ha crecido, además, conforme se consolida este nuevo escenario geopolítico adverso en el que la dependencia frente a terceros países se penaliza con amenazas y coacciones.
"Fortalecer nuestro mercado único es más que nunca un imperativo estratégico urgente", indica Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, que anima a los líderes a aprovechar la cumbre para dar "el mismo impulso político a la competitividad" que el que se le dio a la Defensa el pasado año.
Los líderes celebraron en 2025 una cumbre idéntica a la de hoy para reforzar la seguridad del continente. Tras su debate, los hitos llegaron pronto con la mayor de la inversión en Defensa jamás registrada en la región: 381.000 millones de euros, un incremento del 11% respecto al año anterior.
Además, se lanzó la hoja de ruta para el rearme en 2030 y un plan de compras conjuntas de material de defensa, entre otras muchas medidas que alimentan las expectativas sobre que lo mismo pueda ocurrir en el terreno de la competitividad.
Existe, sin embargo, cierto escepticismo en Bruselas, tanto por parte de los diplomáticos como de diferentes representantes de la industria, respecto a los frutos tangibles que puede dar esta nueva cita.
Pero los presidentes no van hoy al castillo de Alden Biesen a debatir sobre temas etéreos en busca de estrategias comunes. Las recetas para impulsar la competitividad son más que conocidas tras los informes elaborados por Mario Draghi y de Enrico Letta hace ya casi dos años. En su lugar, tratarán de alcanzar acuerdos en los que puedan avanzar de forma material.
"El objetivo es ser capaces de lograr un consenso que no sea solo sobre el diagnóstico. Se trata de empezar a fijar medidas concretas que Europa pueda sacar adelante a corto plazo y de fijar a nivel del mercado único aquellas medidas que tendrían un efecto directo en la eliminación de barreras, simplificando la vida de las empresas, de las compañías, de las personas", explican fuentes comunitarias sobre el objetivo de la cumbre.
El gran problema para llegar a esos ansiados acuerdos es que el concepto de los líderes europeos respecto a lo que representa la competitividad y los temas de mayor urgencia es muy diferente, lo que ha dado lugar a diferentes agendas.
Alemania e Italia encarnan el apoyo a la simplificación, es decir, a la idea de que el principal problema que sufren las empresas europeas es un exceso de normativas que debe desaparecer.
Este es, además, el aspecto más trabajado por la Comisión Europea de Von der Leyen, que ayer señaló que "es hora de hacer una limpieza regulatoria profunda a todos los niveles" y que el pasado año lanzó nada menos que diez paquetes ómnibus centrados en eliminar lo que se considera exceso de burocracia.
Al otro lado se encuentra Francia, que busca centrar el debate en medidas de corte más proteccionista como la llamada preferencia europea o Buy European, que quiere impulsar desarrollo de industrias y sectores estratégicos en Europa. En este ámbito, el país galo choca con Alemania y los países del Norte, que consideran que este tipo de barreras son contraproducentes y encarecen los procesos por más que China y EEUU ya las hayan implementado.
Además, aunque el enfoque principal de la cumbre es liberar inversión privada,Macron también ha puesto en la mesa el debate sobre la financiación pública a través de eurobonos. La Unión Europea ya ha colocado deuda conjunta en el pasado como medida de choque frente a la pandemia y, recientemente, ha aprobado hacerlo de nuevo para financiar a Ucrania. El objetivo es crear un mercado más líquido e impulsar el euro.
Por último, los Estados miembros tratarán de llegar a avances concretos en lo que se refiere a una mayor integración del mercado único, que deberá homogeneizar estándares para derribar las barreras. Según el último informe de la Comisión Europea, estas trabas al comercio interno restan 1,3 puntos del PIB europeo.
Ante el eterno bloqueo para solventar estas barreras, muchos Estados miembros, incluyendo a España, abogan por abandonar la unanimidad y pasar a una Europa a dos velocidades en la que los países vayan sumándose a las diferentes iniciativas cuando lo consideren oportuno sin frenar el avance del resto.
Según señalan desde Moncloa, además de esta nueva estrategia de cooperación, España defenderá mañana los eurobonos, la prioridad europea y una mayor integración del mercado único.
Sánchez, fuera de la reunión previa a la cumbre organizada por Merz y Meloni
Pedro Sánchez, presidente de España, no acudirá a la reunión previa a la cumbre de competitividad organizada por Italia y Alemania y que busca encontrar puntos de acuerdo para afrontar después la cita con una posición que, si no sea ya de consenso, sí refleje algo más de sintonía.
Moncloa no ha aclarado los motivos que han llevado a que el presidente del Gobierno, que sí estará presente en la cumbre informal del Consejo Europeo, haya decidido ausentarse de la cita previa convocada por dos de sus homólogos. Según señalan fuentes diplomáticas, esta reunión, que servirá de antesala del debate informal, congregará a alrededor de 15 líderes europeos, sobre todo bálticos y del norte de Europa.
La diferencia en la postura de España en materia de simplificación y agenda verde respecto a los organizadores de la reunión previa puede haber sido uno de los motivos de que Sánchez no acuda, si bien Francia también discrepa y todo apunta a que Macron sí estará presente en la cita.
Pese a que puede considerarse una estructura paralela que desafíe el liderazgo de Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, lo cierto es que las instituciones comunitarias no han recibido mal la noticia de que diferentes Estados miembros quieran realizar "un trabajo extra" en sus posiciones respecto al debate de la competitividad que se llevará a cabo en la cumbre. Según señalan, "esto demuestra la voluntad política y la sensación de urgencia que despierta este tema entre los líderes".
España sí participa, en cualquier caso, del nuevo órgano de trabajo económico creado de forma paralela al Eurogrupo y que une a al país a Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y Polonia con el objetivo de "identificar y acelerar proyectos clave de la agenda de la UE".
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