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'Marianela' o la fealdad como motivo de exclusión social

'Marianela' o la fealdad como motivo de exclusión social
Artículo Completo 664 palabras
Quizás porque pertenece a su primera época, cuando aún no había consolidado su posición en el escalafón literario del siglo XIX; quizás también por su sencillez, no exenta de contundencia, o por los valores que transmitió y sigue transmitiendo su lectura, durante cierto tiempo en el currículo escolar 'Marianela' se consideraba la puerta de entrada a la gran narrativa de Galdós . El escritor canario y madrileño la publicó cuando tenía 27 años , en 1870, y, a diferencia de otras, se imprimió directamente como libro, sin pasar por la edición por entregas en los periódicos. Y de inmediato tuvo una buena recepción crítica, que alababa la intensidad emocional del texto y, sobre todo, el hallazgo del personaje central de la novela: esa Marianela de extracción social humilde, y poco agraciada en lo físico, que se enamora y consigue que se enamore de ella Pablo, un joven ciego de buena posición… hasta que la ciencia logra que el invidente recupere la vista, para que la realidad se muestre entonces en t oda su fragilidad y su injusticia . La relectura de 'Marianela' nos lleva a reflexionar hoy, medio siglo después, sobre la visibilidad o la invisibilidad real de las mujeres, con respecto a los cánones de belleza impuestos por la comunidad. Hace cuarenta años, cuando se leía en los institutos, 'Marianela' les servía a los profesores para fomentar en sus alumnos valores espirituales como la bondad, la solidaridad o la entrega, frente al apego creciente por los valores materiales, fundamentalmente la apariencia física y el dinero . Noticia Relacionada SIN ENCAJE opinion Si Tinder explicado a doña Emilia María José Fuenteálamo En la semana más comercial del amor, la historia me ha abierto una ventana para hablar con Pardo Bazán sobre las aplicaciones de citas y las nuevas formas de ligarHoy, quizás, en pleno proceso de exaltación del modelo de mujer objeto, de manera especial en las redes sociales, quizás la lectura se nos orienta más hacia el imperio obsceno de la apariencia , incluso de la virtualidad, sobre la calidad interior de las personas. Contradiciendo a Platón , la belleza situada por encima del bien y la bondad. O, dándole la vuelta, la fealdad como motivo de exclusión social. Y la insuficiencia del amor para romper las tendencias. Entre ellas, también la diferencia de clase: la involución que vive un país como el nuestro donde, ante el decaimiento de las clases medias, los ricos son cada día más ricos y los pobres, con su «fealdad» económica, parecen condenados a ser cada día más pobres.Claves Imperio de la apariencia Injusticia social Fealdad excluyente Cuidados invisibles Clásico vigenteFinalmente, dos lecturas contemporáneas más. La primera es la que relaciona a la mujer, por encima del hombre, como cuidadora , como pieza esencial de esta sociedad que llamamos de los cuidados, que tanto reivindicamos y que tan poco valoramos a la hora de la verdad, ni en salarios ni en reconocimiento social. Y, finalmente, la pura consideración sobre lo que tenemos cuando deseamos lo que no vemos y lo que malogramos precisamente en el momento en que lo conocemos. ¿Qué va a perder Pablo después de tener la posibilidad de ver el rostro real de quien amaba por su belleza interior? En plena sociedad de la información, ¿qué perdemos o ganamos nosotros dejando de imaginar el mundo ante la avalancha de datos que nos lo muestran (aunque en verdad solo sea en apariencia) tal y como es? La ceguera, más allá de los brillos de la sociedad o los focos de la actualidad. La vigencia de los clásicos.

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Quizás porque pertenece a su primera época, cuando aún no había consolidado su posición en el escalafón literario del siglo XIX; quizás también por su sencillez, no exenta de contundencia, o por los valores que transmitió y sigue transmitiendo su lectura, durante cierto tiempo en ... el currículo escolar 'Marianela' se consideraba la puerta de entrada a la gran narrativa de Galdós. El escritor canario y madrileño la publicó cuando tenía 27 años, en 1870, y, a diferencia de otras, se imprimió directamente como libro, sin pasar por la edición por entregas en los periódicos.

Y de inmediato tuvo una buena recepción crítica, que alababa la intensidad emocional del texto y, sobre todo, el hallazgo del personaje central de la novela: esa Marianela de extracción social humilde, y poco agraciada en lo físico, que se enamora y consigue que se enamore de ella Pablo, un joven ciego de buena posición… hasta que la ciencia logra que el invidente recupere la vista, para que la realidad se muestre entonces en toda su fragilidad y su injusticia.

La relectura de 'Marianela' nos lleva a reflexionar hoy, medio siglo después, sobre la visibilidad o la invisibilidad real de las mujeres, con respecto a los cánones de belleza impuestos por la comunidad. Hace cuarenta años, cuando se leía en los institutos, 'Marianela' les servía a los profesores para fomentar en sus alumnos valores espirituales como la bondad, la solidaridad o la entrega, frente al apego creciente por los valores materiales, fundamentalmente la apariencia física y el dinero.

Hoy, quizás, en pleno proceso de exaltación del modelo de mujer objeto, de manera especial en las redes sociales, quizás la lectura se nos orienta más hacia el imperio obsceno de la apariencia, incluso de la virtualidad, sobre la calidad interior de las personas. Contradiciendo a Platón, la belleza situada por encima del bien y la bondad. O, dándole la vuelta, la fealdad como motivo de exclusión social. Y la insuficiencia del amor para romper las tendencias. Entre ellas, también la diferencia de clase: la involución que vive un país como el nuestro donde, ante el decaimiento de las clases medias, los ricos son cada día más ricos y los pobres, con su «fealdad» económica, parecen condenados a ser cada día más pobres.

Finalmente, dos lecturas contemporáneas más. La primera es la que relaciona a la mujer, por encima del hombre, como cuidadora, como pieza esencial de esta sociedad que llamamos de los cuidados, que tanto reivindicamos y que tan poco valoramos a la hora de la verdad, ni en salarios ni en reconocimiento social.

Y, finalmente, la pura consideración sobre lo que tenemos cuando deseamos lo que no vemos y lo que malogramos precisamente en el momento en que lo conocemos. ¿Qué va a perder Pablo después de tener la posibilidad de ver el rostro real de quien amaba por su belleza interior? En plena sociedad de la información, ¿qué perdemos o ganamos nosotros dejando de imaginar el mundo ante la avalancha de datos que nos lo muestran (aunque en verdad solo sea en apariencia) tal y como es? La ceguera, más allá de los brillos de la sociedad o los focos de la actualidad. La vigencia de los clásicos.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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