Las Fuerzas Armadas afrontan en 2026 uno de los cambios más relevantes de los últimos años en materia de preparación física. Con la aprobación de la Orden DEF/15/2026, el Ministerio de Defensa establece por primera vez un régimen unificado de pruebas físicas que acompañará al militar desde su ingreso hasta el final de su carrera profesional. La medida supone el fin de un sistema fragmentado, regulado hasta ahora por normas distintas según el momento profesional, el cuerpo o la escala.
Como explica la nueva orden en el texto publicado en el Boletín Oficial del Estado el pasado 19 de enero, «se han producido avances normativos y sociales que exigen integrar en una sola disposición los criterios de aptitud física». Así que esta nueva disposición intenta que «todos los miembros de las Fuerzas Armadas deberán superar las mismas pruebas físicas durante toda su trayectoria profesional, garantizando un estándar común de preparación». Además, dispone excepciones como estar en un destino en el extranjero, embarazo o baja de maternidad para que queden prorrogados los resultados de las pruebas anteriores. «Las marcas a superar en las pruebas físicas de ingreso en las diferentes escalas y centros de formación vendrán marcadas por las marcas de egreso», detallan.
Hasta la entrada en vigor de esta nueva orden, las pruebas físicas estaban divididas en dos grandes bloques normativos: por un lado, las pruebas de ingreso y formación, reguladas desde 2012; por otro, las pruebas físicas periódicas del personal en servicio activo, vigentes desde 2014. Este modelo, aunque funcional, generaba diferencias de criterio y exigencias a lo largo de la trayectoria militar.
El nuevo sistema se basa en la evaluación de capacidades físicas fundamentales: fuerza del tren superior, fuerza abdominal, resistencia aeróbica y agilidad-velocidad, a las que se añade una prueba específica de natación para las escalas de oficiales y suboficiales. Estas pruebas serán comunes para todo el personal militar, con baremos adaptados a la edad y al sexo, y con la posibilidad de reforzar la exigencia en determinados destinos con cometidos especiales.
Uno de los aspectos más importante del cambio es que las pruebas de ingreso se alinean ahora con el perfil de egreso, de modo que el nivel exigido al aspirante responde al estándar físico que se espera del militar al finalizar su formación. Además, las pruebas periódicas dejan de ser un mero trámite administrativo para integrarse plenamente en la evaluación profesional, influyendo en ascensos, acceso a cursos y asignación de destinos.
La orden también refuerza la dimensión preventiva y de salud. La actividad deportiva pasa a considerarse formalmente parte del servicio, con un mínimo de tres horas semanales dentro de la jornada laboral, y se contemplan medidas específicas de protección de la maternidad y de adaptación para personal con limitaciones reconocidas.
Desde Defensa se subraya que la unificación no persigue una mayor dureza, sino coherencia y equidad: mismas pruebas, mismos criterios y un mismo lenguaje físico para todos los militares. La aplicación plena del nuevo modelo se producirá a partir de 2027.