A Julián Ante iban a quitarle un cálculo renal en el mayor hospital público de Cuenca, el Virgen de la Luz, con una simple gastroscopia con sedación; "como las que se hacen todos los días en todos los hospitales de España", dice su hija Lourdes.
Cuando llega el momento, en el quirófano, con el hombre sedado, el cirujano se dispone a pincharle, para 'iluminar' lo más posible la zona, un contraste yodado: justo algo terminantemente prohibido para él, según sus informes médicos desde hacía años. Julián era alérgico al contraste yodado; "y lo ponía en todos sus informes médicos".
El anestesista se percata de lo que su compañero va a hacer. Se asusta y se dirige directamente al cirujano. Lo cuenta luego, en un informe al que ha tenido acceso EL MUNDO, con frialdad funcionarial: "Observo que el médico responsable se dispone a administrar contraste yodado y le recuerdo que el paciente es alérgico a los contrastes yodados. Me responde que el contraste yodado administrado en la vía biliar no produce reacciones alérgicas, e inyecta el mismo ignorando mi advertencia".
Julián ya no verá más mundo. Al rato, los médicos avisan a sus hijos, que esperan fuera, ya con la mosca detrás de la oreja porque una intervención que "iba a ser muy rápida" se ha extendido demasiado sin motivo -"había entrado a las nueve de la mañana y ya eran las once"-. Les avisan porque Julián -"dicen que no saben por qué"- no despierta.
Unas horas después, el hombre entra en coma a causa de un importante edema cerebral. Semanas más tarde muere.
Pero hay más. Los hijos de Julián, "hundidos", reclaman la negligencia a la Administración, que se niega a responsabilizarse de su muerte con varios informes de departamentos del hospital... Entre los que que no se encuentra uno de Alergología.
Así las cosas, contra todo pronóstico teniendo en cuenta el corporativismo médico, alguien levanta la voz a petición de la familia. Es el anestesista, que realiza un demoledor informe señalando directamente al cirujano, por haberle inyectado al hombre, de 85 años, el contraste yodado al que era alérgico.
"Sé que mi padre era mayor, pero estaba perfecto de salud", cuenta Lourdes Ante, hija de Julián, que vivía en Minglanilla (Cuenca). "Habíamos perdido años antes a mi madre, pero su principal ocupación era su huerto, que le tenía liado todo el día: no paraba. Pero por eso te da una rabia increíble lo que ha pasado. Que por un cólico así te quedes sin él... Es durísimo, durísimo... No hay derecho".
A Julián le encuentran el cálculo en la vía biliar el 3 de marzo de 2023. "Ese día casi se deciden a operarle, pero no tenían hueco y nos citan una semana después, el miércoles siguiente", explica Lourdes.
Sus otros dos hijos, Manuel y Carmen, que viven lejos, acuden "por si acaso", y todos ellos llegan con él al centro esa mañana. A las 11.00 horas: "Nos dicen que bajemos, que el médico quiere hablar con nosotros".
"Bajamos", sigue Lourdes, "y nos dicen que hay un problema, que no se despierta. Y nosotros: '¿Pero qué ha pasado?'". A continuación, el breve intercambio de palabras, tal y como lo refiere Lourdes:
- Es que le hemos puesto el contraste yodado.
- Pero si es alérgico.
"En ese momento no nos dieron ninguna explicación", continúa. "Nos dijeron que tenían que pasar las horas y que no sabían qué iba a suceder". Hacia las 16.00 horas de ese mismo día les cuentan que Julián estaba "muy grave". A las 19.00 horas le hacen un TAC "Y ya nos dicen que hay una posible reacción alérgica al contraste yodado, y que tiene una infección con edema en la cabeza".
A las 23.00 horas los tres hijos se empeñan en poder verle. "Lo tenían aún en reanimación, en esas condiciones", cuenta Lourdes, "no lo mandaban a la UCI creemos que porque ellos pensaban que se les iba a morir allí mismo". Es ella la única que entra a verle. "Sólo nos dejaban pasar a uno", explica.
"Estaba fatal... Nos dijeron que nos fuéramos a casa y volviéramos a la mañana siguiente... De Minglanilla a Cuenca es una hora en coche. Nos fuimos y volvimos por la mañana, y ese día le subieron a la UCI porque nos empeñamos".
Comenzó ahí una larga agonía de 42 días. "Nos decían todo el rato que estuviéramos preparados, que no sabían qué iba a pasar... A los 20 días, incluso, de pronto movía la mano y abría los ojos, que no se explicaban cómo conseguía hacerlo... Pero al final...".
Al final Julián fallece. "Una médica de la UCI nos dijo que lo que había pasado debía ser motivo de queja, que no lo dejáramos así. Todos decían, sin ningún género de dudas, que había sido por el contraste yodado".
Ante la negativa de la Administración a atender su reclamación, el letrado de la familia, Carlos Sardinero, que ahora acaba de presentar la denuncia penal, pide al anestesista un informe sobre lo sucedido en quirófano. Y la franqueza del profesional es absoluta. Primero describe cómo le dice al cirujano que no ponga el contraste yodado, dado que "el paciente es alérgico".
Después describe el primer efecto de la alergia: "Al cabo de unos pocos minutos [de la inyección] observo la aparición de un exantema torácico, con disminución de la saturación de oxígeno hasta 86% y ausculto roncus en tórax, por lo que administro de inmediato corticoides y antihistamínicos".
¿Cómo era Julián Ante? "Pues un hombre que había sido camionero, y después había trabajado en una empresa de toldos, y que estaba realmente bien de salud", dice Lourdes, "muy ágil, fuerte, muy coqueto... Una pena que se lo llevaran así", termina.