La confirmación del reboot de Harry Potter por parte de Warner Bros. Discovery reavivó el debate sobre la obsesión de Hollywood por los remakes y reboots. Desde clásicos como Ben-Hur hasta franquicias como Batman o Cumbres borrascosas, la industria audiovisual recurre a historias ya conocidas como estrategia financiera y cultural, combinando nostalgia, rentabilidad y actualización generacional para asegurar su éxito en taquilla y plataformas.
En abril de 2023, Warner Bros. Discovery confirmó los peores temores de los fans de Harry Potter: la saga literaria de J.K. Rowling tendría un reboot (reinicio) en forma de serie de televisión para HBO Max. La noticia sentó como un jarro de agua fría y la respuesta de los fanáticos en redes sociales fue absolutamente negativa, rechazando una historia ya contada con un reparto muy querido. En contraposición, pedían más contenido relacionado con este universo mágico en vez de explorar de nuevo las peripecias del joven mago. Sin embargo, ajena a la polémica, la productora estadounidense sigue firme en su propósito y se espera que esta nueva adaptación llegue a nuestras pantallas en 2027.
Pero, ¿por qué la industria del cine y la televisión insiste en contar una y otra vez las mismas historias? Para Kathleen Loock, profesora de Estudios Estadounidenses y Estudios de Medios en la Universidad Leibniz de Hannover (Alemania), el sector audiovisual recurre a los relatos ya contados como escudo financiero. En su análisis Cómo los remakes, secuelas y franquicias cinematográficas moldean la industria y la cultura para la Universidad de California la experta afirma que "los remakes (reedición) son un motor histórico en la producción de Hollywood. Las majors utilizan la repetición serial y la variación para dialogar constantemente entre pasado y presente, explorar los cambios culturales y moldear cómo la industria y el público se imaginan a sí mismos". Asimismo, la profesora alemana añade que los remakes crean "nuevo valor económico y cultural" a partir de propiedades ya existentes y funcionan como una forma de "autohistorización cinematográfica".
Este es el motivo por lo que casi todas las generaciones, desde el nacimiento del cine como industria, han contado con su propia versión de cintas como Ha nacido una estrella, largometraje reimaginado en hasta cuatro ocasiones (1937, 1954, 1976 y 2018). En esencia, cada versión cuenta milimétricamente la misma historia, pero en cada una de ellas la protagonista suele ser la estrella del momento (Janet Gaynor, Judy Garland, Barbra Streisand o Lady Gaga) y el setlist de las canciones que interpretan se adaptan al registro de la propia artista. En definitiva, una fórmula para mercantilizar el catálogo musical y carrera actoral de la protagonista de la cinta. En este sentido, el análisis de Loock recalca que "los remakes son, ante todo, operaciones comerciales".
Pese a que la creencia popular sea que las copias sean peores que el material original, la revisión ofrece en contadas ocasiones joyas de un nivel muy superior al propuesto inicialmente. Un claro ejemplo de ellos es Ben-Hur (1959), legendario péplum que conquistó 11 Oscars -hito que comparte junto a Titanic (1997) y El señor de los anillos: el retorno del rey (2003)- siendo la película más laureada por aquel entonces. Y sí, Ben-Hur es un remake de una película homónima y muda de 1925. Pero no es un caso aislado. La cosa (El enigma de otro mundo) de John Carpenter revisitó la propuesta de un buque insignia como Howard Hawks y, sorpresivamente, también fue muy superior al filme original.
En lo que respecta a reboots, personajes como King Kong, Drácula, el monstruo de Frankenstein, James Bond o Mad Max han sido reinterpretados hasta la saciedad, siendo siempre un valor seguro en taquilla y que sirve como imán para acercar a las nuevas generaciones a la gran pantalla. Por ejemplo, el reinicio de la franquicia de Batman bajo el mando de Christopher Nolan recaudó un total acumulado de 2.463 millones de dólares en la taquilla mundial y se convirtió en la versión más rentable del superhéroe en cines.
Más de veinte adaptaciones
En este universo de remakes y revisitaciones hay una película que ocupa un lugar privilegiado: la adaptación cinematográfica de la novela Cumbres borrascosas de la escritora inglesa Emily Brontë. Pese a que el dato no sea preciso -ya que existen muchas adaptaciones libres del propio texto- según fuentes especializadas como IMDB, Filmaffinity y diversos artículos académicos, hay registradas más de veinte adaptaciones del título de 1847. Quizá la más conocida sea la versión de 1939 de William Wyler, con Merle Oberon y Laurence Olivier en los papeles protagonistas. Además, existen adaptaciones libres como Abismos de pasión (1954) de Luis Buñuel, e incluso versiones japonesas e indias del clásico literario. Sin ir más lejos, se estrena mañana en España. La enésima versión de Cumbres borrascosas, dirigida en esta ocasión por Emerald Fennell.
Si aún no ha tenido la oportunidad de conocer este título, el próximo sábado, a la postre el día de los enamorados, VEO7 emitirá la versión de 1992 de Cumbres borrascosas. A las 16:15 horas, los espectadores podrán vivir esta historia de pasión turbulenta entre Heathcliff y Catherine Earnshaw en los páramos de Yorkshire, personajes interpretados por Ralph Fiennes y Juliette Binoche, el filme dirigido por Peter Kosminsky. En esencia y sin spoilers, tanto la novela como sus posteriores adaptaciones profundizan en el rencor, cómo el dolor de una familia se transfiere de generación en generación y la fuerza devastadora de un amor absoluto que desafía las normas morales y sociales de la era victoriana en Inglaterra.
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