Daniel Vázquez Patiño, uno de los pederastas más buscados de España, se enfrenta a 23 años de prisión tras su detención ayer en A Coruña. Estaba reclamado por delitos continuados de agresión sexual a menores, cometidos durante cuatro años de violencia sistemática contra la hija de su expareja y contra una amiga de la niña.
La detención se produjo ayer por la mañana en Meicende, una pequeña población del municipio coruñés de Arteixo, después de que los investigadores le situaran en la aldea tras varios meses de rastreo y cambios de domicilio para borrar su rastro. Fuentes cercanas al caso relatan a EL MUNDO que, en el momento en que los agentes entraron en el domicilio, Vázquez Patiño se ocultó en el tejado del bloque a través de un "falso techo" que comunicaba con las viviendas colindantes y con la cubierta del edificio, lo que en un primer momento llevó a pensar a los policías que no se encontraba dentro.
Sin embargo, los agentes percibieron ruidos en la parte superior y decidieron inspeccionar la zona, momento en el que localizaron al fugitivo oculto sobre el inmueble. Al ser descubierto, se mostró "extremadamente agresivo", portando un objeto punzante, y llegó a amenazar con precipitarse al vacío mientras trataba de apuñalar a uno de los integrantes de la unidad de élite del Grupo Operativo Especial de Seguridad que participaba en el dispositivo, aunque, por suerte, el agente resultó ileso.
El operativo policial había dado prioridad máxima a su localización desde que fue incluido en la campaña de los diez fugitivos más buscados, tras constatar que utilizaba a familiares para obtener cobertura y dificultar cualquier pista sobre su ubicación. Según indican las mismas fuentes, en ese momento vivía con varios parientes, entre ellos su actual novia, aunque estos no pueden ser detenidos por encubrimiento porque esa figura delictiva se aplica solo a un catálogo concreto de graves delitos —como homicidio, piratería, terrorismo o trata de seres humanos— y no a las agresiones sexuales.
Esa red de apoyo, unida a su empeño en eliminar todo rastro, permitió que permaneciera en paradero desconocido incluso después de ser condenado, evitando así su ingreso en prisión.
Cuatro años de abusos a la hija de su expareja
Los hechos por los que fue condenado se remontan a 2012, cuando el ahora detenido inició una relación sentimental con una mujer con hijos menores y comenzó a convivir con ellos. Desde entonces y hasta 2016, la hija de su expareja, menor de edad, sufrió reiteradas agresiones sexuales en el ámbito doméstico.
Según la reconstrucción de los hechos, Vázquez Patiño ejercía una "violencia brutal" cuando la víctima trataba de resistirse, llegando a propinarle numerosos golpes en la cabeza para intimidarla y doblegar su voluntad. Además, la sometía a un control absoluto: la amenazaba con matarla a ella y a toda su familia si contaba algo y le prohibía tener novio, insistiéndole en que "era suya". La situación se prolongó hasta que la madre de la menor decidió romper la relación en 2016.
Otra víctima: la amiga que se quedó a dormir
En 2014, el pederasta aprovechó la visita de una amiga de la hija de su expareja, que se quedó a dormir en el domicilio, para volver a agredir. Se metió de forma sorpresiva en la cama de la menor y, sin mediar palabra y haciendo uso de la fuerza, la agredió sexualmente. En una ocasión posterior, cuando la misma niña regresó a la vivienda para visitar a su amiga, el fugitivo volvió a atacarla aprovechando que se quedó a solas con ella.
Estos episodios reforzaron el cuadro de violencia sexual continuada y la peligrosidad que los investigadores atribuían a Vázquez Patiño, que actuaba bajo el amparo del entorno familiar y se servía de la confianza generada en la convivencia diaria para acceder a las menores.
De Pontevedra a A Coruña: el cerco final
Las primeras líneas de investigación situaron al fugitivo en la provincia de Pontevedra, donde se concentraron inicialmente los esfuerzos de vigilancia y seguimiento. Fuentes policiales explican que, aunque la actual novia de Vázquez Patiño declaró tras la detención que convivía con él en la vivienda de Meicende desde que se dio a la fuga, los agentes están convencidos de que se ocultó en distintos lugares, llegando incluso a refugiarse «en el monte» para evitar ser detectado.
En este caso, la colaboración ciudadana resultó clave, ya que los avisos de particulares con distintos datos ayudaron a confirmar su paradero.
Tras su arresto, Vázquez Patiño quedará a disposición judicial para hacer efectiva la condena de 23 años de prisión que llevaba años esquivando como uno de los pederastas más buscados del país. Ahora, la Policía sigue con el resto de la lista, de la que quedan cinco fugados, aunque los agentes adelantan que ya avanzan en varios de esos casos y esperan dar pronto con ellos.